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El gobierno de la Libertad Avanza atraviesa un mal momento. Si creyéramos en la astrología diríamos que los astros se han alineado en su contra, tanto en el plano interno como en el externo. Veamos en detalle:
En el plano interno la lucha contra la inflación fue su principal bandera, su caballito de batalla. A fines del año 2024 el presidente sostuvo que el país debería transitar el purgatorio de la inflación por lo menos durante un año y medio; entonces escribió: “… esperamos que para mediados de 2026 la inflación sea sólo un mal recuerdo en la vida de los argentinos”. Los datos objetivos, generados por el mismo gobierno una vez achicados por la utilización de una canasta de bienes obsoleta, lo contradicen, según puede verse en el siguiente gráfico, con el índice aumentando mes a mes:

Incluso llegó a decir que “…esto no es inflación estrictamente. Es que pegó un salto el nivel de precios…” (14-4-26), como si la inflación fuera otra cosa que el aumento generalizado del nivel de precios.
Como se puede ver en el gráfico, la inflación no tiende a convertirse en un recuerdo, sino que lleva 11 meses creciente, hasta llegar al 3,4% de marzo, que justifica plenamente la nueva estimación del FMI de una inflación para este año superior al 30% y, obligadamente, lleva a recordar que, en el año 2015, último de Cristina Kirchner, sin que hubiera ajustes, la inflación media fue del 1,6% mensual.
Al fracasar el objetivo de “matar” a la inflación, pierde sentido sostener los costos adicionales a esa lucha: “planchar” al tipo de cambio, impedir aumentos salariales, abrir sin ningún control las importaciones para competir con la producción nacional, ajustar permanente el gasto, lo que lleva a paralizar la obra pública y a suspender el mantenimiento de la infraestructura, por ejemplo las rutas, a la destrucción de la salud y educación pública, a la parálisis de la investigación científica, etc.
Todo ello tiene un elevado costo social que se traduce en cierre y quiebra de empresas (desde diciembre del 2023 son 24.180 empresas y casi 300.000 puestos de trabajo), aumento de la desocupación e informalidad laboral (43% del total), con sueldos y jubilaciones que han perdido parte de su poder adquisitivo. La caída económica se oculta tras el aumento del producto energético, la recuperación del agro y de la actividad financiera, rubros de relativamente poca demanda de mano de obra, mientras caen aquellas que dan ocupación, como construcción, industria, comercio y turismo.
En el sector externo el panorama no es mejor. Argentina es un país irracionalmente endeudado por los gobiernos neoliberales, fundamentalmente Macri y, en lo que pudo, Milei, que aumentaron la deuda externa un 66%, con los vencimientos concentrados en el corto plazo. Debido al riesgo país elevado, que se traduce en sobretasas de interés por créditos en el mercado financiero, es muy caro recurrir al mismo para afrontar las obligaciones de pago en moneda extranjera. En su reemplazo se requiere generar cuentas corrientes positivas de la balanza de pagos, lo que implica aumentar las exportaciones y reducir y controlar las importaciones. La política seguida por Milei es exactamente la contraria: para controlar la inflación mantiene un dólar subvaluado (que fomenta las importaciones en desmedro de las exportaciones) y la eliminación de controles y reglamentos para la importación de bienes que se fabrican localmente; la cuenta corriente de la balanza de pagos del último año no solo no dio positivo, sino que muestra un aumento del endeudamiento en 7.600 millones de dólares.
Para medir el atraso cambiario usualmente se usa el balance turístico, muy sensible a las oscilaciones del tipo de cambio. El siguiente cuadro, tomado del informe de C.E,P.A de enero de este año, es muy elocuente al respecto: en todo el período del gobierno de Milei ha sido altamente negativo, lo que implica no sólo salida de divisas del país sino una situación crítica para la importante actividad turística del interior.

Se ha calculado que, dado las obligaciones de pago asumidas, existe la necesidad del Tesoro de ahorrar 1.250 millones de dólares mensuales hasta el año 2027 inclusive, lo que está totalmente alejado de la política económica seguida; en lugar de acumular divisas se ha preferido confiar ciegamente en los milagros de “san” Trump, sus “salvamentos” y sus presiones en los organismos internacionales para lograr los “perdones” y las renovaciones de deuda al vencimiento. Se vive así al borde de la crisis externa.
Por otro lado, explica la desesperación por obtener financiación (nueva deuda) ya sea del FMI o de los mercados financieros. Y también la razón de la llamada “Ley de Inocencia Fiscal” (Ley 27.799), reglamentada a principios de este año, que permite regularizar dólares no declarados (guardados bajo “el colchón”) con su simple depósito bancario. Sin embargo, la ley no ha logrado cumplir su cometido; según la información trascendida, el sector de la población con capacidad de ahorro continúa con la misma tendencia manifestada a partir de abril del 2025 y que muestra su desconfianza respecto al mantenimiento de la política cambiaria dolarizando sus ahorros (aprovechando la subvaluación del mismo) y tal como muestra el gráfico 3 (también tomado del informe de CEPA):

En resumen, vivimos la conjunción de una situación interna de “estanflación” (estancamiento económico con inflación) junto a una situación externa crítica, precisamente en momentos que se transita un período de pérdida del consenso social por cuestionamientos éticos y crisis política (caso pesos-libra, discapacitados, viajes y propiedades de Manuel Adorni, préstamos del Banco Nación y enfrentamientos internos entre sectores oficialistas) que hace que muchos “huelan” próximo, para 2027, un fin de época.
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