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Columnistas
20/09/2026

Territorio y Provincia, un mismo río...

Territorio y Provincia, un mismo río... | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Interrogarse hoy por la neuquinidad plantea una duda que es legítima porque nos permite entrever los borrosos perfiles de nuestra especificidad espiritual, que no echa raíces sólo en la geografía, como se ha pretendido”.

Juan Chaneton *

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Transitar ciertos temas reviste la importancia que tiene el conocer la propia identidad. La pregunta de fondo, hoy, en que nos hallamos celebrando el año 122 de nuestra existencia, es qué cosa es la "neuquinidad", y la respuesta a esa pregunta deviene tan fácil o tan difícil como la que indaga por lo argentino, o por el "ser nacional", concepto de significación problemática cuando lo referimos al país y aun a nuestra periferia regional.

Europa o las milenarias civilizaciones orientales la tienen más fácil en el punto, pues siglos las preceden, y Hölderlin, por caso, pudo querer, con alguna razonabilidad, que el vacío espiritual dejado en occidente por Grecia y sus dioses fuera llenado por Alemania, y a nadie se le ocurrió que tal cometido podía estar a cargo de argentinos, hondureños o uruguayos. Y eso, en vez de vivirse como falta, quizás haya sido una felicidad: un "ser nacional" lábil es menos propenso a los mesianismos con destino de catástrofe. No deberíamos olvidar que esa Alemania cantada por el romanticismo literario quiso fundar "Germania" y el resultado no fue bueno.

A nuestra escala provincial, interrogarse hoy por la neuquinidad plantea una duda que es legítima porque nos permite entrever los borrosos perfiles de nuestra especificidad espiritual, que no echa raíces sólo en la geografía, como se ha pretendido.

En efecto, viene a cuento que en mi temprana adolescencia hube de acceder a un texto que, con carácter introductorio, había incorporado Don Ángel Edelman a su "Recuerdos Territorianos". En ese texto (cuyo autor no era Edelman sino un familiar mío), se aseguraba que la personalidad identitaria de Neuquén radicaba, poco más o menos, en la belleza de sus paisajes, en lugar cimero sus lagos, sus ríos, sus montañas. Y todavía me asalta, vívida, la desazón que me producía tal afirmación, pues una geografía proveedora de identidad no me resultaba idea convincente, ciertamente.

Con el tiempo pude advertir que, en efecto, lo relativo a la identidad local era menos lírico que jurídico-político. Supe, así, que en 1884 se había sancionado una ley (N° 1523) llamada de "Territorios Nacionales", y que creaba y organizaba tales territorios como parte del proceso de construcción de nuestro Estado-Nación.

Esa ley 1523 agregó nueve territorios a las 14 provincias fundacionales. Se trataba de los cinco de la Patagonia más La Pampa, Misiones, Chaco y Formosa. Y el de 1955 vino a ser después un año bisagra, pues es el año de una ruptura constitucional y -también y previamente- el de la provincialización de aquellos territorios. Así, Neuquén es provincia desde 1955 aunque como consecuencia del referido golpe de estado, sólo dos años después, en 1957, tuvo su Constitución.

Neuquén ya era provincia pero no moría allí el Territorio, sino que éste dejaba la "marca" de su espíritu precursor. El periodismo es la primera versión de la historia según célebre aforismo de procedencia incierta, y no hubo en el territorio neuquino actividad más "fundadora" que la periodística, excepción hecha -esto es indiscutible- de la docencia y de los docentes; y de la Educación y los educadores.

Aquel anticipatorio "La Estrella de Chos Malal" (que data de 1889) fue precursor no sólo en Neuquén sino en la Patagonia. Los de Vivaceta Cosio y Francis Albert son los nombres unidos a esa publicación señera fundada por el coronel Olascoaga. Por su parte, Don Juan Isidro Gómez, fundaría luego en Ñorquín "El Agrio" (1893), hoja combativa con la cual supo denunciar por presunta corrupción al gobernador Franklin Rawson, de quien era amigo personal pero rehusaba -dicen- ser su cómplice, razón por la cual fue encarcelado en el Torreón de Chos Malal, que entonces servía como cárcel. Para distinguidos, eso sí.

Una hija de Juan Isidro Gómez, nacida en Ranquilón, se casaría, años después, con Abel Chaneton.

Y la Voz del Territorio, en Zapala, tuvo como director fundador a Martín Etcheluz, dirigente radical de la época que murió asesinado por mano artera en 1942. El periodismo, así, pagaba bastante caro una especie de apostolado, que así concebían el ejercicio profesional aquellos precursores, que no por ello dejaban de ser hombres metidos hasta el cuello en el lodazal de la política de entonces, nada que envidiar a la de hoy.

Y del Neuquénde Abel Chaneton, que vio la luz en 1908, hay que decir que su prédica no fue sólo ni principalmente "Zainuco". Si bien se mira, la coparticipación federal de impuestos, ha de tener algún origen que sea la fuente del actual artículo 75° de la CN, que es el que consagra tal coparticipación. Y el caso es que ya en aquellos Territorios, una puja central tenía lugar en torno al reparto del dinero. El gobierno federal debía -si quería evitar que la Argentina fuese una utopía fallida- financiar de algún modo a los Territorios. El Neuquénde aquella época editorializó sobre el punto y se constituyó -ya devenido factor de poder local- en vocero de los reclamos locales frente a una centralidad porteña que tendía a ignorarlos.

Incluso antes de 1916, es decir, antes de la fuga de presos, el Neuquéneditorializaba planteándole al gobernador Elordi que, ya que viajaba tanto a Buenos Aires, vistara menos el "Tortoni" y más la Casa de Gobierno para reclamar fondos, pues rutas y caminos estaban intransitables y la cárcel de la capital territoriana no ofrecía ninguna seguridad.

El problema carecía de solución a la vista, pues consistía, en el fondo, en que tales Territorios no contaban con representación en el Congreso Nacional, causa por la cual bregaba el referido diario local. Y ocurre que, en la edición del 4/9/1913, Chaneton critica un proyecto de ley para instituir esa representación. Cuestiona dos puntos: que no haya obligación para los representantes de residir en los Territorios; y que el cargo sea ad honórem. Huelga todo comentario acerca de por qué tenía razón, en este punto, el director del Neuquén.

Así, la vigilia de aquellos Territorios fue agitada por problemas similares a los de hoy. Y sus sueños, se expresaron, de modo gratamente asombroso, a través del periodismo fundacional. Y si bien estaban los que veían en la Naturaleza un dato identitario, también los había que discutían proyectos de país y advertían que dormir sobre lo que da la tierra conduce, más temprano que tarde, a despertar en un país pastroril, atrasado y pobre, pues sólo la elaboración local agrega valor a la producción.

En la etiología de las crisis argentinas, tenemos derecho a sospechar, no está el "déficit fiscal" (¡vaya simplismo... !) sino el patrón poductivo. Nadie se hizo rico vendiendo lo que da la tierra y aunque saneáramos provisoriamente nuestras finanzas con lo que da la tierra, pronto volveríamos (volveremos) a ser deficitarios porque no estaremos vendiendo valor agregado.

En el origen "huinca" de Neuquén -decimos- está el Territorio, que no fue sólo pura geografía sino también y en primer lugar, totalidad espiritual en movimiento que se obstinó en persistir y que lo ha conseguido. Somos hijos de aquellos educadores y de aquellos periodistas. Sea, así, una agradecida memoria, nuestro único pero sincero regalo de cumpleaños en que soplamos ya la velita 122, nada menos.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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