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Parece que la agresividad económica de los Estados Unidos de estos días, se muestra muy claramente en las amenazas del presidente Trump a Irán, con terribles sanciones económicas que aislarían completamente ese país para volverlo a la edad de piedra como hoy sucede con Cuba y Venezuela.
En este drama se encuentra la disyuntiva del gobierno yanqui, soportando una deuda pública propia (deuda del gobierno central) que supera ya el billón de dólares (un millón de millones de dólares) cifra gigantesca que equivale a mas o menos el 125% de su producto bruto. Pagar esa deuda significaría gastar de un solo saque todo lo que producen los EE.UU. en un año y tres meses.
Tenemos que agregar que, asimismo los intereses de esa deuda ya están por encima del billón de dólares por año, cifra superior a su presupuesto militar anual (que es de casi un billón) como gasto fundamental del gobierno yanqui. Tampoco es casual que en una situación semejante se encuentre Japón, la principal colonia norteamericana, cuya brutal deuda publica también llega hoy al 265% del gasto nacional.
Por supuesto que los EE.UU. jamás la van a pagar, en la medida que encuentren países vasallos (como nosotros) que colaboren apostando al dólar. Por eso crece su desesperación ante las resistencias de Irán y el avance lento, pero avance al fin, de los países agrupados en los Brics, que intercambian sus bienes al margen del dólar y quizá constituyan el peor drama futuro del imperio americano.
Esto nos deja muy en claro que los yanquis se encuentran hoy en gravísimos problemas y su desproporcionada beligerancia se ubica en el contexto de la durísima crisis mundial actual, con los principales países súper endeudados, lo cual explica también, que es lo que se están jugando en Oriente Medio y la gran pelea que se libra allí por el control de recursos como el petróleo, y sobre todo para entender porque hoy caen irremisiblemente en el latrocinio puro y duro.
Sin ninguna vergüenza y después de secuestrar su presidente, han llegado en estos días al extremo de quedarse con las toneladas de oro que Venezuela había enviado al banco de Inglaterra (tal como Argentina). Además de robarles el petróleo, les dejan a los venezolanos una ridícula propina de 300 millones de dólares contra los 13.500 millones que les robaron con el oro.
Estas desagradables y desiguales historias no terminan aquí, porque puertas adentro, yanquilandia esta llena de contradicciones y dolores propios que poco se conocen, pero muchos norteamericanos ya no pueden soportar. Sus familias están hartas de las políticas que las castigan durante años, quieren un cambio real porque, aunque viven en el país más rico de la historia, tienen que luchar a diario para llegar a fin de mes. No quieren morir prematuramente por el estrés constante de sobrevivir y las generaciones anteriores ya no aceptan que sus hijos tengan un nivel de vida mas bajo que el suyo.
Como si fuera poco, en términos políticos, cada vez que los progresistas se expresan por fuera de las opiniones del histórico monopartidismo bicéfalico (demócrata / republicano) los medios del poder los agreden calificándolos de radicales, izquierdistas, extremistas o comunistas.
Pero el pueblo trabajador norteamericano, sabe muy bien que el sistema esta amañado, los más ricos se hacen más ricos cada día y los multimillonarios nunca han estado mejor; mientras el 60% de las familias vive al día luchando por sobrevivir. Hoy esa desigualdad es la mayor de la historia norteamericana, donde el 1% más rico posee más riqueza que el 93% mas pobre, mientras Elon Musk disfruta personalmente una riqueza mayor que la suma del 50% de los hogares de menores ingresos.
Desde su enfoque crítico, Bernie Sanders nos asegura que el 64% de los yanquis desean financiación pública de las campañas para que los multimillonarios no compren las elecciones; reclaman un sistema universal de salud; una ley que facilite la afiliación y negociación de contratos de trabajo; un gravamen para que los ricos empiecen a pagar la parte que les corresponde de los impuestos y también que se garantice que la IA y la robótica se usen en beneficio de todos y no solo para enriquecer a los grandes oligarcas tecnológicos; se pide combatir la avaricia de la industria de los combustibles fósiles con empleos bien remunerados y sindicalizados, yendo hacia la eficiencia energética y las energías sostenibles y sobre todo suspender el tremendo gasto de 1,5 billones por año con que el pentágono libra sus guerras en apoyo de las peores dictaduras del mundo.
Intentando asfixiar económicamente a Irán, mediante un ataque directo a su entidad financiera el Melli Bank y también desatando una forzada guerra comercial contra Canadá, Trump se defiende con la excusa que está regresando la amenaza comunista a todo el continente, y por eso propone el Escudo De Las Américas como un nuevo Plan Cóndor, mientras domestica los pueblos débiles que se oponen al fascismo neoliberal, metiendo América Latina en la OTAN a la vez que roba el oro a Venezuela, mientras su presidenta (E) Rodríguez anuncia la recuperación económica del país mirando para otro lado.
Es evidente que muchos de los pueblos del mundo están fallando en su multilateralismo y aunque un eventual triunfo demócrata no garantizaría ningún golpe positivo de timón, los EE.UU. se muestran como un imperio que se encuentra ante una crisis histórica de gran magnitud, de la cual es muy difícil que puedan salir airosos, ya que todos sus valores políticos y morales se encuentran muy deteriorados.
Coincidiendo con Crisafulli, quedemos atentos al atardecer del imperio, tratando de evitar la noche de la humanidad.
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