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Columnistas
12/01/2026

Trump: una dictadura militar de alcances mundiales

Trump: una dictadura militar de alcances mundiales | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El máximo jerarca de EE.UU., tras bombardear Venezuela y secuestrar al presidente y a su esposa, amenaza a toda la humanidad con un poderío bélico inigualado por ningún otro del mundo. Entre los ataques en el mar Caribe y los del 3 de enero en Caracas, ya fueron asesinadas -como mínimo- unas 220 personas.

Miguel Croceri

El bombardeo contra Caracas y otras ciudades de Venezuela el sábado 3 de enero de 2026, así como el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, fueron los actos más explícitos de terrorismo imperial perpetrados por Estados Unidos en contra de América Latina en el segundo periodo presidencial de Donald Trump (periodo que comenzó casi un año antes, el 20 de enero de 2025).

Tanto las acciones bélicas ya ejecutadas en suelo venezolano y, en los meses previos, en aguas internacionales adyacentes; así como las declaraciones violentas y los preparativos amenazantes contra otros países latinoamericanos -Colombia, Cuba y México- y contra el territorio autónomo de Groenlandia -jurisdicción de Dinamarca, país integrante de la Unión Europea (UE)-; y además las expresiones peligrosas dirigidas contra las superpotencias China y Rusia; todo ello sumado a los bombardeos contra naciones de Asia-Medio Oriente y Africa el año pasado, indican que Trump pretende instaurar una dictadura militar de alcances mundiales.

Dicha “dictadura” no posee exactamente la misma forma que ese sistema de poder tuvo en la historia universal contemporánea. En esos casos la característica principal ha sido el asalto a las instituciones de un Estado nacional por parte de las fuerzas armadas del respectivo país, como brazo militar de poderes económicos y clases sociales oligárquicas que de ese modo implantaban el terror y la dominación violenta sobre el conjunto de la sociedad.

Esta vez el dispositivo político y bélico de la violencia es ejercido desde la máxima autoridad institucional del país más poderoso de la Tierra -y de la historia humana- en términos de poderío armado y de tecnologías del espionaje, el control y la vigilancia, sin que el más alto funcionario que detenta dicha autoridad se sienta condicionado por algún tipo de norma que ponga límites a la potencialidad destructiva que está bajo su mando.

Como se ha venido informando ampliamente en los días recientes, Trump declaró -después de atacar a Venezuela- que su poder como comandante en jefe de las fuerzas armadas estadounidenses solo depende de su propia voluntad y decisión.

“Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es la único que puede detenerme”, respondió en una entrevista periodística el máximo jerarca de EE.UU., y luego agregó: “No necesito el derecho internacional”.

Se lo dijo a la opinión pública de su país y del planeta entero, y al mismo tiempo al resto de los gobernantes, instituciones y corporaciones del universo, mediante un diálogo con reporteros del diario The New York Times que está accesible para cualquier ser humano interesado.

(Al publicar el reportaje, dicho medio neoyorquino -uno de los más influyentes a escala mundial- destacó que el presidente norteamericano lanzó tales afirmaciones “dejando de lado el derecho internacional y otros controles sobre su capacidad para utilizar el poder militar con el fin de atacar, invadir o coaccionar a naciones de todo el mundo”. En la edición digital del diario puede leerse una reseña de las declaraciones, y acceder al video completo de la entrevista que duró más de una hora. Nota del 08/01/26).

De igual modo que en las dictaduras “clásicas”, los propósitos consisten en dominar a pueblos, territorios y recursos, para imponer intereses dominantes a través de la violencia o la amenaza de su aplicación. Pero ahora a nivel internacional y con una superioridad militar absoluta, que en su proyección más extrema pone en riesgo la propia supervivencia humana.

De agosto a diciembre

En la madrugada del tercer día de 2026 -justo al comenzar el segundo cuarto de siglo-, Estados Unidos invadió la capital de un país suramericano y secuestró al jefe de Estado y a su esposa. (Ella, además, integrante de la Asamblea Nacional, o sea el Parlamento).

Sin embargo, y solo teniendo en cuenta la información de acceso público -o sea dejando de lado lo que puede haber ocurrido por fuera del conocimiento social generalizado- las acciones bélicas del atacante habían empezado en agosto del año anterior, a través del despliegue de una flota de guerra en el mar Caribe y en el océano Pacífico oriental, cerca de las costas venezolanas.

En esas zonas marítimas, a partir de septiembre la superpotencia agresora bombardeó lanchas, con el consecuente asesinato de las personas que iban a bordo. Según el criterio de Trump y los otros jerarcas que lo secundan, el transporte de sustancias genéricamente denominadas “drogas” autoriza a Estados Unidos para arrojarle explosivos a las embarcaciones y cometer crímenes masivos contra sus tripulantes.

(Esta mención intenta llamar la atención sobre el trasfondo justificatorio con que se presentan los ataques, dejando de lado cualquier especulación acerca de si era verdadero o falso que en las lanchas destrozadas a bombazos se transportara ese tipo de sustancias).

Según la organización “Air-wars”, hasta el 31 de diciembre EE.UU. declaró “114 muertes en 33 incidentes” en aguas internacionales del Caribe y del Pacífico Oriental. (Puede obtenerse información actualizada en el sitio web oficial de esa institución, que se define como “el organismo de control de daños a civiles”. Ver página web de Airwars). Mientras que el diario The New York Times publicó un reporte de hechos y de víctimas hasta este 10 de enero, e informó que se habían comprobado 124 muertos en 35 ataques. (Nota del 10/01/26).

En el último mes del ‘25, el agravamiento del terrorismo imperial consistió en asaltar buques que transportaban petróleo venezolano para exportación, y además incautar los barcos y secuestrar a los marineros. (Luego del primero de esos hechos, perpetrado el 10 de diciembre, Va Con Firma publicó una columna de opinión titulada “EE.UU. destroza la paz en América Latina”. Allí se destacaba que la región era hasta el momento pacífica -en cuanto a la inexistencia de guerras entre países-, y asimismo “libre de armas nucleares”, excepto por el arsenal atómico instalado por Gran Bretaña en el territorio que la usurpa a Argentina en las Islas Malvinas. Nota del 12/12/25).

Cuando finalizó el año la ofensiva bélica estadounidense ya llevaba al menos cuatro meses -desde el despliegue de la flota militar en el Caribe y el Pacífico, y luego los bombardeos a lanchas y el asalto a buques petroleros-, y las víctimas mortales eran bastante más de 100 (como se especificó en párrafos anteriores).

Sin embargo, casi nadie decía que había una “guerra”. Y cuando los discursos hegemónicos hablaban/hablan de un “dictador” se refieren a Maduro. No a Trump.

Venezolanos y cubanos asesinados

El ataque norteamericano del 3 de enero sobre Caracas y otros tres estados vecinos, provocó el asesinato de -al menos hasta donde se conoce por información de acceso público- unas 100 personas. Similar cantidad de víctimas mortales a la provocada por los hechos anteriores. El total documentado periodísticamente (así citado en este articulo) supera las 220 personas.

La cifra de fallecidos tras el bombardeo contra territorio venezolano fue difundida cuatro días después por el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y es solo estimativa. También hubo “otra cantidad parecida de heridos”, expresó el funcionario. Precisó que entre los muertos se encuentran “compañeros de la Fuerza Armada, hermanos cubanos que estaban aquí en Venezuela, personal policial, y compañeros que estaban en su casa dormidos y de repente la metralla les llegó y fueron asesinados”. (Crónica de la cadena pública alemana de noticias DW, Deutsche Welle. Nota del 08/01/26). 

El primer reporte oficial de muertos había sido comunicado previamente por el gobierno de Cuba. “Víctimas de un nuevo acto criminal de agresión y terrorismo de Estado, perpetrado contra la hermana República Bolivariana de Venezuela por parte de Estados Unidos, perdieron la vida en acciones combativas y tras férrea resistencia 32 cubanos, quienes cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos del país sudamericano”. Así decía el comunicado oficial de las autoridades cubanas.

El texto estuvo acompañado por la identidad y fotografía de cada una de las personas abatidas, y el siguiente título: “Rostros y nombres de nuestros combatientes caídos ¡Honor y gloria!”. (Información del portal “CubaDebate”, nota del 06/01/26). 

Respecto de otro aspecto clave de los sucesos del 3 de enero en Caracas y en estados vecinos, el sitio web venezolano de noticias y opinión “Aporrea” publicó, una semana después de los hechos, un valioso artículo titulado con forma de pregunta: “¿Por qué colapsó el sistema de defensa aérea más denso de América Latina durante la invasión de EE.UU. a Venezuela?”.

Un resumen del contenido expresa que “considerada históricamente como la red de defensa antiaérea más potente de la región subcontinental, la infraestructura de seguridad del país -basada casi íntegramente en tecnología rusa y radares chinos- no logró contener la masiva operación estadounidense. Expertos militares analizan (en el informe periodístico) los factores técnicos, humanos y geopolíticos que permitieron a más de 150 aeronaves penetrar el espacio aéreo caraqueño”.

(Puede leerse el artículo original completo. “Aporrea” se define como un espacio “de divulgación de noticias y opinión socio-política y cultural desde una perspectiva de izquierda, independiente de toda influencia gubernamental o privada. (…) Somos una agencia popular alternativa de noticias. (…) Somos un medio para el debate, la denuncia y la generación de ideas”. Nota del 10/01/26).

Entre propaganda ideológica y frivolidad periodística

Las grandes cadenas mediáticas del mundo, como parte de la propaganda ideológica disfrazada de periodismo, tomaron como tema de escarnio y burla al hecho de que la custodia del presidente Maduro estuviera integrada, al menos en parte, por cubanos. Esa manipulación de significados es lógica: para eso existen los poderes de la comunicación hegemónica.

Lo lamentable y absurdo es que, al menos en Argentina, los/las comunicadores/as que critican o se oponen a la invasión norteamericana, también hayan tratado el asunto con asombro, desconcierto, perplejidad y/o suspicacias. Tales formas de interpretar los hechos probablemente sean una consecuencia más de cierta frivolidad habitual en el periodismo de nuestro país -y en particular del porteñismo mediático- para observar y analizar la política y las disputas de poder en general, y de modo agravado los asuntos internacionales.

La enorme mayoría de la ciudadanía no sabía -no sabíamos- quiénes integraban la estructura más próxima de seguridad del presidente Maduro. Sencillamente porque esos temas son secretos de Estado en la totalidad de los países del mundo.

Sin embargo, desde siempre fue pública la cooperación entre los procesos revolucionarios de Cuba y Venezuela en absolutamente todos los asuntos de interés en común: economía, defensa, servicios médicos, construcción de infraestructura, diplomacia, seguridad, inteligencia, cultura, investigación científica, educación, asistencia ante catástrofes climáticas, energía, etcétera, etcétera.

(A modo de ejemplo sobre el vínculo personal y político de los líderes históricos Fidel Castro y Hugo Chávez, puede leerse un relato intimista publicado en 2025, el día del aniversario número doce de la muerte del ex presidente venezolano, por un portal oficial del gobierno cubano dedicado a “Representaciones diplomáticas de Cuba en el exterior”. Artículo del 05/03/2025).

(Por otra parte, desde un posicionamiento editorial e ideológico muy distinto, la tradicional cadena informativa pública francesa “Radio Francia Internacional” (RFI) consultó recientemente a un experto en seguridad, defensa e inteligencia que dirige el “Security College” en EE.UU. El informe periodístico fue presentado con el título “Qué se sabe del grupo de inteligencia cubano que custodiaba a Maduro”. Puede accederse a la transcripción y también a un audio de 2 minutos y medio. Texto y podcast del 06/01/26). 

El dictador

Transcurrido algo más de una semana desde el ataque estadounidense ordenado por el dictador Trump -aunque nadie lo llame así- contra territorio venezolano, el mundo vive una convulsión política generalizada.

Mediante el uso de la violencia imperial directa y con la amenaza que eso lleva implícito para el conjunto de los países, el máximo jerarca norteamericano logró condicionar, de una u otra manera, a los gobiernos y demás poderes de cualquier lugar, y asimismo a sus respectivas sociedades.

Pero en lo inmediato -al menos hasta el momento de publicarse este artículo-, no consiguió derrocar al gobierno venezolano que es heredero político de Hugo Chávez, como tampoco al alto mando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

Como se sabe, tras el secuestro del presidente Maduro -actual prisionero de Estados Unidos en una cárcel de Nueva York-, asumió coma “presidenta interina” Delcy Rodríguez, una militante chavista y experimentada funcionaria que a lo largo de los años ocupó cargos de máxima relevancia y últimamente era vicepresidenta de la República.

El gobierno provisional venezolano mantiene negociaciones -algunas de ellas en forma pública- con representantes del gobierno estadounidense.

Al mismo tiempo, Trump ocupa el centro de la atención mundial con amenazas internacionales. Durante la semana lo hizo con al menos cinco países o territorios: Colombia, México, Cuba, la República Islámica de Irán y Dinamarca (de este último país europeo, tal como se ha destacado en días recientes, depende el territorio autónomo de Groenlandia). (Más detalles, en una reseña de la plataforma informativa pública británica BBC. Nota del 06/01/26). 

A lo largo de 2025, después de que el actual presidente asumiera su cargo por segunda vez, Estados Unidos ejecutó acciones militares en seis países de Medio Oriente-Asia, o bien de África. Las naciones agredidas fueron Yemen, Somalia, Irán, Nigeria y Siria. Los últimos ataques tuvieron lugar en la reciente Navidad o en jornadas próximas a ese día.

Reportes de la agencia española de noticias EFE señalaron que “la mayoría de las acciones militares fueron bombardeos selectivos con aviones o drones contra objetivos que (el gobierno de) Washington considera estratégicos. Combatir al terrorismo yihadista (NdR: el término “yihad” refiere a nociones como “esfuerzo” o “lucha” basados en la fe islámica, aunque en Occidente se lo traduce de forma errónea como “guerra santa”)y el narcotráfico, fueron las principales argumentos de la administración de EE.UU. para esos ataques”. (Información de agencia EFE publicada por el diario “Plano informativo”, de México. Nota del 09/01/26). 

Al mando de Trump, Estados Unidos puso en marcha un tipo de dictadura que está basada en un poderío militar incomparable con ningún otro, y que tiene alcances en todo el planeta.

La paz en la Tierra y la sobrevivencia humana dependen ahora de la racionalidad política que tengan las jefaturas estatales de las demás potencias -ejemplo Rusia, China, países del Grupo Brics y de la Unión Europea, etcétera-, y de las reacciones que se produzcan eventualmente dentro de la propia sociedad estadounidense.

Y también dependen de la templanza y sabiduría de líderes/lideresas humanistas y pacifistas de naciones explícitamente amenazadas -como México, Colombia o Cuba-, y/l de otras que poseen un peso geopolítico considerable -como Brasil-, cuya prioridad absoluta es preservar la vida de sus propios pueblos y del mundo entero, y también la soberanía y la dignidad nacional.

29/07/2016

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