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Columnistas
03/05/2026

Inteligencia

Inteligencia | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Algunas opiniones básicamente urbanas, a manera de pensamientos alienados, están instalando ideas equivocadas con premeditación y alevosía.

Luis Grisolía

Por qué será que, en nuestro mundo actual, marcado por múltiples crisis climáticas, sociales, culturales y económicas las ciudades se consolidan como el espacio donde se define el rumbo del pensamiento de millones de personas.

Está claro que allí donde se amontona el 90% de las poblaciones, se administran los medios de información, pero ¿habrá algo más detrás de esta patológica dictadura de las opiniones, cuya validez debería preocuparnos bastante?

Además, es justamente en nuestros nodos urbanos, donde desde los 70, se vienen instalando falsedades lingüísticas, con total naturalidad y aceptación.

Así aparecen algunos escenarios como el porteño argentino de CABA, donde se le dice “luz” a la electricidad, “bondi” y “micro” a los ómnibus, “complejos” a los conjuntos, en un ambiente donde se considera “deportista” a un tipo que paga el 10% de sus ingresos para ver desde una tribuna como juegan 22 vivarachos a sueldo.

En ese lenguaje cotidiano, se mal denomina “justicia” al aparato judicial y también “inteligencia” al rol de algunos organismos estatales especializados en recopilar, analizar y explotar información —pública o secreta— para anticipar riesgos y apoyar la toma de decisiones estratégicas del sector gubernamental, en materia de política, seguridad y defensa; logrando que nos olvidemos que, la inteligencia es en realidad la capacidad mental para razonar, resolver problemas, pensar de modo abstracto, comprender ideas complejas, planificar y aprender rápidamente de la experiencia, en lugar de vigilarnos y alcahuetear a los poderes malintencionados.

Justamente por estos días se debatió en Neuquén el impacto de la Inteligencia Artificial en el trabajo y la vida cotidiana, en un evento donde algunos especialistas en tecnología reflexionaron sobre las nuevas herramientas y su rol en el Estado, las empresas y la vida cotidiana de las personas; justamente allí donde esas nuevas herramientas avanzan con fuerza abrumadora, generando tanto entusiasmo como incertidumbres.

Estudiantes universitarios y profesionales se reunieron para escuchar los oradores que abordaron un amplio abanico de temas, incluyendo la optimización de la administración pública, el desarrollo de nuevos talentos y hasta ciudades inteligentes como la experiencia de Curitiba, en Brasil.

Los paneles trataron el desarrollo de soluciones tecnológicas para potencian la productividad, cerrando con una reflexión sobre el impacto causado en la vida cotidiana por la aplicación de las últimas herramientas vinculadas a la Inteligencia Artificial, donde el presidente de la Sociedad Argentina por la Inteligencia Artificial (SAIA), nos aseguró que "el cambio ya llegó" y será cada vez más visible porque "va a entrar en todos los órdenes de nuestra vida".

Se reflexionó sobre el rol de la tecnología para optimizar los procesos dentro del sector público y contar así con ciudades y reparticiones públicas más eficientes y en mayor contacto con la ciudadanía, como el caso Curitiba, zona metropolitana de Brasil, premiada hace tres años como la ciudad más inteligente del mundo y que por la recolección constante de indicadores y el entrecruzamiento de información ha mejorado todos los aspectos en la vida de sus ciudadanos, desde el control de epidemias hasta la accesibilidad de los vecinos a la salud, la educación y el entretenimiento.

También se aportaron algunas claves para adaptarnos a este mundo en constante transformación con herramientas que van a servir y nos atravesaran a todos, donde la clave es ver cuál es la que ayuda y nos potencia sin reemplazarnos. Pero como no todo podrá ser automatizado, será fundamental el uso crítico de las tecnologías que vienen.

Quizá una prueba evidentemente sugestiva sea el desembarco, hace una semana en Buenos Aires de Peter Thiel, un especialista en inteligencia global, que nos propone entregar nuestra soberanía digital a una de las empresas más opacas y peligrosas del sector, porque ve en nuestras instituciones democráticas un estorbo para el despliegue del poder computacional y su control autoritario.

Para el “inteligente” Thiel, la tecnología no debe servir a la política, sino superarla. Su visión propone un mundo donde los Estados se gestionen como corporaciones y los derechos ciudadanos sean reemplazados por una eficiencia algorítmica dictada por las élites tecnológicas. Él recomienda un estado sin contrapesos democráticos que sea, además, el cliente ideal para quien vende infraestructura de vigilancia, demostrando que el accionar de nuestros funcionarios de “inteligencia” está gestionando desembarcos para penetrar el sistema de seguridad nacional con decisiones que dependen del aparato diseñado para servir a los intereses geopolíticos de la administración yanqui.

Hoy, actualizando nuestras ideas, teorizamos que la “Inteligencia” artificial sirve para simular capacidades cognitivas humanas —como aprender, razonar, percibir y resolver problemas— a través de sistemas informáticos, pero en realidad hasta ahora solo hemos constatado que automatiza tareas repetitivas, y analiza grandes volúmenes de datos rápidamente, mejorando la toma de decisiones, potenciando la creatividad y sobre todo: optimizando procesos en diversas industrias, colaborando activamente para que perdure, (como el elemento más fuerte de la decadente hegemonía estadounidense) el “estilo de vida americano”, especializado en la proliferación de centros comerciales urbanos, donde todo es una mercancía, todo tiene un precio, todo se vende y todo se compra.

En pocas palabras, este sería el diagnóstico rápido de esta enfermedad que aqueja nuestra propia Inteligencia, claro que ahora quedará en nuestras manos la adopción y aplicación de la medicina más adecuada.

29/07/2016

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