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Ciertos textos nunca dejan de ser un bric-â-brac de formas dispersas a las cuales el acucioso espíritu podrá dotar de una estructura así como conferirles un orden o algún género de forma significativa. Todo texto es un cosmos porque es un chispazo de la totalidad espiritual del autor. En cada texto hay una "porción" de espíritu, por así decirlo.
Por otro lado, aun los temas que con aparente inicial evidencia puedan lucir desconectados entre sí, forman parte de un todo cuya unidad de sentido sólo aparecerá a posteriori de la introspección profunda que sucede a la lectura reflexiva, si ese fuera el caso.
La orilla y el albañal han solido ser ámbito propicio a la política, que suele ser un sucedáneo del delito. Hoy, sin embargo, ha ganado la franqueza: se prescinde del disfraz y el último forum shopping relevante tiene por protagonista a un gobierno nacional que salió a buscar un tribunal adicto y lo encontró para un tema por cierto estratégico como es la "reforma laboral". La constitucionalidad de este paquete antiobrero no será tratada por la justicia del Trabajo sino por el fuero contencioso admnistrativo federal, cuya competencia originaria nada tiene que ver con un reclamo de vacaciones o aguinaldo. Delicias del "estado de derecho". O tal vez esé ocurriendo lo que Sandra Arroyo Salgado acaba de decir: que hay corrupción a todos los niveles en el poder judicial.
El tema de la competencia es de fondo para el "poder real" que oportunamente "puso" a Milei como candidato a la presidencia, pues lo que está en juego con esa "reforma" es nada menos que el reparto de la torta que produce el trabajo asalariado, aunque no lo parezca. La "industria del juicio" no es otra cosa que una banalidad legitimante: a ningún trabajador en relación de dependencia le conviene ni le convino nunca romper esa relación, porque su "negocio" es la estabilidad en el empleo que le permite planificar un futuro para sí y para su familia; no gana nada yéndose a la calle con unos pesos encima. Ningún trabajador busca eso. Por lo demás, las estadísticas muestran que el despido indirecto (cuando el trabajador envía un telegrama declarándose despedido por culpa del empleador) es ínfimo en comparación con lo que ocurre en otros fueros, el Civil por caso, en que cualquiera puede demandar al otro por la humedad en la medianera o por una deuda dineraria. Pero aquí no se habla de industria del juicio pues todo se considera una disputa entre privados en igualdad de poder económico. En cambio, en la justicia del Trabajo, los conflictos no son (como dice el gobierno) mayoritariamente contra pymes, sino entre un asalariado y una corporación económica.
Pero si son capaces de arrasar con el Hospital de Clínicas, cómo esperar que respeten el carácter protectorio del derecho del trabajo, que nació para tutelar a la parte más débil de la relación laboral. Es lícito conjeturar que habrán sido consideraciones como éstas las que tuvo en cuenta el doctor Ojeda cuando hizo lugar al reflejo autodefensivo contenido en la cautelar que suspendía la aplicación del paquete propatronal. Hoy, Ojeda se ha convertido en la bestia negra del empresariado, en particular, de los medios de prensa que integran ese empresariado. Sin embargo, el magistrado no hizo otra cosa que atenerse a la más calificada doctrina laboralista y al derecho constitucional, fuente principalísima del derecho del Trabajo.
Batallan en diferentes escenarios estos empresarios, siempre con el mismo argumento central: eliminar regulaciones facilitará la "inversión externa". De paso, y para aliviar la "carga impositiva", nada mejor que una buena devaluación. Es lo que siempre quieren los grandes contribuyentes que pagan en pesos sus impuestos y cobran en dólares sus exportaciones. En cuanto a la defunción del consumo, que es otra de las notas del modelo "superávit a cualquier precio", las opciones para reactivarlo son las de siempre: dinamizar el crédito dotando de liquidez adicional a los bancos mediante la baja de encajes y/o tasas. Pero eso sería optar por un sucedáneo "massista" ante la comprobación de que el pronóstico no anuncia ninguna "lluvia" de inversiones, que es como crece el consumo en cualquier economía "sana".
En tanto, se obstina en no difuminarse y desaparecer lo único susceptible de aguarles la fiesta: ya nos parecía que el miedo cerval a la ex Presidenta (miedo a que no fuera suficiente la intensa campaña para desprestigiarla) movería a los medios de prensa hegemónicos a intentar fabricarle al peronismo kirchnerista una opción por izquierda para disputarle votos. Pues dicho y hecho, ya son varias las encuestadoras que difunden la "buena imagen" de Miriam Bregman en espejo con la caída abrupta de Milei en el candelero de las preferencias populares. En este país insólito, muchas de las buenas gentes que oportunamente se comieron la curva de la cuzada "anticasta", no tendrían -suponen, tal vez con acierto- ninguna objeción de conciencia para pasarse, el año que viene, a las tolderías del trotskismo, sólo porque la mina es inteligente y además les cae bien. Así, los buenos oficios de Bregman y Juan Manuel Olmos, mancomunados, deberían lograr que Milei siga gobernando. Bregman puede argumentar que ella no es peronista y tiene derecho a seguir militando el simplismo por encima de cualquier complejidad. Pero, ¿Olmos...? Sus travesuras últimas tuvieron lugar en el elegante escenario de Parque Norte. Sólo faltaron Randazzo y Scioli para que la nueva estafa se mostrara en todo su potencial.
A Juan Manuel Olmos el círculo rojo lo considera una especie de "kuka" civilizado, razonable y convertido a la causa "market first", el mercado primero. Albertismo puro. Y no "sin Alberto" sino con Alberto escondido. Este es el peronismo que quiere la derecha cuando dice que quiere un peronismo respetuoso de la democracia, como si Kicillof y Cristina no lo fueran. Pero es mentira lo que dicen. Tampoco quieren a Lula en Brasil y allí los afines ya están esmerilando a un presidente que llevó a su país -otra vez- a codearse con las grandes potencias de occidente. Les interesa la democracia, dicen, pero financian al hijo de Bolsonaro, un apologista de la picana eléctrica.
La palabra "federal" nació, por lo menos en la Argentina, como una astucia de la dereccha para ocultar que es derecha. A las derechas de este país siempre les pareció un poco vergonzante ser de derecha. Maslatón dice que es "liberal", aunque se niega a condenar el genocidio en Gaza, y Monzó dice que es de "centro". El inefable Paco Manrique fue de éstos, y con su "partido federal" quiso y no pudo esconder que las dictaduras militares le caían muy pero muy bien, salvo por algunos modales. Estos de Parque Norte son unos iguales aggiornados: trabajan para la continuidad del proyecto "superávit fiscal a como dé lugar", es decir, para el país agrario. Lo primero que habría que preguntarles a Olmos y Monzó cuando se los sorprenda ofreciéndose en campaña en el mercado electoral, es si se disponen a impulsar la derogación de la "ley laboral", como quiere la CGT, o si están de acuerdo en pagarle al laburante la indemnización en cómodas cuotas mensuales.
Creemos, de buena fe, que convocar al peronismo por fuera de Cristina y Kicillof es, con toda nitidez, trabajar para otros, porque significa preferir la derrota a la victoria peronista mediante el liderazgo de los únicos que podrían garantizarla que son, precisamente, el gobernador y la ex Presidenta.
El lumpenaje a cargo de la nave del Estado, en tanto, celebra... y continúa vinculado oscuramente a los dineros públicos. A las fechorías del "premier", se suma el caso "Nucleoeléctica", que es otro escándalo que aflora con la opacidad propia de los actos de corrupción funcionarial. La motosierra no llegó a esa empresa porque éstos serán lúmpenes pero comprendieron pronto que reptando en el Estado podían disfrutar de la vida como nunca les habrían permitido sus aptitudes. Y los resabios del maldito Estado, devenidos cáscara vacía, deben mantenerse así, pues permiten operar con ellos y disimular negocios de diversa índole.
En tanto... un caso extraño el de Cristina Kirchner. Sorprende su "resiliencia", para usar una palabreja fea como ella sola pero de moda. Ella, Cristina, es multicolor, además de resiliente. Su saga por el mundo de la política suscita, y aun estimula, abordajes diversos. Habrá podido, alguna vez, soltar, en el fragor del debate verbal, una apresurada fonetización que el oído atento -como el de las hienas- quiso recoger como "oltri tempi". Y así, un conocido latinista que ejerce el periodismo, se pasó todo el año siguiente haciendo befa del inintencionado furcio, destacando que si no se había dado con la forma correcta (altri tempi) ello se debía, con toda evidencia, a la pura ignorancia de quien no podía ser sino precisamente eso, una ignorante. Pasó el tiempo y ahora el latinista de marras tiene que comerse groserías e insultos soeces provenientes del propio "presidente de la Nación", sin que atine a mofarse, ni por un segundo, de un "autor" de citas copiadas y -lo que es peor- sin que haya aprendido que aquella hablante que una vez pareció decir oltri tempi, jamás descendió a las bajezas que le propina hoy el plagiario. Su moral y la nuestra, tituló una vez Trotski.
El nuestro parece, a veces, un país espiritualmente liquidado. Lo favorece su ubicación geográfica: no es invadido y sometido por nadie porque queda lejos, pero cualquier otro pueblo habría podido hacerlo con sólo proponérselo. Bastaría con ofrecerles a los argentinos soluciones simplistas a sus viejos padeceres y la certeza de que, al cabo de un tiempito de rodillas, Dios recordaría que Él también es argentino. Un pueblo así no puede sorprenderse de que sus espectables se llamen, o se hayan llamado, Mauricio Macri, Alberto Fernández, Karina Milei o Sergio Massa.
Y así como un día votaron a eso que hay ahí, mañana podrán hacerlo por Cristina, sólo para manifestar la defraudada rabia de los impotentes como ya hicieron en 2023 sin pensar en las consecuencias. Como los inimputables, no pueden dirigir sus acciones.
La diferencia es que las consecuencias de votar a CFK o a Kicillof serían benéficas, aunque dos mangos aparte es el hecho de que ningún deus ex machina se hizo cargo nunca del destino de los que no tienen destino.
Un epifenómeno contundente del tipo de país que ha devenido la "gran deudora del sur" es que cualquier recienvenido, hasta un ex intendente de Carlos Tejedor, puede entrar a operar en el peronismo con el tolerado cometido de que el "Movimiento" abandone su "programa histórico" y lo remate en un trueque mafioso a cambio de hacer de un banquero el candidato de coyuntura. Esto sólo le puede servir a los que quieren que el peronismo vuelva a ser gobierno para acceder a lo que ser gobierno permite: cargos, cajas y vivir de la política.
Alguna vez pareció que la identidad peronista pretendía modelarse en torno a conceptos como soberanía nacional, país industrial y "trabajadores" como sujeto activo de unos excelentes propósitos.
También creí comprender, ya en el final, que entre el Chacho Peñaloza y Bartolomé Mitre las diferencias son de forma y no de fondo. Eso es lo que si no terminan de captar los peronistas, los llevará, recurrentemente, a confundir la libertad con el comicio y la soberanía con la bandera. Porque si no, después los calumnian y los derrocan con consenso.
Y también hay que dejar de idolatrar a un "soberano" embrutecido por siglos de actividad disolvente de quienes lo necesitan embrutecido fomentando el más crudo y venenoso egoísmo. El libre albedrío es el expediente frívolo que permite cargar sobre el individuo responsabilidades que son de la sociedad.
Si a la máquina de picar carne la tenemos lustrosa, limpia y lubricada, mucha gente va a venir con confianza a comer hamburguesas; pero no deja de ser una picadora de carne. Del mismo modo, si el Estado-Mercado funciona bien y sin déficit, muchos van a venir a hacer negocios, pero no deja de ser un Estado-Mercado en vez de uno que orienta y dirige la totalidad nacional hacia alguna meta plausible y benéfica (a los liberales no les gusta la locución "totalidad nacional"; le encuentran un cierto tufillo a Carl Schmitt; ellos prefieren un país dividido en parcelas políticas a la manera de un coro vocinglero y disperso de modo que cualquiera pueda aparecer de repente diciendo cualquier cosa; dicen que así gana la "libertad"; no lo dicen porque son tontos sino porque son demasiado vivos).
Todo esto es posible porque el espíritu está cediendo terreno a favor de la vulgaridad. Desde que el libro es una industria, se acabó la literatura. La reciente "feria" del libro, en Palermo, exhibió las últimas imágenes del naufragio. El naufragio es doble: naufraga el negocio del libro y lo hace también la literatura cuando deviene objeto comerciable en una feria. De la Flor(esa editorial que nos amamantó con generosidad cuando lo necesitábamos) se tuvo que ir a la quiebra, lo cual es un crimen de lesa imbecilidad imputable al "modelo". Cruzó un limite, ahí. Una raya roja. Se metió con la cultura, es decir, con lo único que nos puede conferir, si acaso importa, identidad y presencia en el concierto mundial. América Latina sigue siendo una cultura en busca de una política, como expresó una vez Abel Posse, y el aserto le cabe en particular a la Argentina. Pero, qué política se puede encontrar cuando no hay sujeto que busque...? El tipo condenó a muerte a eso que desprecia y no entiende. Pero el delito no es del tipo sino de los que "lo pusieron". Le hacen el juego los que lo aplauden. Y lo aplauden, incluso, "cineastas" devenidos panelistas de TV, todo al tono. Un canalla pequeño, un macramé pegado de apuro con engrudo vencido, una nimiedad sin sustancia, un pinocho feble, un zafio devaluado.
Sólo resta preguntarse si es una injusticia o nos lo merecemos.
"Se dispersan el día y la batalla deforme, y la victoria es de los otros" -todavía sigue hablando Borges por ahí-. Pero me asalta enseguida esta reflexión: adjetivar a la batalla de "deforme", es tener una percepción icónica de los conceptos. Como los pintores, en ocasiones Borges pensaba con imágenes; y en ese punto, ya no es el lenguaje el que decide sobre la verdad.
Por mi parte, desde que accedí a la comprensión del Dios de Spinoza, he sospechado que aquello que se reputa un hallazgo suyo ha consistido en aprovechar las inmensas posibilidades del raciocinio humano para elaborar una tautología. Pues no otra cosa que una tautología es identificar a Dios con una sustancia infinita dotada de infinitos atributos. Giordano Bruno, por otra parte, ya lo había dicho antes, no sé si mejor, pero antes.
Yo no pienso con imágenes. Todavía creo en el lenguaje o, como Robespierre, en la "diosa Razón". No sé hasta cuándo...
Se abogó y se sigue abogando por la destrucción del Estado cuando el Estado norteamericano le compra a Google todos sus modelos de bases de datos. Los inteligentes saben que el Estado es imprescindible para gobernar. Otros, ni lo sospechan. En cualquier caso, las "big tech" no vinieron a beneficiar a la humanidad sino a enriquecerse a como dé lugar, y a algo peor, para lo cual se ponen al servicio de una potencia para que ésta pueda vencer en el terreno militar y vigilar la privacidad de los que serán controlados y sometidos, nosotros. Google acaba de anunciar que ha dejado de existir lo que ya se sospechaba que no existía: la separación estricta entre las tecnológicas y el Estado.
El "cálculo económico" fue un invento de Mises contra la planificación económica. Los chinos han logrado el imposible de unirlos en un alarde de heterodoxia tan misterioso como impredecible. Los chinos meten miedo. A propósito, releer en este mismo medio una nota de Rodolfo Laffitte referida a la estación espacial china de Las Lajas, creo debería ser casi obligatorio.
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