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Hoy, nuestra generación tiene la suerte, o la desgracia, de convivir con la decadencia imperial de los EE.UU. y la llegada de un multipolarismo aparentemente más justo y equitativo.
Justamente por eso, esa crisis nacional es la derivada de nuestras propias incapacidades para convivir con esos cambios y estar a tiempo en el camino correcto de la historia.
Quizá las razones por la que no estamos logrando verla en toda su dimensión, sean el montaje latinoamericano premeditado de la anti política y la inoculación capitalista de un hipnotismo social, que nos anestesia con una especie de síndrome de Estocolmo colectivo.
Es fundamental que cultivemos todas las miradas prospectivas y estratégicas posibles, en especial las que nos lleven a reconocer las crisis, para poner en activo sus mejores momentos, aplicando en todo momento el paradigma Crisis y Oportunidad.
Hemos tratado de aportar en esta dirección, aunque naturalmente, somos conscientes del riesgo de utilizar este método de manera acrítica, es decir sin analizar ni cuestionar las circunstancias, aplicando posturas de sumisión intelectual que nos conducirían a seguir ciegamente los liderazgos impuestos y también a digerir sin quejas, las falsas noticias de las siniestras redes de Musk y Thiel.
Cuando estudiamos las crisis y oportunidades, analizamos esta transición histórica, donde América Latina y Argentina en particular, tendrán sus oportunidades, pero también numerosas limitaciones y amenazas. Razones por las cuales es muy importante asumir las tareas de estudiarnos a nosotros mismos con esa eficiente herramienta de planificación estratégica conocida como matriz FODA (acrónimo de Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas), con el objetivo principal de tomar las mejores decisiones inteligentes a futuro.
Esta matriz ordena nuestros análisis en cuatro cuadrantes de pensamiento, separados por el origen de los factores: internos o endógenoscontrolables: las fortalezas y debilidades, y exógenas de difícil control, las oportunidades y amenazas. Sin perder la consideración que tienen impactos positivos las fortalezas y oportunidades y resultan negativas las debilidades y amenazas.
En la escala regional, tenemos muy presente que nuestra Norpatagonia es un inmenso corredor bioceánico de potente conectividad y potencial valor socio productivo, que une el puerto de Bahía Blanca, sobre el Atlántico con la región de Temuco, Valdivia y Concepción en el Pacifico chileno. Como lo advirtieran los ingleses a fines del siglo XIX, (en su competencia con el canal de Panamá) la Norpatagonia sigue teniendo una gran fortaleza estratégica para la futura integración continental en la dirección correcta.
Mientras tanto, en nuestro país se están discutiendo las eficiencias económicas, el comercio interno y las interdependencias provinciales, instalando barreras internas y muy especialmente una desigualdad distributiva de población que acumula concentraciones en desproporcionados polos urbanos, en desmedro y debilitamiento de las economías regionales, al punto que este debería ser uno de nuestros principales debates sobre las oportunidades de la cuestión local, mientras Trump se mantiene muy ocupado en cerrar sus instalaciones imperialistas.
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