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05/07/2026

1776: doscientos cincuenta años de la invención de una nación imperio

1776: doscientos cincuenta años de la invención de una nación imperio | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Hace dos siglos y medio un puñado de ingleses americanos aprobaron un texto a favor de la independencia de sus condados; eran delegados de dos millones de individuos blancos, hambrientos de tierras y negocios. Nacía la república norteamericana: un extraordinario experimento político, y también social y económico.

Gabriel Rafart *

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El 4 de julio de 1776 un puñado de ingleses americanos aprobaron un texto a favor de la independencia de sus condados. Representaban a un conjunto apenas articulado de patrias chicas asentadas en un rico, aunque estrecho territorio que daba al Atlántico y tenía por frontera los Apalaches hacia el oeste. Eran delegados de dos millones de individuos blancos, hambrientos de tierras y negocios. La población de esos territorios sumaba medio millón de otros humanos esclavizados, en su mayoría traídos a la fuerza del continente africano.

Como aprendices de un imperio europeo insular que disputaba con otras potencias los océanos y ya controlaba millones de kilómetros cuadrados en los cuatro continentes, aquellos americanos ingleses entendieron que repudiar a un monarca arbitrario era la solución a sus problemas. Iniciaban la lucha por liberarse o al menos poner límites a un estado recaudador. Por supuesto que no todos los firmantes de la declaración de 1776 estuvieron convencidos. Hubieran preferido tener un rey más benevolente y un parlamento en Londres que les diera un asiento a voceros de sus intereses, que los dejara vivir y hacer sus negocios. Pero cuando desde las islas británicas se movilizó una enorme armada y una vez arribada a América se transformó en fuerza de ocupación, ya no hubo marcha atrás. Los criollos ingleses también estuvieron a punto de flaquear frente a los desastres iniciales de su improvisado ejército conducido por George Washington que después de pelear tanto y contar con el auxilio militar de los franceses fue elegido primer presidente de aquella reunión de pequeñas patrias.

Entre la declaración de Independencia que apuntaba a la igualdad, la libertad y la felicidad y el paso dado una década después con la Convención Constituyente reunida en Filadelfia se inventó una nación. Resultó la república norteamericana en su formato liberal y conservador. Nació un extraordinario experimento político. También social y económico. Su influencia sobre el resto de las Américas se hizo sentir medio siglo más tarde cuando los americanos españoles tuvieron su propia revolución.

Hace dos décadas un profesor de la Universidad de Yale, Robert Dahl, se propuso saldar una cuestión que venía con la declaración de Independencia y la Constitución votada en Filadelfia. Lo hizo desde un libro titulado a partir de una pregunta: ¿Es democrática la Constitución de los Estados Unidos?La respuesta del politólogo norteamericano estaba dada por otro interrogante no menos interesante: ¿por qué las generaciones que siguieron se encadenaron a un documento firmado únicamente por 39 individuos, muchos de los cuales eran dueños de esclavos, y adoptado inicialmente sólo en 13 estados? Ambas preguntas se respondían atendiendo al fondo social de la Constitución. Había nacida una nación voluntarista y sostenida tanto por la institución social y económica de la esclavitud como por un colegio electoral que elegía a un presidente que expresara la opinión de los “grandes”, que en general eran esclavistas. En otros términos, el edificio institucional americano nació como una empresa de hombres libres blancos y propietarios, poco propensos a darle oportunidades a las pasiones desordenadas de un pueblo de pobres ya sean blancos, indígenas y africanos y que más adelante se engrosara por inmigrantes del sur americano, nuevos europeos y otros asiáticos.

Aquella Independencia y Constitución, igual que la forma de gobierno emergente necesitó ser recurrentemente actualizada. La carta magna del país del norte fue enmendada en muchas oportunidades. La mayor parte de estas enmiendas trataron de morigerar los aspectos menos democráticos y de tono contramayoritarios de sus instituciones originarias. Por ejemplo, la Vigesimocuarta Enmienda, que suprimió el impuesto que debían pagar todos los inscriptos en el padrón electoral. Un tema por demás caro para el primer pueblo de los americanos ingleses de 1776 que dio pelea contra los tributos del rey británico. Esa tasa impositiva, debidamente manipulada por las élites blancas de los estados del sur derrotados durante la Guerra Civil, sirvió de bloqueo la vida civil y política de los afroamericanos. Recién en la década de 1960 se puso fin a esa arbitrariedad.

Han transcurrido dos siglos y medio de aquel pequeño mundo de trece colonias levantiscas que buscaron y obtuvieron peleando su independencia. Fue el punto de partida para forjar una poderosa nación que tuvo que esperar un siglo para producir un imperio. El festejo de hoy ya no parece gozar del privilegio de los pioneros sino de la realidad de un Imperio en crisis.



(*) Historiador, UNCo.
29/07/2016

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