Una conferencia que se desarma.
Un técnico que irrumpe.
Una búsqueda que se vuelve otra cosa.
Una desopilante disertación sobre la luz… que poco a poco se transforma en experiencia.
Entre fotones, confusiones y desvíos, la obra avanza como puede: entre el caos, el humor y una pregunta que insiste.
Una obra para quienes disfrutan perderse un poco, reírse y salir con más preguntas que respuestas.
Actriz: Verónica Cardoso
Técnico en escena: Marcos Sandoval
Dirección: Verónica Martínez Durán
En Deriva Teatro, Sarmiento 841, Neuquén, Argentina.
Un estudiante de actuación que no ve teatro… ¿puede suceder que no tenga comprensión plena de lo que llega a ser la vida? Un músico que no ve teatro... ¿sabe que no alcanzan los malabarismos de cualquier escala? Un poeta que no ve teatro... ¿puede sentipensar un texto en sus múltiples posibilidades? Un plástico que no ve teatro... ¿puede llegar a ver lo que no alcanzamos a ver?
Claro que ésas son preguntas retóricas: la vida sigue, a pesar de que tengamos un estado ausente, a pesar del desfinanciamiento universitario, a pesar de que ya no veamos trapitos humanos en las calles.
Pero también podríamos hacernos otras preguntas, aptas para llamar al pensamiento aunque asimismo retóricas: ¿da lo mismo qué teatro ir a ver?, o, como en muchas otras cosas de la vida,
¿algunos viven y otros desprecian a los que intentamos vivir también?
En la época del metaverso, de la inteligencia artificial, de la inmediatez de las redes, de las derechas matando y explotando bombas en las escuelas -de muchos modos-, no cualquier trabajo que se llame a sí mismo teatro lo es y, por lo tanto, probablemente no cualquier trabajo que se llame a sí mismo teatro merece ser visto.
Si pensamos un posible primer requisito para un trabajo que merezca llamarse teatro, podemos postular que serían los trabajos que realizan procesos creativos, que asumen riesgos, es decir, que son la puesta en escena de lo que la “experimentación” nos depara a los seres humanos: Quizás hemos llegado a considerarnos “humanos” tras ancestrales búsquedas de lo humano, tras ancestrales inventos de lo que hemos dado en llamar “cultura”. En otras palabras, probablemente, para que se produzca un hecho artístico, el riesgo es un componente imprescindible, el riesgo artístico que va de la mano con la experimentación, con la búsqueda de lo que somos.
En Deriva Teatro hemos asistido a la puesta de El Fuego Frío, de Verónica Martínez. En escena: Un técnico de luces -que no es solo un técnico de luces-; una investigadora universitaria a la que se le desmadra una conferencia sobre la luz -imprescindible actriz sin la que nada de lo que se menciona aquí es posible-; una directora que leyó un poema de un poeta colombiano -y sí, las ideas suelen desatarse a partir de otras ideas, o completarse de esa forma-, luego trabaja en lo que el teatro puede mostrarnos -si fuera posible hablar de lo que el teatro es, ya que sólo sería posible decir lo que es a partir de vivirlo- y que nos permite crecer en sensibilidad humana. Este trío colaborativo, Marcos Sandoval, Verónica Cardoso, Verónica Martinez Durán, -técnico, actriz y directora- merece el mayor de los respetos. Marcos Sandoval- el técnico/actor-, Verónica Cardoso -la actriz/performer/bailarina-, Verónica Martínez Durán -la directora-, desde la dramaturgia oficiada en El Fuego Frío, nos incluyen en el suceder dramatúrgico y nos acercan a aquello que la vida - después de comer, obvio- tiene para ofrecernos.
Mención aparte ameritan la sala teatral y el centro cultural independiente Deriva Teatro. Otra consecuencia del devenir a través del tiempo y los sucesos de lo que llamamos “cultura”, es que las palabras se encuentran degradadas. Podríamos decir que lo que llamamos “sala teatral”, “centro cultural”, “teatro independiente”, dependen de un contexto; de la constancia de un trabajo; de trayectorias expresivas; de su relación con los poderes establecidos y sus posibles y a veces imposibles dádivas; serìa lo contrario de las palmadas en el hombro que se dan mutuamente los halagadores y los repetidores de fórmulas supuestamente “creativas”. Depende también de la relación incómoda de los teatristas con aquellos a los que el poder -sea el poder político, o el económico, o el que proviene de las relaciones sociales establecidas por esos mismos poderes, que fomenta, apoya y facilita mostrar productos culturales que solo refuerzan su propia ideología, sin apuestas de riesgo, sín búsquedas de lo que podríamos construir como sociedad no jerárquica, no dogmática.
Por otro lado, también hay que decir que cuando alguna vez el Estado estuvo presente, el Instituto Nacional del Teatro permitió y -dentro de sus límites- apoyó, lo que hoy sobrevive gracias a esfuerzos individuales y colaborativos como, en este caso, Deriva Teatro.
Deriva Teatro es un espacio que habilita en la ciudad de Neuquén un centro de búsquedas que con El Fuego Frío, podríamos considerar necesarias para entender no solo los hechos artísticos sino los hechos en general: eso que llamamos vida y que entreteje ideas, historias y el presente de un público que se sienta en la sala con sus problemas, sus deseos y sus pasiones a ver vivir una dramaturgia que lo llama a aceptar el arduo juego de pensar todo y pensarse de nuevo para salir, cual niños, renovados y acompañados en sus procesos de adultos en auto-revisión.
Mucho para disfrutar y disfrutarse como ser humano y como sentipensante hay en El Fuego Frío. Es acercarse a la sala Deriva, aprovechar su existencia en Neuquén, y dejarse llamar y atrapar por un hecho teatral que nos lleva de la risa al autoconocimiento, del disfrute del juego a las delicias de ver el mundo y más allá.
(*) Ricardo Ventura es músico y compositor, jubilado como docente de la Escuela Superior de Música de Neuquén. Griselda Fanese es investigadora y escritora, jubilada como docente de la Universidad Nacional del Comahue.