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Columnistas
09/08/2026

La tragedia de Ceuta

La miseria de los otros como arma, la negación como política

La miseria de los otros como arma, la negación como política | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Al jefe de Gobierno español Pedro Sánchez “le ha llegado la factura”, por condenar el genocidio israelí en Gaza y negarle permiso a Trump para usar las bases de la península en su ataque a Irán, dice el autor de la nota. Vincula la reciente oleada de migrantes que sacudió al enclave ibérico al alineamiento de Marruecos con EE.UU. e Israel.

Gustavo Crisafulli *

Hace casi una década, una sofocante tarde de verano, fui casual testigo en la playa de Santa María, en la bahía de Cádiz, del arribo de una patera (una embarcación de inverosímil precariedad) abarrotada de jóvenes migrantes en busca de asilo.

Todos provenían del Sahel, en el África subsahariana, y habían recorrido unos 2 mil kms hasta la costa marroquí, para de allí -con mucha suerte- cruzar los últimos 160 km de mar hasta la costa andaluza.

Verlos fue una mezcla de sobrecogimiento por la súbita ruptura de la “normalidad” de una playa llena de bañistas y de admiración por la contundente esperanza de los excluidos y humillados.

Ya por entonces el Mediterráneo era un cementerio marino -de Turquía a Grecia, de Túnez a Italia y de Marruecos a España- donde cada año miles de personas morían ahogadas, huyendo de la guerra, del hambre, del maltrato y de las enfermedades.

Ya por entonces la Unión Europea “externalizaba” sus fronteras pagando a estados vecinos y a milicias y bandas armadas libias para contener su llegada.

Ya por entonces los gobiernos de España e Italia reclamaban al resto de Europa compartir con ellos, que son la principal puerta de entrada, las cargas de una marea creciente.

La respuesta ha sido la restricción del derecho de asilo, el encierro de los refugiados en campos de detención temporaria (campos de concentración, seamos claros) y la criminalización de la migración.

Lo ocurrido el 30 y 31 de julio pasados en Ceuta, cuando unas 50 mil personas intentaron saltar las vallas que la separan de Marruecos o llegar a nado a la ciudad, con más de 88 muertos en el intento, marca un nuevo nivel de barbarie y oprobio para un Occidente largamente sobrado de ambas cosas.

Ceuta está a casi 200 km al este de la playa de Santa María, justo frente a Tarifa y Gibraltar, donde el Mediterráneo tiene menos de 60 km de ancho. Junto con Melilla, unos 400 km al este, son las últimas posesiones coloniales españolas en África (aunque ellos digan que no lo son) y es la única frontera física de la UE con el continente.

Situada en la pequeña península de Almina, Ceuta tiene hoy unos 84.000 habitantes; que el equivalente a casi el 60% de ella quisiera entrar en dos días resulta inverosímil y habla de una sospechosa movilización y coordinación desde el interior de Marruecos y de una falla aún más sospechosa de los servicios de inteligencia de ambos países, usualmente activos en la frontera.

Por ello, a ojos vistase trata de un incidente fabricado, aprovechando la vulnerabilidad de miles de personas y su esperanza de una vida mejor, es decir, utilizando vilmente la miseria de los otros como arma propia.

Quienes hicieron el montaje se perderán en la niebla de las operaciones encubiertas pero de cajón cabe la pregunta de ¿cui bono? ¿A quién beneficia?

Desde su independencia del colonialismo francés en 1956, el Reino de Marruecos nunca reconoció la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, reclamando su devolución.

Ceuta fue quitada por España a los portugueses en 1580 mientras que Melilla fue ocupada en 1497. Los europeos aducen que no se pueden devolver porque Marruecos no existía como nación en el siglo XVI.

Recién en 1970, pasada ya la ola de descolonización de la posguerra, Marruecos apeló a la ONU, que ignoró el reclamo.

Desde entonces, el Reino norafricano dio prioridad a la ocupación del Sahara Occidental, también antigua colonia española, donde libra una lucha de décadas contra el independentista Frente Polisario de Liberación.

En lo que va del siglo, la monarquía marroquí usó a Ceuta y Melilla como herramientas de presión, relajando los controles y dejando pasar a algunos miles en distintas ocasiones para obtener concesiones de España o de la Unión Europea. Pero jamás de la envergadura actual, para la que se requiere una logística de otro nivel.

Por lo tanto hay que mirar hacia los sospechosos de siempre: los EE.UU. e Israel. Ambos tienen estrechas relaciones con Marruecos y ambos tienen cuentas pendientes con el gobierno de Pedro Sánchez en Madrid. En diversas oportunidades, Donald Trump y Benjamín Netanyahu han pasado de las presiones diplomáticas a las amenazas más o menos públicas.

Hace unos meses, en un documento presentado al Congreso, la Casa Blanca, por primera vez en la historia, se refirió a Ceuta y Melilla como “las ciudades administradas por España que se encuentran en territorio marroquí”... ¿raro no?

Israel, después de que Marruecos firmara los famosos Acuerdos de Abraham en diciembre de 2020, reconoció formalmente al Sahara Occidental como parte del Reino, sumándose a EE.UU. y Francia como los únicos países del mundo en hacerlo.

El 30 de julio, cuando comenzaba el ingreso de multitudes en Ceuta, Danny Danon, embajador de Israel ante la ONU escribía en su cuenta de X “Ha llegado el momento de que España explique al mundo por qué mantiene enclaves coloniales en África”. Ellos, con sus enclaves en Cisjordania, el Golán y el sur del Líbano ¿raro también, no?

Adicionalmente, Sánchez es la Bete Noir de la extrema derecha europea y el ecosistema digital de la alt.Right y los popes fascistoides de Silicon Valley.

Y claro, cómo no, de nuestro presidente de la República.

El Gran Donald, Marco Rubio y sus cámaras de eco en Vox y el PP españoles se han cansado de proclamar que los migrantes van a destruir la civilización occidental y cristiana y que Europa va inerme hacia el abismo.

La “invasión” de Ceuta parece guionada por los profetas del “Gran Reemplazo” (recordemos las consignas digitales de “Paremos a los invasores” durante los disturbios racistas en Belfast en junio pasado).

Pedro Sánchez es el único gobernante de la UE que llamó al genocidio en Gaza por su nombre, el que se negó a subir el aporte a la OTAN al 5% del PBI y el que negó el uso de las bases de Rota y Morón para que EE.UU. atacara a Irán en febrero pasado.

Finalmente le ha llegado la factura.

Las teorías conspirativas son un atajo para evitar el análisis, pero las conspiraciones, como las brujas, que existen, existen.

Y los muchachos de la CIA y el Mossad se la saben lunga. Bienvenidos y bienvenidas a la política de la negación plausible.



(*) Historiador, ex rector de la Universidad Nacional del Comahue.
29/07/2016

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