-?
La Argentina se halla transitando un período de trascendencia histórica. Es el único país de Latinoamérica en que sus élites empiezan a exhibir una ineficacia: están fracasando en la tarea de construir una hegemonía para conducir el país. Esto se hace evidente cuando se repara en el estado actual del sistema político, en particular, cuando se observa lo que ocurre en su cima con el protagonismo colectivo de una formación sectaria que, oportunamente, irrumpió haciéndose llamar "La Libertad Avanza".
Esas élites fueron banalizadas, con el mote de "círculo rojo", por un periodismo que hace de la vulgaridad su modo de estar en el mundo, y lo que un poco tarde empiezan a advertir es que, con su apuesta a una dirigencia política poco o nada profesional están ahora malversando una idea que, si bien se mira, es todo lo vieja y benéfica que pudo ser incluso la "Representación de los Hacendados" de Mariano Moreno. Esa idea, cara al catecismo liberal de todas las épocas, consiste en quitarle trámites burocráticos a la actividad productiva y comercial y en suprimir gastos innecesarios con el consiguiente beneficio para la iniciativa privada y la actividad económica.
Menos burocracia y nada de gastos superfluos es la inventada pólvora que algunos proponen como deus ex machinay con pretensiones de originalidad. Pero sus gurúes empiezan a caer en la cuenta de que la incompetencia profesional del Presidente para desenvolverse con eficacia en la política está estropeando una idea sensata y razonable, justo cuando empieza a percibirse un consenso generalizado acerca de la necesidad del equilibrio fiscal.
En los mismos términos, esa élite empresarial argentina, que es la vinculada al agronegocio y a la propiedad de la energía y los recursos naturales, empieza a comprender que carece de un liderazgo político imprescindible cuando lo que se pretende es reformatear unas relaciones entre los clásicos actores de la actividad económica restringiendo al mínimo histórico las competencias del Estado en la materia y cediendo a la empresa privada la responsabilidad de proveer a la prosperidad general, lo cual lleva implícita la teoría del "derrame" (aunque no lo digan).
Un liderazgo político de espesor y calidad hoy ausentes es lo que se requiere para conducir la gestión, mucho más cuando comienzan a aparecer las inconsistencias propias de un modelo basado en un diagnóstico errado acerca de la etiología de las crisis.
En efecto, las insuficiencias "de mercado" se filtran sin querer por los intersticios del discurso. Al principio, todo era cuestión de "motosierra" y las "inversiones" vendrían, a su modo, atraídas por la nueva racionalidad económica. Pero ahora, después de tres años de "lo peor", resulta que la motosierra había sido, en lo fundamental, sólo un eslogan de campaña.
Así, un reputado economista, Ricardo Arriazu, acaba de decir que el éxito de este programa económico ya no depende de variables macroeconómicas, sino del estado de ánimo del ciudadano de a pie. Es lo que acaba de sugerir ese calificado profesional de la ciencia económica "escuchado por Milei", según lo presentan los medios, y que acaba de confesar: "... el crecimiento dependerá de que los argentinos compren menos dólares y vuelquen una parte mayor de sus ahorros a la economía. Depende de si compran más que el año pasado o menos que el año pasado".
Pero ocurre que en los últimos años le estuvieron diciendo al trabajador y al pequeño comerciante de este país que la malaria se debía a que el Estado gastaba mal y de más, y que cuando ese Estado ya no se ocupara más de las "cajas" de la salud, la educación y la discapacidad, la rueda de la fortuna comenzaría a distribuir dividendos para todos. Y el señor Arriazu agregó algo más. Dijo así: "... Yo creo que van a comprar menos (dólares) y que el crecimiento va a ser más grande". Pero, con todo respeto por la calidad profesional y la solvencia de Arriazu, decir ¡ojalá que no compren dólares o que no compren mucho!, parece un poco como encomendarse a las brujas. Y la remató así el economista: "...todavía no puedo explicar por qué cayó el EMAE en abril y mayo. No puedo. Soy honesto. Miro todo el razonamiento económico, miro todos los flujos, miro todo, y no logro entenderlo". El EMAE es el Estimador Mensual de Actividad Económica, y si la actividad económica cae, ha de ser porque los que pueden dinamizar esa actividad no tienen cómo ni con qué hacerlo, es decir, no tienen espalda financiera para emprender ningún negocio, y esto ocurre porque en la plaza no hay liquidez, ni en pesos ni en divisas, y eso ocurre porque los bancos no confían como para dar crédito y porque los que podrían traer esas divisas bajo la forma de inversiones no están invirtiendo más allá de lo que ya han hecho en el país (agro, energía y minería) o lo podrían hacer pero se trata de actores con los que el gobierno no tiene interés en relacionarse por razones extraeconómicas, es decir, políticas o, más precisamente, geopolíticas. De algún modo, el señor Arriazu se la ve venir porque agregó: “Esto va a generar bolsones de descontento, bolsones de desempleo y de pobreza justo en la zona políticamente más intensa”. Esa zona "más intensa" es el Gran Buenos Aires, que es donde más golpean la referidas inconsistencias sumadas a un esquema cambiario que mantiene artificialmente atrasado el dólar con lo que eso significa en lo que hace a desinsentivar cualquier emprendimiento productivo.
Asimismo y como el fútbol en la célebre definición de Dante Panzeri, la política es también, a veces, la dinámica de lo impensado. Lo impensado es que Arriazu haya podido coincidir con Pablo Moyano, que acaba de afirmar: “Esto va a ir creciendo porque este modelo económico se sigue acrecentando y hay muchísima gente que la está pasando muy mal. No me equivoqué cuando dije que los gobernadores nos habían traicionado votando la reforma laboral. La Justicia le dio la razón al Gobierno y nos queda la calle”, sostuvo.
Normalmente, la gente se endeuda para comprar algo extra, como electrodomésticos, o un automóvil, o unas vacaciones. Pero si ante el cuadro de que dos millones de familias se endeudan para almorzar o cenar el ministro de Economía dice que se trata de "un problema entre privados", tal afirmación es la confesión de que el gobierno se ha quedado sin respuestas. Al día siguiente, celebran el éxito de un modelo que garantiza el atraso. Celebran la venta del combustible crudo y del mineral sin elaborar. Celebran el poroto de soja. Son los reyes del salame, por decir lo menos.
Pero no acaba ahí la cosa. Son tan truchos que le han descubierto el agujero al mate del siguiente modo: dibujan el "superávit fiscal", robándole al SisVial (fondo fiduciario para mantenimiento de rutas) lo que a ese rubro corresponde. Las rutas nacionales se hallan en llamativo estado de calamidad, pero los tipos cantan "bingo" y celebran que hay "equilibrio fiscal" que logran sumando fondos que Vialidad debería aplicar a la construcción y mantenimiento de rutas y caminos. En el código penal hay una figura denominada "exacciones ilegales".
Francamente, todos tenemos por donde ser despreciables. Cada uno de nosotros arrastra consigo un crimen cometido o el crimen que nuestras patologías se empeñan en cometer, pero éstos han superado todo límite. Tal vez por eso, un muchacho con inquietudes haya pensado que si este país ha podido estar en manos de Milei y de su hermana, por qué no a cargo de Hernán Lacunza, quien ya fracasó con Macri y que siempre compartió diagnóstico con el gobierno actual en lo referido al carácter y origen de la crisis: hay que seguir vendiendo soja y demás commodities y ajustar en salud, discapacidad, educación y ciencia y tecnología. Y en cuanto a vender territorio... viva la libertad de comercio. Eso es este Lacunza.
El macrismo y el mileísmo, nunca está de más repetirlo, son la misma cosa con el mismo olor y sólo diferentes por el disfraz.
En otro orden y frente a la tragedia nacional y social que viven los trabajadores y los desocupados y el riesgo existencial que atraviesa insólitamente la Argentina, bajarle el precio a Kicillof es parte de la misserabilialocal. Por el lado del peronismo debería ser la única carta ganadora, abdicándose de todo testimonialismo pues éste, en política, es la forma lírica de la renuncia al poder. El gobernador de Buenos Aires soporta una desfinanciación ilegal por parte de un gobierno nacional sesgado hacia dogmatismos rudimentarios. No a todos los mandatarios provinciales les sucede lo mismo. Es la diferencia entre gestionar la abundancia y administrar la miseria. A algunos les tocó bailar con miss universo y a otros con la más fea. Pullaro, por caso, dice que Milei le debe a cada santo una vela, que es lo mismo que decir que no juega en equipo y que a él sólo le interesa jugar su partido: el gobierno nacional adeuda fortunas a las provincias por coparticipación federal y el caso es que tal vez la única provincia que se podría dar el lujo de prescindir de la coparticipación (o con mayores espaldas para aguantar) sea la provincia de Vaca Muerta, es decir, nuestra Neuquén. Tal es así que el Presidente ha tenido que salir recientemente al rescate financiero de Entre Ríos, Jujuy y Santa Fe cuando su situación financiera se hizo insoportable y pintaba conflicto social. Por ahora, la situación quedó bajo control debido a que el gobierno decidió ampliar hasta 400 mil millones de pesos el anticipo financiero otorgado a Entre Ríos. Jujuy y Santa Fe, por su parte, la ligaron de rebote pero aliviaron sus finanzas.
La bomba que deja este gobierno se mide en quilotones, y asume la forma de unos juicios multimillonarios que las provincias le harán al gobierno central por los adeudos en concepto de coparticipación federal, que tiene rango constitucional y crea una obligación inexcusable que no puede ser evadida con ningún argumento referido al "déficit fiscal". Superávit robándole a Vialidad o dejando de pagar lo que se les debe a las provincias es propio de tontos, de incompetentes o de truhanes.
En todo caso, algo huele a fracaso en la Argentina. Y no es la Argentina la que fracasa sino lo que no podía sino fracasar: la ideologizada identificación de los mercados libres con la libertad del individuo. Eso es lo que ha fracasado en la Argentina, y al fracasar revela que el país se halla transitando su, para muchos inopinado, camino de servidumbre. Pero como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, octubre de 2027 abre -nos abre- una ventana a la esperanza.
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite