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Tenemos un gobierno que detesta lo que es público, por eso a pesar de la extrañeza general la emprende contra la salud, la educación, los derechos humanos, la seguridad, las Obras públicas. Y lo hace con maniobras forzadas para sortear en la descripción, lo totalizador que señala lo que es público. Si es público es porque alude a todos, al pueblo de la República.
Además la salud es pública porque es humana y lo humano es comunidad y es comunidad porque somos una especie única y común, en que lo que afecta a uno puede también afectar a otro igual.
La Epidemiología que estudia las causas de las enfermedades y la forma como ellas se difunden, advierte que el factor humano es el que iguala a todos las mujeres y a todos los hombres, convirtiéndolos en comunidad, ante el infortunado evento de perder la salud. Por eso la enfermedad puede institucionalizarse, desde el fondo de los tiempos, en hospitales y centros aptos para la recuperación de la salud.
La comunidad existe a pesar de que se pretenda negar como oportunamente lo hiciera la señora Tatcher, como quiere negarse, en ese acto, la centralidad del Estado en tanto resumen de los intereses de todos, con responsabilidad de conducción a buen fin, de la vida y la salud.
La Salud es asunto colectivo y la consecuencia de no conceptualizar así determina riesgos que pueden dar lugar al origen de epidemias, dejar de lado la historia natural de las enfermedades que esclarecen las estrategias preventivas y evitar que el sano se enferme y que el enfermo muera.
Explicar lo obvio en este tema agota el esfuerzo frente a la ignorancia de asuntos elementales que por ser ya esclarecidos no merecerían ser nuevamente considerados.
Pero para los economistas, además, hay razones valederas que dan legitimidad a lo mencionado. En medicina sale más caro curar que prevenir, sale más caro la enfermedad que la salud, como lo demostrara el clásico libro de Abraham Sonis, Salud y Medicina y Desarrollo Económico Social, editado por Eudeba.
En ese aspecto el mileismo viene atacando el concepto comunitario de Salud desde, la no entrega de medicamentos contra el cáncer, el no reconocimiento de dación por el estado de los medicamentos contra las enfermedades de transmisión sexual, el precarizar el salario de médicos y del equipo de Salud, en no resolver en tiempo y forma el conflicto del Hospital Garrahan, en sustraer los recursos destinados a los discapacitados mediante la corrupción, apoyar el pensamiento mágico de los que rechazan sin fundamentos científicos, las vacunas contra daños prevenibles.
Estas cinco cosas configuran un conjunto que definen una conducta: este gobierno no acepta que la salud sea pública, quiere que la salud sea un evento individual por el cual todos se responsabilicen para su sostenimiento, como si la accesibilidad a los servicios de distinta calidad tuviese un carácter igualitario. En una sociedad donde todos están expuestos a distintas noxas, el direccionamiento hacia lo individual, no es suficiente para evitar la diseminación de las enfermedades infecciosas y las medidas preventivas a tomar ante las enfermedades crónicas, además si el evento de enfermarse discrimina entre ricos y pobres, afectaría a estos últimos como víctimas de un sistema injusto y políticamente antidemocrático.
Finalmente es una grave omisión no reconocer la salud como pública cuyas consecuencias se verán reflejadas en breve tiempo, en indicadores de salud que hablaran de un incremento, en nuestro país, de la morbilidad y la mortalidad específica o general. Estos indicadores , como el riesgo país, serán tenidos en cuenta por los entes multilaterales, relegando a la Argentina a los últimos puestos entre los países del mundo.
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