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Columnistas
21/12/2025

Las reformas coloniales, una condición para ser colonia

Las reformas coloniales, una condición para ser colonia | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Pensar que hoy tenemos un gobierno dispuesto a convertir al país en una neocolonia (…) ya no resulta tan descabellado”.

Rodolfo Canini

Cualquier país que carga sobre sus espaldas una abultada deuda con organismos financieros internacionales puede ser caracterizado como un país dependiente. La soberanía política es inversamente proporcional al grado de dependencia económica que sufre una nación.

Los informes oficiales y los análisis económicos más recientes indican que la deuda pública bruta del Estado argentino ronda los 466 mil millones de dólares. Esta situación no convierte al país en una colonia de nadie: lo define, simplemente, como un país dependiente. Sin embargo, esa condición no es irreversible. La historia demuestra que, como ocurrió durante el primer gobierno de Juan Perón y más recientemente con Néstor Kirchner, es posible revertir la dependencia y recuperar márgenes reales de soberanía política e independencia económica.

La coyuntura actual es sumamente compleja. En los próximos 18 meses vencen aproximadamente 47.800 millones de dólares en concepto de capital e intereses. Si se incorporan los compromisos privados, los vencimientos totales superan los 57.000 millones de dólares. Este panorama se ve agravado por la escasez de reservas netas. Numerosos economistas advierten que, una vez descontados los pasivos relevantes, no existe un colchón significativo de reservas de libre disponibilidad e, incluso, que estas podrían resultar negativas según algunos criterios de cálculo. O sea, no hay un peso. (Datos de CIFRA - Centro de Investigación y Formación de la República Argentina-)

Balcanización, por ahora no

Si algo positivo tuvo el resultado de la última elección nacional es que volvió a poner en tensión una vieja discusión no saldada en nuestro país: la disyuntiva entre ser colonia o ser patria. En este tiempo —aunque hay que admitir que los procesos de cambio son cada vez más vertiginosos y profundos— el provincialismo quedó en un segundo plano. Muchos dirigentes “moderados”, que nunca fueron ni chicha ni limonada, pero siempre tuvieron un sabor avinagrado, apostaron no al federalismo sino a la atomización política.

Al poder económico internacional nada le gustaría más que ver a nuestro país dividido en cuatro o cinco Estados Nacionales. No es una idea nueva. En ese esquema, la Patagonia sería la República Energética; el noroeste del país podría convertirse en la República de los Minerales, incluyendo el litio y las llamadas “tierras raras”; el noreste sería la República del Agua Dulce y de los ríos navegables; y el centro, la República de la Pampa Húmeda. Incluso podría sumarse el país austral: al fin y al cabo, en ese contexto, quizás las Islas Malvinas serían devueltas al País de Tierra del Fuego y el negocio estaría completo.

Parece una locura, pero no lo es. Más de un gobernador trasnochado, en épocas de crisis económica, lo planteó en su entorno político, y algunos incluso lo hicieron a viva voz, como el actual gobernador mendocino. En nuestro país siempre hubo argentinos con vocación de colonizados, y en los últimos dos años han florecido, aunque cabe esperar que se marchiten rápidamente.

Volviendo a las últimas elecciones nacionales, el conteo de votos le dio a la “Neuquinidad” el segundo lugar; sin embargo, el voto a Nadia Márquez deja en claro que no expresa el principio de “Primero la Patria”.

Gobierno con vocación de ser colonia

El gobierno nacional tiene por objetivo convertir a nuestro país en colonia, y no lo disimula. Como suele repetir hasta el cansancio el Presidente, “está en juego la batalla Cultural”. Y tiene razón, mal que nos pese. Saben, y no porque lo dijera Milei, sino la historia, que tienen que destruir dos tipos de conciencias y una “unidad espiritual” arraigadas en nuestro país desde hace muchos años, considerando nuestro corto trayecto de vida como nación: una es la “conciencia nacional” y otra es la “conciencia de clase”- cuando hablo de conciencia de clase me refiero a la pertenencia a la clase obrera, ya que, la otra clase, la dominante, las personas que poseen grandes riquezas, siempre tuvieron conciencia de su pertenencia de clase y actuaron en consecuencia. En cuanto a la “unidad espiritual”, me refiero a la Iglesia Católica, imposición del imperio Español, pero ha sido un factor de unidad cultural para América Latina y en particular para nuestro país.

Concedo que decir colonia es una categoría muy fuerte, que implicaría estar sometido a un gobierno integrado por extranjeros y bajo las fuerzas de un ejército de ocupación. ¿Estamos tan lejos? Frantz Fanon definía al colonialismo como una máquina de no pensar…, no es un cuerpo dotado de razón, afirmaba. “Es la violencia en estado de naturaleza”. Vamos a llamarlo un país neocolonial, porque existen algunas diferencias, que están más relacionadas ellas con la modernidad tecnológica que con un concepto ideológico. Para terminar definitivamente con el peronismo, necesariamente deben acabar con estas dos conciencias, que son inescindibles del concepto de Patria, de ser parte de un todo con identidad propia construido desde el quehacer histórico.

Reforma laboral

Si existe en nuestro país un grado significativo de conciencia de clase es porque existen organizaciones de trabajadoras y trabajadores. El trabajo crea las condiciones para que esa conciencia emerja, pero por sí solo no alcanza. La pertenencia a la clase trabajadora no la determina el trabajo en sí mismo, sino la identidad que se construye a partir de la organización con pares. Podría decirse: me organizo, luego pertenezco.

La reforma propuesta por Milei precariza el empleo y supone un retroceso de los derechos laborales hasta tiempos previos al peronismo, beneficiando ampliamente a la otra clase —la que sí posee conciencia de clase—: la de los ricos, la de los patrones. Además de atacar los derechos de los trabajadores, avanza sobre las organizaciones sindicales al promover negociaciones individuales entre empleados y empresas, desconociendo los logros consagrados en los Convenios Colectivos de Trabajo. El resultado previsible es mayor informalidad, precarización y salarios más bajos.

Lejos está esta legislación de generar más puestos de trabajo, algo que depende en mayor medida de la macroeconomía, como al menos lo demuestra la historia. Cada vez que hubo gobiernos liberales, conservadores o neoliberales que apuntaron a “flexibilizar” las leyes laborales, se produjeron más despidos; por el contrario, cuando existieron gobiernos que hicieron cumplir esas leyes y controlaron a las patronales, se generaron más fuentes de trabajo.

Lo cierto es que un gobierno que cuida a la clase trabajadora también cuida y fortalece el mercado interno, ya que incrementa la capacidad de compra de la sociedad y estimula la producción a través del efecto de la demanda, que retroalimenta el consumo. En cambio, los gobiernos liberales aplican ajustes que, de manera sistemática, reducen salarios, despiden trabajadores del Estado y precarizan el empleo privado. Como consecuencia, debilitan el mercado interno y, con él, el consumo.

Ni siquiera la última dictadura cívico-militar se animó a tanto. En la década de 1970 —más precisamente en 1975— se alcanzó el punto más alto de luchas y conquistas obreras de la historia argentina. La dictadura sabía que existía una elevada conciencia de clase en la sociedad y que atacar de manera frontal la legislación laboral podía generar una confrontación innecesaria para sus objetivos coyunturales. Sin embargo, no es casual que la mayoría de las personas desaparecidas y encarceladas pertenecieran a organizaciones sindicales.

La reforma educativa

La conciencia nacional, en un reduccionismo, se relaciona esencialmente con el concepto de Patria. Es la posesión común de una herencia de recuerdos que da identidad. Es por tanto la conciencia colectiva de un destino. Y el destino es la política, como dijera Napoleón. Esa conciencia colectiva la ordena, y también la manipula, la educación a través de un sistema que la ordena, dándole un destino irremediablemente desde la política. Desde hace más de 160 años el liberalismo ha delineado la política educativa en nuestro país. La clase dominante jerarquiza los conocimientos de acuerdo a su escala de conveniencias. Fue y es el verdadero adoctrinamiento político. "El ordenamiento cultural es el congelamiento pedagógico de los valores y privilegios de la clase dominante" decía Hernández Arregui. Domingo F. Sarmiento simboliza ese reordenamiento del poder de la cultura colectiva y el sometimiento a las ideas importadas. Fue el propio Sarmiento quien impulsó la educación gratuita y laica a través de la Ley 1420. Se estableció desde entonces la enseñanza primaria gratuita y obligatoria. Los objetivos explícitos de la generación del 80 eran formar ciudadanos para la república, promover el progreso material y la civilización, erradicar la ignorancia y el caudillismo, e integrar a la sociedad a través de ella con una identidad nacional. Los objetivos se lograron. Pero también se formaron ciudadanos europeístas con desprecio por lo propio. La supremacía de la cultura europea enseñada con sangre en nuestras aulas ha instalado una contradicción permanente en el seno de la sociedad argentina, el amor y el odio por nuestra cultura. La Escuela Pública tuvo y tiene un rol importante en nuestra sociedad, pese a las contradicciones de origen. Es el único sistema nacional que además de garantizar el derecho a la educación, regulado por el Estado, cohesiona a la sociedad tras el concepto de Nación.

La reforma de Milei ataca esa cohesión social y desvincula definitivamente el Estado de la Educación Pública, asignándole un papel preponderante a la familia. Las consecuencias es la atomización social y desintegración de pertenencia nacional. La propuesta libertaria elimina la garantía constitucional de inversión educativa del 6 % del PBI establecida en la actual ley. Promueve la mayor autonomía escolar y diversidad de modalidades, además de la inestabilidad laboral docente. Cada escuela podrá diseñar sus propios planes educativos, incluyendo la enseñanza religiosa en escuelas públicas-estatales, que se manejarán con un financiamiento ínfimo del Estado.

El gobierno libertario comenzó a desfinanciar la educación desde su comienzo. Redujo el Fondo para la Educación Técnica-Profesional a un 3,5%. El Presupuesto presentado para el 2026 la partida “Función Educación y Cultura” se redujo en un 48% desde que asumió Milei. La Partida presupuestaria para las Universidades Nacionales se redujo en un 33%. A pesar que la Ley 26.075 de Financiamiento Educativo sancionada en el gobierno de Néstor Kirchner, en su artículo 9 expresa que el Estado “garantiza el financiamiento del Sistema Educativo Nacional” y que su asignación “no será inferior al 6% del PIB (Producto Interno Bruto), el gobierno neocolonial no cumple con la Ley ni con la Constitución Nacional.

Reforma religiosa

Introducir la religión al sistema educativo y que la educación deje de ser laica es, desde lo institucional, una reforma religiosa.

La llamada Teología de la Prosperidad sostiene que la fe, las donaciones a la iglesia y la obediencia espiritual conducen a la prosperidad material, el éxito económico y la salud física. Según esta doctrina, la riqueza constituye una bendición divina, mientras que la pobreza sería consecuencia de la falta de fe, el pecado o la desobediencia. El creyente “verdadero”, en este marco, tendría derecho a la prosperidad aquí y ahora. Éste es el ideario central de las iglesias evangélicas neopentecostales sionistas, que han invadido Latinoamérica en los últimos 25 años.

Sin embargo, este fenómeno no es nuevo. En plena Guerra Fría, existió una estrategia política y cultural impulsada desde los Estados Unidos que favoreció, financió y protegió la expansión de iglesias evangélicas como contrapeso del catolicismo popular y de las corrientes de izquierda, particularmente frente al surgimiento de la Teología de la Liberación.

En la actualidad, la articulación entre el evangelismo sionista neopentecostal y los gobiernos de ultraderecha en América Latina resulta cada vez más evidente. La firma de un convenio entre la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la Argentina (ACIERA) y la ministra de Desarrollo Humano de la Nación, Sandra Pettovello, constituye una muestra de ello. En Neuquén, la diputada nacional (MC) y actual senadora por el mileísmo, Nadia Márquez, forma parte de esta organización. Su padre, el pastor Hugo Márquez, se desempeña como vicepresidente de Aciera y presidente de la Confederación Bautista Argentina.

Milei —o, más precisamente, el denominado Poder Real—, mediante la Reforma Educativa, avanzaría hacia la venta de escuelas ubicadas en barrios populares. Es previsible que muchas de ellas sean adquiridas por mutuales evangélicas y que, paradójicamente, terminen siendo subsidiadas por el propio Estado. De este modo, se quebraría la llamada “unidad espiritual” y se consolidaría un esquema de dependencia y coloniaje difícil de revertir en el corto plazo.

Mal piensa y acertarás

En los últimos cinco años se ha ingresado en un proceso vertiginoso de enfrentamiento político y retroceso cultural respecto de los consensos democráticos básicos alcanzados tras haber padecido una dictadura atroz, hasta el punto de que resulta imposible no “pensar mal”. Desde la proliferación y profundización de los discursos de odio, amplificados y legitimados por los medios de comunicación, hasta el intento de magnicidio contra una lideresa política, como CFK —y, como la bala no salió, salió el fallo, tal como anticipara un célebre titular de Clarín—, los hechos configuran una deriva alarmante.

Pensar que hoy tenemos un gobierno dispuesto a convertir al país en una neocolonia, o que no pueda descartarse una balcanización derivada de una guerra civil, o incluso la posibilidad de un enfrentamiento armado con un país hermano que se resista a los designios del imperio, ya no resulta tan descabellado. Tan inverosímil como parecía, hace no mucho tiempo, que un panelista televisivo ridículo y payasesco llegara a convertirse en Presidente de la Nación.

29/07/2016

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