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Columnistas
20/09/2026

El derrumbe

Trump, Muhammad bin Salman en la Puerta de las Lágrimas

Trump, Muhammad bin Salman en la Puerta de las Lágrimas | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“El estrangulamiento de las dos principales vías marítimas del Cercano Oriente, interrumpe casi un tercio del comercio internacional de contenedores, fertilizantes y energía”

Gustavo Crisafulli *

Entre el 11 y el 12 de septiembre de 2026, a siete semanas de las elecciones de medio término estadounidenses, en una ofensiva relámpago, Ansar Alláh (conocido en Occidente casi despectivamente como “los hutíes”) ocupó toda la costa sudoccidental de Yemen y el estrecho de Bab el Mandeb, junto a sus islas adyacentes.

Ansar Alláh, una alianza político-militar nacida en 2004, es el verdadero gobierno en el territorio donde vive el 85% de la población yemení. El resto está bajo el gobierno de otra coalición, con capital en Adén, armada y financiada por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos y reconocida como “gobierno legítimo” por los EE.UU. la Unión Europea y sus aliados, auto titulados “la comunidad internacional”.

En 2022, tras años de intercambios de brutales ataques, se llegó a un alto el fuego que mantuvo a Yemen bajo un fuerte bloqueo. En julio de este año, el “acuerdo” fue roto por los saudíes con el ataque al aeropuerto de la capital yemení al regreso de la comitiva de los funerales de Khamenei.

La respuesta de Ansar Allah no se hizo esperar, y la última ofensiva le dio el control total de la “Puerta de las Lágrimas”, que es lo que significa Bab el Mandeb en árabe.

Se calcula que por allí circula alrededor del 12% del comercio mundial, el 30% del transporte global de contenedores y tras el ataque estadounidense contra Irán, algo más del 10% del petróleo crudo.

Ansar Alláh, que ya impedía el paso de buques hacia Israel desde el inicio del genocidio en Gaza y de tanqueros saudíes desde la ruptura de la tregua con Riad, tiene ahora el control total de esta vía comercial, mientras continúa cerrado el estrecho de Ormuz, al otro lado de la Península Arábiga.

Además, ese mismo 12 de septiembre se produjeron ataques con drones, de aún no clara autoría, sobre ocho puntos del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita. El gobierno anunció su cierre por al menos un mes y la suspensión de todos los envíos de crudo y derivados a Europa y Asia.

El estrangulamiento de las dos principales vías marítimas del Cercano Oriente, interrumpe casi un tercio del comercio internacional de contenedores, fertilizantes y energía, que ninguna vía alternativa puede compensar en el corto plazo.

El impacto inmediato fue el aumento de los seguros marítimos y del costo del diésel y combustible de aviones (que ya registraban desde mayo una creciente escasez) justo ahora, en medio de las cosechas en el hemisferio norte.

El domingo 13 de septiembre el precio del galón de diésel en EE.UU. superó la marca histórica de los 6 dólares y a mediados de semana tocaba los 9 en California, mientras que los precios de referencia del crudo subían por encima de 100 dólares el barril.

El 17 de septiembre, en un intento por moderar el impacto inflacionario, la Reserva Federal estadounidense, en contra de la voluntad del gobierno, subió al 4% la tasa de interés de referencia, que orienta el resto de las tasas(de automóviles a bienes raíces, créditos estudiantiles y tarjetas de crédito).

Peores noticias no podría recibir Donald Trump, en una campaña electoral ya cuesta arriba para los Republicanos. Con un rechazo mayoritario a su guerra contra Irán, para la que no cuenta con ninguna estrategia viable, el impacto económico lo golpea con el mismo timing demoledor con que Ansar Alláh puso contra las cuerdas al Reino saudí.

El príncipe heredero Muhammad bin Salman cometió un error fatal al romper la tregua con Yemen y hoy el país no puede exportar ni una gota de crudo ni derivados, sus únicas fuentes de ingresos.

Su gira en busca de aliados dispuestos a ayudarlo militarmente se encontró con una negativa, de tajante a diplomática, por parte de Turquía, Pakistán y Egipto.

Donald Trump soló envió de visita al almirante Cooper, jefe del CENTCOM, para que unos cien asesores militares estadounidenses comanden una dudosa contraofensiva del desmoralizado ejército saudí.

Ha trascendido también que Israel comprometió su apoyo militar. De confirmarse que Bin Salman pidió ayuda al estado hebreo contra una nación musulmana, sus días al frente de la Casa de Saud, podrían estar contados.

Con un impacto aún más peligroso, la guerra en el Golfo Pérsico, extendida ahora al Mar Rojo, golpea un pilar de la economía estadounidense: el petrodólar.

Acordado con el gobierno de Nixon en 1974, Arabia Saudita se comprometió a vender su petróleo sólo en dólares estadounidenses e invertir sus ganancias en EE.UU. (en Wall Street y Bonos del Tesoro) a cambio de la protección militar de Washington.

La protección demostró sus severos límites desde el ataque contra Irán el 28 de febrero y los ingresos saudíes están en caída libre desde entonces.

Los problemas de los Bonos del Tesoro, el instrumento con el cual EE.UU. financia su astronómica deuda de 40 billones, comenzaron hace un tiempo, se evidenciaron aún más con la guerra y hoy parecen tomar una velocidad alarmante.

El 15 de septiembre la tasa que el Tesoro debe pagar a los tenedores alcanzó niveles desconocidos en décadas: 4.99 para los bonos a 10 años y 5.30 para los de 30.

Esto significa que el servicio de la deuda, que ya consumía el 18% del Presupuesto Federal, uno de cada cinco dólares que ingresan al fisco, aumentará por lo que resulta cada vez menos atractivo comprar Bonos de largo plazo de un país con severos problemas políticos y productivos.

El fin de la guerra parece lejano e incierto y sus efectos económicos y financieros llegados para quedarse mucho tiempo.

El futuro político de Donald Trump y Muhammad bin Salman parece cada vez más corto. Si ambos tuvieran la capacidad de pensar, lo que muchos analistas dudan, entenderían de quiénes son las lágrimas que menta el milenario estrecho entre África y Asia.



(*) Historiador, ex rector de la Universidad Nacional del Comahue.
29/07/2016

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