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En la década de 1950 surgió en Europa un movimiento que se llamó teatro del absurdo. Iniciado por Eugene Ionesco, nos dio obras maestras como su pieza La cantante calva o la icónica Esperando a Godot, de Samuel Beckett.
Sus características comunes son la ausencia de lógica, con historias que no siguen un patrón tradicional de causa-efecto y estructuras circulares, con parlamentos que carecen de sentido, la repetición de frases incoherentes y contradictorias y escenarios con clima de pesadilla.
La guerra de agresión contra Irán iniciada por Israel y EE.UU. el 28 de febrero pasado es una interminable obra de teatro del absurdo transmitida 24/7 por los medios hegemónicos occidentales y sus loros en los estados vasallos de la periferia.
Las intervenciones públicas casi cotidianas del Presidente estadounidense Donald Trump y su secretario de Guerra Peter Hegseth así como del Premier israelí, Benjamín Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, se inscriben con todo derecho dentro de cualquier obra del género, para envidia de Genet, Ionesco o Beckett, que lamentablemente se fueron sin verlo, en las últimas dos décadas del siglo pasado.
En los poco más de dos meses que lleva el conflicto, tenemos todavía cuatro o cinco motivos distintos y a veces antagónicos esgrimidos por los agresores para justificar su ataque. Una docena al menos de declaraciones de victoria estadounidense y a la par de amenazas de exterminio al pueblo iraní.
Conversaciones que no son negociaciones -con enviados estadounidenses que ubican dificultosamente al Golfo Pérsico en un mapa- conviven con reclamos de rendición incondicional.
Tenemos además un insólito bloqueo al bloqueo en el Estrecho de Ormuz, que es y no es un acto de guerra y un cese al fuego horadado por una invasión israelí al sur del Líbano y la interdicción violenta de buques mercantes en aguas internacionales (en el Mar Arábigo y el Índico) por parte de la Marina de Guerra estadounidense, que el propio presidente Trump caracterizó como “piratas con portaaviones”.
Los “Aliados” de Europa, devenidos en vasallos, se han sumado al sinsentido, apoyando el ataque un día sí y otro no, pero habiendo condenado sólo la respuesta iraní.
Mientras tanto, en América Latina, el bufón siniestro que (des)gobierna nuestra pobre patria anunció, en solitario, su disposición a sumarse a la guerra en respuesta a un pedido que nadie le hizo.
Semejantes galimatías y el derroche generoso de incoherencias y fantasías autocomplacientes requieren alguna explicación… compleja de encontrar.
Algunos analistas lo interpretan como una cortina de humo que oculta un plan no dicho, pero de contornos evidentes, que es el intento de EE.UU. por recuperar su hegemonía global mediante el dominio del mercado energético mundial (golpeando con fuerza a China y Rusia) y el de Tel Aviv, más explícito, de destruir a su único rival regional y construir el “Gran Israel” soñado por la extrema derecha religiosa sionista, socia crucial del gobierno de Netanyahu.
De existir, ambos planes pueden resultar coincidentes en algunos puntos, pero dificultosamente convergentes; tal hipótesis ilumina el comienzo la guerra: la presión israelí sobre Donald Trump para un ataque sobre un rival que la inteligencia consideraba en debilidad y la consecuente interrupción de la producción y comercialización energética del Golfo. Una coalición donde los socios están ahí pero ya con distintas agendas.
Otros sostienen que el ataque ha sido una improvisación absoluta, sin plan B después de la decapitación fallida del gobierno iraní y que lo que tenemos no es una jugada estratégica sino la evidencia palmaria de la decadencia del Imperio, su quiebre moral, político y militar.
Todo empujado por la actitud nihilista de Trump y Netanyanhu, (una característica también central del teatro del absurdo) una huida hacia adelante, camino a la guerra nuclear o una crisis global de insondable profundidad, buscando atajos inexistentes para salir de la trampa que ellos mismo armaron.
La sucesión de acontecimientos por venir: la continuación de la guerra, un acuerdo de paz o un kafkiano estado de no paz-no guerra llevarán agua a uno y otro molino interpretativo.
Mientras tanto, la crisis económica global empieza a configurarse como una especie de tsunami: el mar se retira, en aparente calma, hasta que de golpe llegan las oleadas de la inundación.
Las Bolsas suben y bajan pero los precios de bienes e insumos suben sin pausa. El feo rostro de la escasez comienza a asechar a la producción y al consumo con distinta intensidad pero con la misma curva descendente en los cinco continentes.
Ya son evidentes los faltantes no solo de petróleo, GNL y carburantes sino también de aluminio, helio, sulfuro, fertilizantes, plásticos y la lista se amplía cada día.
Las largas cadenas de suministros desarrolladas por la globalización de fines del siglo XX y principios del XXI están cortadas o atascadas para una enorme variedad de productos. Aunque la guerra terminara hoy, su recuperación o reconfiguración llevará meses y años.
El economista británico Michael Roberts ha hecho recientemente un notable análisis del negro horizonte en su artículo Shortages, Inflation & Stagnationen la Revista Brave New Europe(https://braveneweurope.com/michael-roberts-shortages-inflation-and-stagnation)
Días pasados, Indermit Gill, Economista Jefe del World Bank Group señaló que “la guerra está golpeando a la economía global en oleadas sucesivas: primero a través de mayores precios de la energía, luego mayores precios de los alimentos y finalmente mayor inflación, que empujará hacia arriba las tasas de interés y volverá a las deudas aún más caras (…) Todo esto es el recordatorio de una cruda verdad: la guerra es desarrollo en reversa”.
Mientras se cerraba esta nota, el 8 de mayo, EE.UU. intentó forzar el paso en Ormuz con tres destructores que fueron bombardeados por Irán. El cese al fuego pende de un hilo.
Muchas naciones, silenciosamente, comienzan a calcular cuándo y cómo racionar el transporte aéreo, marítimo y terrestre y luego la energía de industrias y hogares y luego los alimentos y bienes básicos.
Navegamos ya aguas desconocidas. Buena suerte a todas y todos.
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