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Con las disculpas del caso, vamos a tirar algunas ideas locas sobre este formidable evento empresario del mundo capitalista que acaba de terminar y se parece demasiado a un episodio de confusión colectiva bajo la apariencia de cumplir saludables metas deportivas.
Este espectáculo alimentó el prestigio y la maquinaria comercial del país más agresivo y asesino del planeta, con el apoyo de sus asociados mientras nosotros levantábamos banderas nacionales.
Ellos mismos lo han diseñado, auto designándose como sede de la cumbre de los deportes planetarios y apoyándose en varios ejes teóricos:
Todo fue gerenciado eficientemente por la (nombre oficial en francés) Fédération Internationale de Football Association (FIFA) con sede en el rejunte de idiomas y cantones de la confederación Suiza, cuya principal finalidad sería el desarrollo deportivo, invirtiendo fondos comerciales para promover el futbol base en todo el mundo, para lo cual operaron este torneo bajo ciertas lógicas corporativas de sustentabilidad: como los ingresos multimillonarios a partir de la venta de derechos de transmisión; patrocinios globales (sponsors) y la comercializaciónde entradas para que algunos miles de personas económicamente privilegiadas, vean como juegan algunos artistas seleccionados, disfrazados de esforzados deportistas a sueldo.
Detrás de este telón, se escondieron colosales inversiones urbanas en infraestructura, como estadios que se usarán cada cuatro años, aeropuertos, hoteles y redes de transporte y comunicación.
En realidad, asistimos a una monetización global que forzó un gigantesco mercado de consumo innecesario de ropa deportiva, turismo masivo, publicidad y plataformas de apuestas y videojuegos. Todo un negociado que utilizó el drama y la pasión del juego de muchos para impulsar la gran usura de una minoría selecta.
Se jugaron 104 partidos, de los cuales 78 fueron en EE.UU. y solo 13 en México y 13 en Canadá, con una asistencia total aproximada de 4 millones de espectadores fanáticos, ludópatas que miraron emocionados como unos 1.300 jugadores desarrollaban sus partidos, asistidos por sus colaboradores de turno.
Entre todos han sostenido finalmente un evento deportivo para los pueblos “libres”, que en realidad se parece bastante a un circo donde se confundieron las mayorías, sin advertir que en realidad sustentaban una alta rentabilidad empresarial, cuyos principales ejes serían:
Esta confusión publica, se nutrió de la supuesta teoría de que este evento instalaba lazos sociales para millones de personas, en espacios de falsa pertenencia, aptos para la catarsis emocional colectiva y una teórica conectividad social que levantaba banderas de nacionalidad.
Mientras, desde el país especializado en agredir a los pueblos libres de todo el planeta, se teorizaba la promoción de una supuesta identidad cultural, donde el deporte (practicado solo por algunos) sería una herramienta de salud, disciplina y superación personal, aun cuando las cúpulas gubernamentales estén altamente comercializadas.
En estos contextos, el deporte de elite se ha transformado claramente en una herramienta de la industria del entretenimiento, con el voraz objetivo de maximizar ganancias y sobrevalorar el prestigio político del líder de la criminalidad planetaria.
Un cálculo rápido nos clarifica que, en este evento, un asistente presencial viajero se gastó por día de estadía 4.000 dólares promedio en la entrada a cada partido, a lo que tuvo que agregar unos 500 dólares de estadía diaria en hotel y comidas, más 100 dólares en transporte, para llegar así a un gasto de casi ocho millones de pesos argentinos por viajero, cada 24 horas, sin contar los viajes aéreos.
Considerando el promedio de una multitud de 600.000 espectadores, que estimativamente habrían asistido solo a una cuarta parte de los eventos, (considerando 50.000 espectadores en cada uno) se habrían gastado en esos partidos 3.000 millones de dólares, mientras los 300 deportistas y sus supuestos asistentes, apenas resultaron premiados con 300 millones de honorarios, en un esquema donde evidentemente, alguien se está quedando con el 90%.
En clave local, todo indicaría que obtuvimos una subcopa que se traduce en suceso político y orgullo argentino, por defender las Malvinas, molestando mucho a los imperialistas, con un país teóricamente unido por el futbol y que (como dice el prócer entrenador) “ha llegado del ego al propósito compartido”, dejando claro que proponen que ese triunfo futbolístico ha sido fundamental para derrotar a terribles enemigos como los ingleses, llegando a hacer temblar el poder colonial, hasta el borde mismo de la reconquista de las islas usurpadas.
Por todo esto, no solo fue un tiempo de competencias capitalistas, donde estuvieron excluidos aquellos que presentaban algún rasgo socialista, sino también de imaginar que hemos vivido un día de gloria inolvidable para la ludopatía planetaria y en especial, para la reivindicación histórica de nuestros territorios malvineros usurpados, mientras en el Senado, se sigue rifando nuestra tierra nacional y Fantino es el “perrito faldero del líder de la muerte y el horror”.
Es hora de poner en su lugar las verdades deportivas, aunque antes de seguir criticando a Trump, no olvidemos que todos los que opinemos en contra de sus ideas, seremos duramente castigados con el mote de antipatrias, mal pensados y pésimos deportistas.
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