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Todo sucede bajo la influencia creciente del país más contradictorio del planeta, que tiene casi ocho veces la cantidad de habitantes de nuestra Argentina y que, a pesar de sus errores, se vende como lo mejor de lo mejor, con una fama paradisíaca de progresista, aunque está rumbeando hacia la decadencia.
Despiadadamente ha castigado al mundo con 900 bases militares, atendidas por 2 millones de ñoquis armados hasta los dientes; con las que invadió e invade países-colonia como Japón, donde después de matar medio millón de inocentes con dos bombas nucleares en pocas horas, hoy lo premia con 130 bases, 32 de las cuales se asientan en una sola ciudad: Okinawa, donde residen 55 mil uniformados del Pentágono, con la excusa de vigilar de cerca la isla de Taiwán, que no quieren que regrese a China.
En estos días también mientras tienen apenas 2.040 ojivas nucleares, luchan denodadamente contra un Irán desatento y mal educado, al que se le ha ocurrido nada menos que construir UNA bomba atómica.
Los 348 millones de habitantes yanquis no tienen salud, ni servicios sociales ni educación pública gratuita, ya que, para hacer una carrera universitaria, hay que hipotecarse o jugarse la vida a sueldo del servicio militar en algún país invadido. Allí todo se paga, con lógica excepción de los próceres del sector de las finanzas, seguros y bienes raíces, que se están robando humildemente el 76% del PBI.
Con el pasar de los años, se han construido varios paradigmas mundiales que los pintan de cuerpo entero: el paradigma Miami es uno de ellos, un territorio muy cercano que perteneció a Latinoamérica, donde se han refugiado y todavía refugian los ricachones de todos los países vecinos, escapando de las revoluciones que algún día pusieron orden en sus propias sociedades. Hoy funciona como residencia de consultoras y empresas de bienes raíces, acompañada de un clima amable, paisajes naturales muy bonitos y un estilo de vida elitista, donde el pato Donald se pasea por las calles como si fuera el fundador de la cultura contemporánea. Es también capital de las empresas inmobiliarias, la administración de negocios de finanzas y, como si fuera poco, un ámbito sociológico y académico por su multiculturalismo bilingüe.
El otro paradigma importante fue el Hollywoodiano, que operó entre 1910 y 1960, instalando en el planeta su impronta cinematográfica, y sobre todo la matriz argumental y actoral para difundir la ideología e imagen de un modelo de país teóricamente envidiable.
Pero como si estos detalles fueran pocos, al mismo tiempo como país carece de un gobierno representativo, ya que desde hace muchos años ha funcionado como una extraña república presidencial constitucional, donde el gobierno federal comparte con 50 gobiernos estatales el manejo de la educación, la policía y el transporte.
Ellos en lugar de votar directamente al presidente y vice, eligen los miembros de un colegio electoral, integrado por extraños “compromisarios” que votan al que sus intereses les parece mejor. Una jugada antidemocrática y discriminatoria que cada cuatro años permite que un candidato pueda ganar una elección, aunque la haya perdido por el voto popular nacional.
En ese mismo desequilibrado escenario, sobreviven distritos menores (como Columbia=Washington D.C.) que tienen compromisarios como si fueran un estado sin que nadie atine a explicarlo.
Un país inmenso y diverso con 50 estados, cuyos miembros del colegio electoral, son elegidos por los partidos estatales y no por la gente, alimentando un sistema gubernamental bipartidista y donde solo gobiernan dos partidos convivientes que administran el estado: los rojos(demócratas de centro izquierda) y los azules (republicanos de centro derecha), los únicos que pueden acceder al poder ejecutivo, porque a los terceros partidos no los vota (ni debería votarlos) nadie.
Nadieque se asombre cuando un candidato, como el actual presidente, pueda ganar una elección, aunque haya perdido en la consulta pública del voto popular nacional.
Esta “democracia” entre comillas, que hace lo que quiere y lo que le conviene, admite como legítimos próceres a los empresarios multimillonarios, economistas financieros y especuladores, generalmente personalidades televisivas sin que importen sus eventuales condenas judiciales.
Al mismo tiempo que esos funcionarios elegidos a dedo, desatan guerras crueles e inexplicables, matando cientos de miles de inocentes, secuestrando y asesinando impunemente presidentes de los países opositores, hoy nos estamos aproximando a las nuevas elecciones de noviembre de este año, donde se renovará (con las mismas mañas) toda la cámara de representantes, el 30% del senado, los gobernadores de 39 estados y además algunas elecciones locales.
Así como se autogobiernan eficientemente, sin pensar en las injusticias sociales que han generado y todavía generan, gobiernan hacia afuera instalando sus comandos militares norte-sur, impartiendo instrucciones a los presidentes de las colonias latinoamericanas y mandando sus embajadores a disciplinar el pensamiento de los pueblos y las provincias.
En noviembre del 28, en otra brutal jugada pseudodemocrática, se “designará” presidente y vice (nótese que premeditadamente decimos “designará” y no “elegirá”).
Hemos compartido un mínimo de verdades y mentiras de la historia yanqui, y ahora aterrizamos en los días que se vienen:
Lo cierto es que este inmenso país, en evidente declinación histórica, sigue mal-formándose por dentro, mientras hacia afuera deforma también todo lo que toca, sin que nadie comente el porqué de semejantes despropósitos e injusticias que se reiteran a través del tiempo y las distancias.
Quizá esté llegando el momento de reflexionar y decir lo que no se dice, para que todos actuemos eficientemente en defensa propia colectiva, antes que sea demasiado tarde.
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