-?
Primerear en política tuvo hasta hace poco su mérito. Salir primero para una próxima contienda electoral se cree que impacta favorablemente. Mejor aún que salir cuando lo hacen simultáneamente el resto de las formaciones políticas. Claro que esa impresión no sirve para imponerse, pero suma.
La gestión de Pichetto, hoy político de un indeterminado partido, llama la atención toda vez que es el primero que intenta imponer públicamente su aspiración política a ser presidente de la fuerza popular en la que militó. En un segundo intento aparece como el recolector de los fragmentos del peronismo, para ser pegados para una presentación integral total o parcial de esa fuerza, que Pichetto lideraría.
Apela, entre otras cuestiones, a un presupuesto básico para conseguir la unidad: el perdón de todos los desvíos que hasta el día de hoy consintieron los dirigentes peronistas, gobernadores, intendentes y legisladores, en la aprobación de las leyes de Milei en el Congreso.
Es tan necesaria la iniciativa de Pichetto que ante tanto vacío opositor se está tentado de apoyarla. Sin embargo él está ubicado entre los “pecadores” por lo tanto merecerá el perdón que pareciera pregonar a favor de todos los otros.
A esta altura es tan necesaria una figura en la oposición al anarco capitalismo, aunque desde el análisis no se sabe cual es la formación, distinta del peronismo, que podría presentar una alternativa en esa función.
Podrá haber muchas líneas internas en el peronismo pero lo de Pichetto no deja de ser positivo, cualquiera sea la clase de unidad que se concrete, más a la derecha o más a la izquierda. Es esencial volver a la Constitución y romper la situación de rehén del Parlamento que armó el gobierno, reduciéndolo a un toma y daca que lo desvirtúa sin gravitar en el necesario equilibrio de poderes
Bienvenida la gestión del diputado nacional en la medida que logre juntar la mayor parte en la que está fragmentado el partido popular.
No obstante cabe preguntarse si Pichetto tiene la autoridad suficiente para llevar adelante esta misión. Su zigzagueante adhesión y devaneos con la ultraderecha lo desubica porque no supo prever el desastre de la gestión Macri y tampoco el de la gestión Milei, que finalmente desechó su eventual colaboración .
Todo podría perdonarse si la elección de los candidatos, como sostiene, se efectúa mediante una elección interna abierta (Paso) en la que puedan participar todos los sectores.
A partir de aquel desaire de Milei, nace en Pichetto la iniciativa de la gestión unidad en el peronismo. Lo hace a favor de su exposición pública como legislador y viejo dirigente a lo que le resta, como queda dicho, su vacilación reciente. Igualmente de no haber mediado la derrota del peronismo en octubre pasado que dejara una endeble oposición, no hubiese tenido esta oportunidad de ubicarse como mediador ad hoc para colaborar en la rehabilitación del justicialismo.
El perfil ideológico de Pichetto se parece al de un legendario conservador. Pregona el orden antes de hablar de la reparación social pero pregona el respeto institucional antes que la discrecionalidad destructiva del mileismo. No es poco para arrancar. Se trata en suma de un hombre hecho para la política que se anima a tejer con las madejas enredadas.
Se supone que la unidad de otros sectores aportará los matices que configuren una fuerza popular renovada, porque no alcanza la prolijidad administrativa como programa para reparar el estado en que quedarán la mayoría de los distintos sectores de nuestra sociedad al cabo del gobierno de ultraderecha de Milei.
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite