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Postales de un país insólito: el "caso $Libra" duerme en la fiscalía Taiano mientras que su mellizo, el caso "Adorni", padece de insomnio en las oficinas de los magistrados intervinientes, el fiscal Pollicita y el juez Ariel Lijo, que han avanzado en la respectiva investigación como el enemigo realista según la marcha de San Lorenzo, esto es, a paso redoblado.
Para desazón de Adorni y Sra., por cierto.
A su vez, puede constatarse que la Jefatura de Gabinete, en la Argentina, ha sido fuente fecunda de desaguisados institucionales llamativamente alejados de los buenos propósitos que enunciaron los constituyentes del '94 cuando incorporaron el instituto a la Carta Magna: preservar al Ejecutivo de los vaivenes políticos de la coyuntura abstrayendo al Presidente de las borrascas cotidianas mediante la instalación, en ese sitio donde fermentan las borrascas y dormita el trueno, de un funcionario subalterno pero suficientemente jerarquizado como para que la original intención protectoria resultara eficaz en la práctica. El titular de ese inhóspito espacio institucional, así, fue nominado por la CN, "Jefe de Gabinete de Ministros" (capítulo IV, art. 100, CN). Y que no ha servido para preservar al Ejecutivo es un hecho que surge del ayer inmediato tanto como del acontecer cotidiano, en que el desprestigio de Adorni contamina no sólo al Presidente sino también a su hermana, una señora a quien le costará hablar en público pero gobierna; y no sólo gobierna sino que parece tener más poder que Mazarino con Luis XIII, según dicen los que la conocen o dicen conocer los entresijos del poder.
El caso es que el audaz cazurro salió airoso del trance o, por lo menos, mejor de lo que anunciaba el pronóstico. Quienes debían poner en apuros al "Premier" Adorni no estuvieron, a lo que pareció, a la altura del desafío. Tal vez faltó un "Gordo Baglini" allí, o un "Chacho” Jaroslavski para que de esta comparecencia resultara algo de relevancia para el expediente judicial o, cuanto menos, para el nocáut político. Parecen escritas hoy estas palabras del constitucionalista González Bergez: "...El invento (la jefatura de gabinete) no servirá para nada, como no sea para ampliar el tinglado de la farsa y quitar seriedad a la Constitución" (Sabsay y Onaindia; Comentario y análisis del Texto luego de la reforma del '94, p. 358).
En línea con esa argumentación, debería saberse que si se suprimiera la Jefatura de Gabinete y toda la camándula de funcionarios y funcionaretes que reptan en su derredor, el ahorro para las arcas el Estado sería más que significativo. Tal “jefe” de ministros, en la práctica, es un ministro más, por completo bajo la dependencia funcional, orgánica y política del Presidente. Los gastos que irroga esa insensatez podrían incrementar el presupuesto de políticas sociales, por caso, y ahí sí que se notaría. Una boca menos sin hambre o con techo harían la diferencia. Aunque fuera una sola. En su momento lo advirtió González Bergez: “…(la Jefatura de Gabinete) no servirá, por cierto para acotar siquiera un poquito las atribuciones del Presidente, que después de la reforma convenida será más poderoso que nunca…” (v. Sabsay y Onaindia; ibídem).
El caso es que son demasiadas las anomalías que se viven en este país como para que la “cruzada” argentina no resulte por lo menos original. Y no se trata, sólo, de lo que acontece dentro del sistema político sino también en su exterior y dentro de la sociedad civil. Por caso, acaban de anunciar los medios, ante el estupor general, que a los argentinos de bien se les ofrece carne de burro (y por qué no, en un país tan "woke" como el nuestro, también de burra). Así como suena y se lee. "Todes" vamos a degustar lo que hemos merecido luego de entretener nuestros ocios, durante años, en demostrarle al mundo cuán de avanzada éramos y que si no nos declarábamos derechos y humanos era para no confundir los tantos, pero que así nos sentíamos.
Esto es lo mismo que decir que perdimos el tiempo, un tiempo precioso, como son todos los tiempos de la política.
Y el asno, su carne y Adorni han devenido emblema de un fracaso que nos interroga por lo que ocurre y por lo que viene.
Lo que ocurre es que han empezado a aparecer en la ciudad de Buenos Aires unos festivales musicales convocados por la seccional Argentina de la iglesia de León XIV. Al parecer, sale al frente la Iglesia, preventivamente, para adelantarse a potenciales incendios, y la institución religiosa hace esto cada vez que advierte que el desamparo, la desazón y la angustia cotidiana de la grey pueden estar incubando tragedias en las que, sin orgánica ni brújula, el que pierde es siempre el rebaño de los humildes de esta tierra. En suma, monseñor doctor Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, ha tomado nota de la significación simbólica del inaudito acontecimiento: se le ofrece al pueblo alimento de cuarta en sustitución del que proviene del buen ganado argentino que se apacienta en la Pampa Húmeda, tan extensa y tan ajena como siempre esa Pampa. Si lo hubieran hecho los peronistas habrían dicho que se trataba de "mala praxis".
Y lo que viene es octubre de 2027. Y lo que queda es el peronismo, magullado ytouchée hasta la cuasiextinción. Pero decir peronismo es decir "Cristina y Axel", lo demás hoy no existe. En cualquier caso, el año que viene debería alumbrar una felicidad, a saber, una CFK "eligiendo" a Kicillof como candidato. Es un flaco servicio que se le ofrece al pueblo argentino descalificar al gobernador de Buenos Aires diciendo que la ex Presidenta "lo puso" ahí, como dice Mayra Mendoza con insistencia digna de mejor causa. En rigor de verdad, ella no puso a nadie en ningún lado, sino que se limitó a hacer lo mismo que hacía Juan Perón a la hora de exhibir ofertas electorales: elegir a dedo limpio a los postulantes, lo cual no está ni bien ni mal, sino que es el modo de funcionamiento de todo sistema político demoliberal conocido, por lo menos en la Argentina. Hay, empero, partidos políticos que se ufanan de su "democracia interna". Son, casualmente, los que no ganan nunca.
Contra lo que podría suponerse, una “Paso” entre Massa y Kicillof no mejoraría las credenciales democráticas del peronismo; sólo sería vista como más “cambalache” por un votante cansado y con intereses lejos de ahí. En cambio, un pronunciamiento de CFK a favor del gobernador (soñar no cuesta nada) potenciaría, en términos electorales, el valor que de suyo tienen la reconciliación y la unidad que, de paso, es lo que necesita y pide a gritos “la gente”.
No nos hacemos ilusiones, sin embargo. Hay mucho enojo en medio. Y encontrar diferencias conceptuales entre la ex presidenta y el gobernador es más difícil que hallarlas entre el Partido Obrero y el de los Trabajadores Socialistas (PTS), no obstante lo cual, el encono entre aquéllos, bien afirmado en el rencor, prevalece y perdura aun a despecho del daño que le infligen a la causa que dicen defender. Pues, ¡caramba!, desde que Rabin se abrazó con Arafat y Mitterrand con Pompidou, toda perseverancia en el recelo ha devenido, más bien, insensatez propia de orates o de irresponsables. Porque así, gana Milei, ahora y el año que viene.
El peronismo, a todo esto, será socialdemócrata o no será nada. Y Kicillof o la propia señora de Kirchner, no harían, es de presumir, en caso de acceder al gobierno, otra cosa que diagnosticar -muy razonablemente- que el "déficit fiscal" es una mochila de piedras que impide gobernar al más pintado, de modo que a no hacerse los rulos con una eventual recidiva peronista en la administración de la cosa pública. Se acabaron los facilismos, y un peronismo redivivo no haría otra cosa que lo humanamente posible que, por otro lado, es lo que está en su adn. Criticar al peronismo por el discurso de Perón en la Bolsa de Comercio es un anacronismo sólo vigente en el insensato magín de, por caso, un trotskista empedernido. Pues resulta tan necesario para todos cuantos sufrimos la estafa Milei -como vital para los intereses nacionales- que el peronismo vuelva a gobernar. Y aquí empiezan a aparecer los problemas, pues Jaldo y Jalil no han cejado en su ambición de ser considerados peronistas, y un dirigente de peso como Miguel Pichetto les da la razón y los pretende incorporados al frente “de centro” que se halla gestando junto a Emilio Monzó, habrá que ver todavía si con la aprobación de CFK o con su anatema. Rarezas de la dialéctica: el éxito de la "amplitud" de Pichetto, haría más pequeño al peronismo porque lo dividiría frente a su liberal enemigo histórico y ya no sería necesaria la calumnia del trotskismo en sus diferentes sabores para desprestigiar el programa socialdemócrata y "burgués" de, por caso, un Kicillof candidato. Porque, hay que saberlo desde ahora, existen varias trincheras "de izquierda" que, ni bien las cosas entren en modo campaña electoral, serán convocadas a todos los paneles televisivos de la derecha siempre preocupada por el pluralismo y la libertad de expresión, faltaría más.
Carne de burro (y Adorni) mediante, el diálogo que consignamos a continuación ocurrió de verdad aunque no se sabe con certeza si fue en el infierno o en el paraíso terrenal:
-Mire, Roca -dijo Perón-, con la bosta de vaca puede hacerse mucho, menos sentarse sobre ella... Ud. podrá fundar un país, incluso una nación, pero lo que viene después sólo puede administrarse con mis métodos. Con los suyos, perdemos todos, sobre todo ustedes. Créamelo...
-Sea, dijo Roca. Pero... ¿y después de ustedes...?
-Eso no lo sé, ni tampoco importa mucho. En el largo plazo vamos a estar todos muertos, así que no es asunto nuestro, ¡Cuánta razón le asistía a Keynes...! ¿no le parece, general...?
Dos datos emergen con propulsión propia de todo el berenjenal político, tanto del que tiene al engañado pueblo argentino como módico protagonista de su no menos módica historia particular, como del que hace de la humanidad sujeto universal en despliegue espiritual perpetuo.
El primero de esos datos exhibe la ruindad en modo fuga practicada avant la lettre por unos "libertarios" que advierten síntomas de naufragio y empiezan a practicar crol y mariposa de apuro. El “biógrafo” hizo punta, aquí.
Hay muchos que son carne de burro, no sólo los que se exhiben. No tienen honor y su raciocinio es débil. Aspiran a abandonar, no sólo el barco sino, sobre todo y a como dé lugar, la marginalidad en la que nacieron. Aparecieron después de mil frustraciones nacionales cuyas responsabilidades históricas, a esta altura de la soirée, deben ser compartidas incluso con unos insensatos que, en el origen de los tiempos, se sentaron sobre la bosta de vaca a disfrutar de sus heredades. Milei, en última instancia, y como opción de emergencia, es hijo de sangre del país pastoril que fundaron los liberales. No hubiera prosperado en un país industrializado.
Pero lo que hay que saber desde ya es que cualquiera sea la alternativa de un peronismo eventualmente ganancioso en 2027, el dilema sería de fierro. No se puede gobernar con déficit fiscal pero ese déficit no se elimina por el lado del gasto sino por el de los ingresos. Superávit con motosierra es la receta de los rudimentarios o de los malvados. Los ingresos fiscales superarán a los egresos sólo si se inventa y aplica un programa que produzca y exporte valor agregado, algo que sólo será asequible con un programa industrialista. El punto sería: basta de alucinar con que la minería y la soja nos van a deparar prosperidad. Optar por el país primarizado es optar por las causas que condujeron al fracaso.
Empezar recuperando la concepción de "Estado presente", de eso se trata. Pero ese Estado, si quiere estar presente para financiar las universidades, la escuela, la ciencia y la tecnología, los hospitales públicos y los medicamentos, tendrá que convencer a los grandes contribuyentes, que no son gentes precisamente altruistas sino que, más bien, tienden a victimizarse diciendo que sufren una "presión impositiva" agobiante que, además, impide la inversión, pues -preguntan retóricamente- ¿quién va a venir a "invertir" en un país en que el Estado te roba con impuestos todo el tiempo...? Un sofisma… y una monada el círculo rojo, que ya está cayendo en la cuenta de que no hay más margen para experimentos con ningún marginal y empieza a mirar a Sergio Massa con ganas de perdonarlo.
Y algo más complicado esperaría todavía a un eventual nuevo gobierno de signo opuesto al actual. En el escenario global, el progresismo ha empezado a desperezarse después de una larga siesta impuesta por las circunstancias. Y emerge como líder de ese progresismo global un hombre que le puso el pecho a las balas y a los crímenes perpetrados a dúo por Israel y EE.UU. en Medio Oriente, y que también cultiva excelentes relaciones nada menos que con un individuo sospechado de volar oleoductos y organizar atentados de falsa bandera (Bucha), además de robar dinero europeo en descampado y en banda con secuaces de pelaje filonazi. Pedro Sánchez, con todo lo bueno que está haciendo en Europa, no deja de ser un rusófobo irredento afín a Zelensky y eso, hoy y en este mundo, es, además de un quebranto ético, un error político a largo plazo. La "amenaza rusa" ha devenido espantajo que agitan las burguesías europeas que necesitan -como Israel en su caso- contar siempre con un "peligro existencial" disponible para legitimar sus presupuestos dedicados menos al gasto social que a la guerra, con lo cual, de paso, consolidan sus posiciones -como burguesías- al interior de sus propios países. En lo inmediato, se dibuja una fuente de futuros conflictos ahí, que atravesarán al progresismo a escala global.
El largo plazo, en cambio, ese en el que vamos a estar todos muertos, nos remite a la fisonomía que parece configurarse como teatro de operaciones de una humanidad azorada y al borde del caos. No recuerdo ahora si fue Mark Fisher, el maestro Jameson o Zlavoj Zizek quien perpetró la melancólica sentencia de que era más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Pero el caso es que a mí me ocurre lo contrario: no tengo la menor idea de cómo puede ser esta placental esfera en que vivimos luego de que las bombas nucleares o un asteroride en llamas golpeen contra el planeta, pero me parece evidente que la realidad se halla suministrando ya unos indicios de cuál podría ser la configuración futura de una globalización que vino para quedarse pero se encontró con que la universalización de la forma mercancía traía nuevos problemas políticos bajo la forma de una tensión de opuestos que estamos ya sufriendo hoy: experimentos fascistoides vergonzantes que viven incómodos en el pluralismo, la democracia y los derechos humanos, versus una formación global borrosamente iluminista y ambigua hasta la exasperación que abreva en un ayer definitivamente cancelado que se llamaba socialdemocracia pero que aún conserva, de ella, alguno de los rasgos identitarios con los que irrumpió a fines del siglo XIX como alternativa al comunismo de cuño leninista.
Fascismo y socialdemocracia, pues, serán los nombres que podrían configurar, de cara a un futuro que ya pugna por hacerse presente, una nueva tensión de opuestos que también será superada como consecuencia de su potencial anacronismo y, por ende, de su propia inviabilidad histórica. Las derechas europeas se radicalizan y no dejan nada a su derecha y por eso cuando sufren impugnaciones, éstas provienen del progresismo.
Pero Trump y Pedro Sánchez tienen, a pesar de que son sus diferencias las que hacen ruido hoy, unos puntos de encuentro sustantivos: su hábitat natural es la globalización capitalista, es decir, la extensión de las relaciones de producción capitalistas a todo el orbe humano. Este proceso, a su vez, puede gestionarse en el modo autoritario y violento que busca la hegemonía para un solo actor o -con las suaves formas de la democracia- en modo multipolar, que es el modo socialdemócrata de administrar los asuntos globales, o lo será por un tiempo: el que le insumirá exhibir, a su turno, a esta socialdemocracia "post", que sigue coja en un punto clave: se hace la sorda en el capítulo referido al ursprung del capital, es decir, a su origen. Y no será de la noche a la mañana que morirán estos nuevos cruzados de la prolongación del capitalismo punto.com. Ni será, tal vez, una muerte violenta. Todo insumirá más tiempo del que nuestros razonamientos pueden concebir hoy. Pero, si es así, esa muerte será NOT WITH A BANG, BUT A WHISPER, id es, lo que formuló la poesía (Eliot): no como una explosión, sino como un sollozo. El último aliento del moribundo siempre es un lánguido susurro.
Desde la transitoria capital del capitalismo,Tel Aviv, Netanyahu ha guionado y Milei repetido, hace un par de semanas, que "el marxismo es diabólico". Y esto no es nada. Los querría ver cuando llegue el turno del PCCh para aplicar las últimas compresas de bálsamo sobre la frente del moribundo, que más vivo parece y más daño hace cuando presiente.
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