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23/11/2025

Otro plan de paz inútil

Otro plan de paz inútil | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“¿Por qué Trump querría la paz en Ucrania? Cuanto antes termine el conflicto, de menor envergadura será la derrota de la OTAN”.

Oliverio Jitrik

¿Por qué Trump querría la paz en Ucrania, si le conviene seguir vendiendo armas a la beligerante Europa? Es un indicio de que en Washington dan por hecho la derrota de Ucrania, y que el apoyo militar “desinteresado” interminable les saldrá más caro que las posibles ganancias del complejo militar-industrial norteamericano para paliar los pseudo terrores de Londres, Bruselas y sus subsatélites, ante el potencial de “tanques rusos”, mismos que les salvaron la existencia en 1945. Cuanto antes termine el conflicto, de menor envergadura será la derrota de la OTAN. Posibilidad improbable en cuanto ni Trump ni sus cercanos tienen la más remota idea de la trascendencia de la SMO para la Federación de Rusia. Lo prueba, entre otras cosas, el momento que puso a negociar el asunto al nulo de Keith Kellogg (KK), cereal, de profesión rusófobo y que no ha salido de Kiev ni a una dacha de fin de semana. Trump, que en su primer gobierno aumentó exponencialmente el apoyo a Ucrania ya iniciado por Obama, instigador directo del Maidán en 2014, sólo ve en Rusia al “invasor de un país democrático” y, en eso acierta, a una potencia nuclear que “está molesta”. De esto último, y más por una sensata actitud defensiva que por algún principio político, surge Anchorage, encuentro que sería de ocurrencia imposible en la administración del “dormilón” Joe o en la de una hipotética sucesora Harris, pero a la vez neciamente autosaboteado por el mismo DJT, rodeado de un gabinete de ineptos liderado por Marco Rubio. Entonces, Trump ordenó la elaboración de un último plan de paz —se espera que no sea el último—, del que Rusia no está todavía informada oficialmente. Ambiguo en su naturaleza, no podía esperarse algo diferente, entre sus propuestas está que Rusia mantenga el Donbás y se reconozca tanto esa región como Crimea como parte de la Federación. De los oblast de Zaporozhie y Kherson el plan no dice mucho, más que se “congele” el frente en la línea donde esté al día de una supuesta firma del final de la guerra. Entre todos los puntos a destacar, el plan usa en su redacción el “Rusia deberá hacer tal o tal otra cosa” y Putin y Lavrov, más allá de estallar en carcajadas en el Kremlin por el insólito tupé, contestarán públicamente que “aplauden los esfuerzos de Trump por la paz”, aunque, “todo se pone a disposición de debate y negociación, excepto los intereses existenciales de Rusia, encarnados en la SMO (Operación Especial) …”, etcétera. Es decir, Rusia no aceptará este plan de paz que solamente simula satisfacer algunas de las demandas de Rusia, pero son sólo ello: simulaciones. Rusia puede únicamente firmar el cumplimiento total de las exigencias iniciales de la SMO y el reconocimiento de los cuatro oblast. ¿Qué estarían dispuesto a negociar, entonces? ¿Dejar que Zel se exilie en Londres? El bloque otanista no debería esperar mucho más, inclusive aparecerán nuevas exigencias por parte de Rusia, en relación a la necesidad de atender las causas abiertas por crímenes de guerra cometido por Ucrania desde el 2014. Desde el otro extremo, Zelenski adelantó que tampoco aceptaría el plan de Trump, sin darse cuenta que sería perfecto para él. Porque lo que sigue es su rendición incondicional y posible captura por crímenes de guerra, y otras causas que ha acumulado para propios y extraños.

Los únicos que no saben que están perdiendo son las tropas ucranianas: se les dice que van ganando y que, si bien hay algunas bajas, ganan las posiciones. La realidad es que en la mayoría de los casos ni siquiera llegan a la posibilidad de rendirse antes de ser abatidos por los drones rusos, o por los propios soldados ucranianos, tal como se ha documentado día a día. Ucrania pierde en el largo frente, pero busca compensar con ataques a civiles en su odiado y como perdido para siempre Donbás y directamente en territorio profundo de Rusia, o elaborando ingeniosos atentados contra jerarcas de la Federación. El último, oportunamente desmantelado en su fase de preparación, contemplaba matar al Secretario del Consejo de Seguridad de la Federación de Rusia y ex ministro de defensa Serguei Shoigu, haciendo detonar un explosivo colocado en la mismísima tumba de su madre. Esto deberá afinar las prevenciones de la inteligencia rusa e imaginar los planes más descabellados que emprendan tanto el SBU ucraniano como los incorregibles muchachos del MI6. Shoigu “padece”, junto a Putin y al jefe del Estado Mayor de Rusia V. Guerasimov, la orden de detención de la fiscalía de La Haya por, esencialmente, impedir que les coloquen misiles con cabezas nucleares en la frontera. Esta fiscalía tiene hoy, pues, aún menos crédito que el Nobel de la Paz. Lo que es seguro es que ni una mínima propuesta de solución al conflicto llegará de Europa, inmersa en una realidad alternativa sin retorno. Si bien Pedro Sánchez es preferible a Vox en lo que a la política ibérica se refiere, mantiene con fervor estúpido su alineamiento a Bruselas. ¿Qué rédito le habrá dado recibir al payaso ucraniano? ¿Y hacer cerrar al museo Reina Sofía para sugerirle al visitante que el Guernica viene a representar algo así como los centros de mando de los nazis ucranianos? Casi enseguida, Sánchez conmemoró los 50 años de la muerte de Franco. Declaró, de manera sentida: “Aquel 20 de noviembre no sólo marcó el final de la última dictadura de Europa Occidental. Sino el comienzo de un viaje que había de llevarnos a recuperar la libertad y la prosperidad y a reconquistar la democracia perdida”. Sin cuestionar esa reconquista se entiende que, para Pedro Sánchez, Europa toda habría de padecer todavía de todas las “dictaduras comunistas”. Y Franco sería malo exclusivamente por ser la cabeza de una dictadura, al igual que, como “todos los extremos son malos” la “dictadura soviética”. ¿O está pensando en la de Zelenski, la que puede ser la última de todas las Europas?

29/07/2016

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