-?
Hoy es el día internacional de la mujer trabajadora, instituido como tal por la ONU en 1975; la idea inicial corresponde al congreso de mujeres socialistas de 1910, en homenaje a mujeres muertas durante una huelga en Nueva York dos años antes, y es un día de lucha por la igualdad de derechos, que paulatinamente se va convirtiendo en día de celebración por lo obtenido, pero que deberá seguir siendo de lucha hasta lograr lo que falta para la verdadera paridad de géneros y erradicación de la violencia contra la mujer, de alerta para evitar retrocesos y de memorización de historias protagonizadas por mujeres dignas de ser recordadas.
Existe infinidad de ellas, muchas prácticamente desconocidos (y otros deliberadamente olvidadas); por ejemplo, entre las primeras está el caso el caso de doña Mancia Calderón y su “cincuenta chicas”, jóvenes que en el siglo XVI arriesgaron todo, incluso la vida, en búsqueda de amor y futuro, historia que cuenta Félix Luna en “Historia integral de la Argentina” (1995), tomo 1, pg.211 y siguientes, y que hoy tratamos de rescatar.
Antecedentes: La figura del adelantado fue creada en España durante la guerra de reconquista territorial contra los moros, y fue utilizada en América durante el siglo XVI; el primer adelantado para el río de La Plata fue Pedro de Mendoza, primer fundador de Buenos Aires, que firmó la capitulación (contrato entre el Consejo de Indias y el nuevo adelantado) en 1534. Con él vinieron, entre otros, Domingo Martínez de Irala y Juan de Salazar de Espinoza; este último encabezó una expedición que en 1537 creó un fuerte militar a orillas del Río Paraguay que, con los años, dio lugar a la ciudad de Asunción (la fecha de fundación como ciudad es el 10-9-1541 en que el gobernador, Irala, creó al cabildo).
Como es sabido, el intento de Mendoza fracasó y, cuando volvía a España, murió. Gran parte de los sobrevivientes de esa expedición se trasladaron a Asunción, gobernada por Irala. Allí los conquistadores establecieron un régimen de trabajo casi esclavo para los varones guaraníes y de sometimiento sexual para las mujeres, donde la poligamia era habitual; por ejemplo, Irala se casó con siete hijas de distintos caciques guaraníes, con los que hizo pactos de tipo político.
La mayoría de los colonizadores parecían convencidos de que la misión del europeo era el ocio improductivo y el poblamiento de la región con mestizos, tareas a las que dedicaron con entusiasmo casi todo su tiempo; a Asunción se la conoció como el “paraíso de Mahoma”.
De esta época es la rebelión de Juliana, una india que mató a su amo español, con el que tenía varios hijos, e hizo un llamado a las demás mujeres guaraníes para que hicieran lo mismo, rebelándose contra la esclavitud sexual a la que eran sometidas. Posiblemente sea esta la primera proclama de rebelión (1541) de los pueblos originarios en este continente, también protagonizada por una mujer, pero esta es otra historia.
Unos 10 años después del fracaso de Mendoza y de funcionamiento del “paraíso de Mahoma”, la corona nombró al segundo adelantado, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que armó una importante fuerza; llegado a Santa Catalina (en la actual Brasil), la dividió en dos: una parte se dirigió a Buenos Aires (no sabía que ya no existía) y la otra (él con 250 hombres) se encaminó a pie hacia el oeste, en búsqueda de Asunción; tardaron 5 meses en atravesar bosques y selvas, atravesaron caudalosos ríos y descubrieron (para los europeos) a las cataratas del Iguazú. Llegado a esa ciudad, intentó terminar con esa experiencia y normalizar la situación, pero hubo un amotinamiento militar y lo destituyeron; gracias a Irala salvó su vida, pero lo mandaron de vuelta a España, junto a los detenidos cabecillas de la rebelión.
Alvar Núñez murió pobre y olvidado y España conoció la existencia del “Paraíso de Mahoma”.
Mancia Calderón: En 1547 fue designado 3° adelantado Juan de Sanabria, el esposo de Mancia. Ella estaba convencida que el escándalo del “paraíso de Mahoma” existía porque en América faltaban mujeres cristianas solteras, cuando en España el problema era el inverso: la falta de hombres jóvenes. Así que, mientras él armaba su expedición, ella reclutó a una cincuentena de mujeres, algunas de ellas esposas o novias de hombres que habían viajado anteriormente, pero la mayoría jóvenes y solteras dispuestas a formar hogar en América.
En el ínterin murió Juan de Sanabria y como en esa época era impensable la designación de una “adelantada”, consiguió que nombraran cuarto adelantado a su hijastro, Diego, de 18 años, que no tenía interés ni carácter para esa aventura. De todas formas, la jefatura era de Mancia y nadie dudaba de ello (inclusive, en la orden real, se la autoriza a actuar como coadelantada mientras Diego fuera adelantado). La acompañaban sus tres hijas menores (la mayor de 14 años) y, como tesorero real, Juan de Salazar de Espinoza, el fundador del fuerte de Asunción.
La odisea. El 10 de enero de 1550, partieron en tres naves. En la primera, Diego y parte de la gente; en la segunda Mancia y sus “chicas” y, en la tercera, el resto de la expedición. Ante la primera dificultad, Diego debe haber recordado que se le había quedado un trámite pendiente en España, así que pegó la vuelta; según algunos autores, esto no es cierto y lo que ocurrió es que los vientos lo desviaron y terminó en el mar Caribe. De todas formas, Mancia decidió continuar con las dos naves restantes.
El viaje duró nueve meses y tuvieron que soportar varias tormentas, algunas muy fuertes, e, inclusive, un ataque corsario. Finalmente naufragaron y, sin víctimas, llegaron a la isla de Santa Catalina, en el sur de Brasil, donde descansaron unos meses y luego decidieron ir a Asunción por tierra, siguiendo el camino hecho por Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Recorrieron más de 1.100 kilómetros a pie, en partes abriéndose camino con machete en la selva, hasta que llegaron a territorio guaraní y donde, en las distintas aldeas, fueron bien recibidas. Varios meses después de partir de Santa Catalina, arribaron a Asunción.
La mayoría de las jóvenes se casó y dejaron una numerosa descendencia, Uno de los cónyuges fue Juan de Garay, luego fundador de Santa Fe y Buenos Aires; en la expedición lo acompañó su hijo, del mismo nombre, que después fue Corregidor del cabildo porteño.
En Asunción, muerto el gobernador Irala, lo sucedió su yerno, Francisco de Vergara quien, al igual que el resto de la población, estaban preocupados por el aislamiento y la falta de comunicación con España. En estas condiciones, la mayoría de las familias, encabezadas por el gobernador y el obispo y entre los que iba Mancia y su familia, organizaron un éxodo masivo hacia Lima (1564): una marcha de unos 2.000 kilómetros atravesando el Chaco paraguayo.
A raíz de esto, Mancia se instaló en Santa Cruz de la Sierra, donde murió en 1593.
Las “chicas de Mancia dejaron muchos descendientes; entre ellos, según Félix Luna, están Hernandarias (primer gobernador del Rio de la Plata nacido en América) y el obispo Trejo y Sanabria, descendiente de Mancia y cofundador de la Universidad de Córdoba. Por otro lado, y según el genetista Narciso Binayán Carmona, de las uniones de Irala con sus siete esposas guaraníes hay una gran cantidad de descendientes, entre los aparecen figuras importantes de nuestra historia, como Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Mercedes Escalada de San Martín, Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Ernesto “Che” Guevara.
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite