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Columnistas
23/11/2025

Peculiaridades culturales argentinas

Peculiaridades culturales argentinas | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Cuando la batalla cultural la tiene que librar Paolo Rocca, algo anda mal...? a ver si se dan cuenta los que se reúnen para "sacar conclusiones" de la derrota de octubre”.

Juan Chaneton *

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Como quiera que sean las cosas, el peronismo está confundiendo una batalla ideológica con una política. Hace eso cuando se desentiende de ciertos temas y, sobre todo, cuando no mira más allá de unas siempre próximas elecciones.

Lo curioso del caso es que quien mejor ha entendido que se trata de una batalla ideológica es un paladar negro del "círculo rojo", a saber, Paolo Rocca, el Vulcano del Río de la Plata.

Lo que dijo el otrora militante de "Lotta Continua" (no hay como un trosko para volverse empresario con el correr de los años) es que "con la macro no alcanza". Y es de sentido común eso que dijo. Porque se puede (las que siguen, son sólo hipótesis, no realidades actuales) tener controlada la paridad cambiaria; se puede también contar con un Banco Central rebosante de reservas y, por ende, con el precio del dólar totalmente bajo control; se puede, además, ordenar las cuentas fiscales de modo que exhiban un saludable equilibrio... pero aun así, si mi vecino vende lo mismo que yo a mitad de precio, yo me fundo y, conmigo, los cinco mil trabajadores que trabajan en mi empresa. Lo que hay que hacer, entonces, es no echarse a dormir porque la macro está bajo control, sino lo que China hace con su mercado y EE.UU. con el suyo, esto es, dotarlos de unas compuertas amigables que no hagan tan fácil la entrada del zorro a comerse las gallinas de mi gallinero. Eso se llama "batalla cultural". Hay más capítulos de esta batalla, pero sería prematuro desarrollarlos ahora.

También dijo Rocca que la globalización ya no es lo que era. Pero entonces, si la globalización ya no va a consistir en la extensión a todo el orbe de una telaraña multinacional de economías interconectadas por cadenas de valor y productoras en "equipo" de lo que la humanidad necesita para intercambiar y reproducirse. Si ahora la globalización está suponiendo un debilitamiento creciente de organismos como la OMC y cada "estado-nación" se asume como actor autosuficiente en el comercio y la economía mundiales, entonces lo que tiende a desaparecer no es la globalización sino este concepto entendido como una mancomunidad cooperativa de unidades regionales complementarias en busca de un bienestar común. Es este escenario global el que ahora está siendo sustituido por el avance paulatino y constante del actor que desplaza del rol hegemónico a unos EE.UU. más trémulos que otrora, para sustituirlo no ya solamente por otro sistema de gestión económica sino, sobre todo, por otra cosmovisión de lo que debe ser la vida humana en lucha contra la tierra. Lo que implícitamente propone China a Occidente es abocarse conjuntamente a la construcción de nuevas catedrales, aunque tan lírico propósito venga disimulado en el ceño fruncido de los negocios a cara de perro. Esto último lo digo yo, no Paolo Rocca, si se me permite.

Lo que demandó el dueño de Techint el 13 de noviembre último en la Conferencia Anual de la Unión Industrial Argentina, fue intervención delEstado y política industrialy esto, en la Argentina de hoy, sólo lo puede acometer un gobierno socialdemócrata con base en el peronismo y depurado de cuantos José López y Danieles Muñoz puedan acecharlos desde las sombras.

Algo muy llamativo lo de Rocca, viniendo de quien viene. Pero no sólo esa sorpresa deparó el marechaliano empresario. La "ley federal de educación" que en su momento promulgó el nefasto gobierno de Carlos Menem, estuvo en línea con el "horror show" en que consistió su gobierno. En aquel momento, yo consulté con varios dispuestos que la iban de reputados especialistas en la materia y no pude sacar una sola conclusión acerca del nudo conceptual de la tal "ley federal". No sabían explicarla porque no la entendían, y no la entendían porque tampoco sabían nada de Educación. Eran un "bluff", que es la forma exótica de llamar a los charlatanes. Tuve que sumergirme por mi cuenta y esfuerzo, artículo por artículo, algo para lo que tenía y todavía tengo una lozana gimnasia, en aquel fárrago para darme cuenta de que, en realidad, estaba en línea con lo que era la política antinacional y antipopular que vino a implementar Menem en la Argentina y de la cual Milei es su continuidad. Aquella "ley federal", en lo más sustantivo, les tiraba el balurdo a las provincias. Que cada cual se hiciera cargo de la Educación con sus propios recursos. A eso lo llamaban "federalización". Si Formosa y Chaco no tienen con qué mandar chicos a la escuela, pues que sean analfabetos... es su problema. Si Córdoba y Buenos Aires, pueden hacerlo, ellas que son la continuidad de las luces de Mayo, pues que sean un dechado de pura ejemplaridad cultural en la Argentina. Eso era la famosa "ley federal de Educación", una genuina bastardeada propia de quienes nunca pudieron superar la mentalidad de serrallo cuando se lanzaron sobre el país a pretexto de gobernarlo implementada, por lo demás, esa gestión “educativa”, por una "ministra" del ramo de cuyo nombre no puedo ni quiero acordarme. Todo esto venía a que el buen Paolo, en aquella reunión con los suyos, abogó, casi insólitamente, porque la Educación esté siempre a cargo del Estado nacional; no quiere analfabetos Paolo, no le sirven como trabajadores, y eso está muy bien. Está dispuesto a pagarle a Nación los impuestos que sean necesarios con tal de que ese dinero vaya a más y mejores escuelas.

El otro país argentino, en tanto, sigue su marcha, su azorada marcha hacia ningún lado. La coyuntura se tiñe de circo. Veamos.

Cuenta Tácito (Anales, II, 14-60) que Nerón, dócil juguete de la lasciva Popea, cedió a las maquinaciones de ésta y repudió a su legítima esposa, Octavia, acusándola de esterilidad. No contenta todavía con ello, la pérfida amante del emperador, presionó a un esclavo para que declarara, en contra de Octavia, que ésta había tenido sexo con él, con el esclavo. Éste también era presionado, en prisión, por un fiscal llamado Tigelino que urgía al desgraciado siervo para que, con su declaración, perjudicara lo más posible a Octavia. A cambio, le prometía la condición de liberto.

A la Historia parecen agradarle las simetrías. Stornelli, que de Tácito sabe tanto como de garantías procesales, cuando aquí obraba, no sabía que estaba actuando para que se repitiera una historia ¿Será que a la Historia le agradan las repeticiones? Tal vez Gerardo Ferreyra, un hombre formado y culto que, por añadidura, sabe preparar unos amargos alta gama, sí haya leído al historiador romano. La única diferencia es que Octavia no vivía en ninguna calle San José, de aquella Roma imperial, sino en la villa Capitolina, no lejos del Foro. Un maestro, Tácito...!

El caso es que... los que quieran oír, que oigan... Los que quieran creer, que crean... Un chofer con dificultades para expresarse oralmente y que firma con el pulgar derecho entintado, pasó cinco años de su vida, describiendo por escrito todos y cada uno de los viajes que hacía y dónde dejaba unos bultos sospechosos, todo con lujo de detalles, para, muy luego, decir que había perdido los cuadernos con sus anotaciones, hasta que otro buen día dijo que, en realidad, no los había perdido sino que, conservándolos, decidió quemarlos luego en el quincho de su casa, no sin antes fotocopiar cada hoja manuscrita de esos ocho o nueve cuadernos, fotocopias que el chofer le entregó a un periodista que decidió no ir a ninguna mesa de entradas de ningún juzgado para que se sorteara la denuncia -como haría un hombre de bien- sino que fue directamente a ver al fiscal Stornelli y le dejó las supradichas fotocopias encima del escritorio, directamente... sin que este fiscal le dijera lo único que cabía decirle al operador judicial de marras: no, mire, amigo... esto no me lo puede traer directamente a mí; tiene que dejarlo en mesa de entradas para que luego se haga el sorteo de la fiscalía que va a intervenir...

Las inverosímiles fotocopias, se supo luego, tenían enmiendas y correcciones de todo tipo y color y estaban artísticamente plasmadas en diferentes tipos de letra. Pueden ser, a esta altura del liquid paper, los cuadernos de Centeno o los de Bacigalupo, según se mire. Ambos zumbos metieron mano ahí, según parece, y también parece que a ambos les da igual entregarle la honra a un camionero búlgaro que a un gladiador romano. Esta es la "prueba" colectada para exhibir en "el juicio del siglo", una chantada torpe e increíble y ESTO ES LO QUE HAY QUE CREER... Esto es lo que los jueces nos proponen creer. Por lo demás, entregarle una causa de "corrupción" al TOF 7, es como organizar un congreso feminista con la presidencia honoraria de Enrique VIII.

Decíamos más arriba que hay cosas que sólo el Estado socialdemócrata peronista podrá hacer en la Argentina. Por lo demás, el peronismo no tiene otra forma de evitar la muerte más que asumiéndose como lo que siempre fue de un modo un tanto vergonzante: el modo socialista democrático. Es lo que le tendría que haber reclamado Cooke al peronismo: que sea más afín a Del Valle Iberlucea que al Che o Fidel Castro. Las ventajas del diario del lunes...

El corto y el largo plazo tienen su propia lógica e, incluso, unos vínculos más sólidos que lo que pudiera parecer a primera vista. Por caso, en este corto plazo de hoy en la Argentina, el peronismo aparece como presa y festín de caranchos que buscan terminar de desguazarlo para que sus despojos sirvan a la perpetración de avances sobre derechos de los trabajadores con el argumento de que, de ese modo, el “equilibrio fiscal” hará la felicidad de todos, aunque abaratar indemnizaciones por despidos no haga a ningún equilibrio fiscal sino al bolsillo de los empresarios. Y ahí anda, así, la “senadora” Bullrich, pese a sus presuntos vínculos con el narco señalados equívocamente por algunos medios, ejerciendo de ave de rapiña para llevarse a su madriguera lo que pueda, luego de hurgar en ese pozo ciego autodenominado, sin sonrojo, “convicción federal”, desdorosa gavilla de truhanes que pretende pasar por un lote de senadores cuyo desvelo es honrar las autonomías provinciales. Bullrich -siempre según los medios- habría recibido apoyo financiero de “Lácteos Vidal”, empresa cuya dueña -o vinculada a los dueños- se llama Vidal Bada Vázquez, y es la misma señora que aparece en los fatídicos registros del Bank of America como remitente de fondos que oscilan entre los 20 mil y los 400 mil dólares. El destinatario de tanta generosidad, según esos registros, es la empresa Wright Brothers, cuyo dueño -o uno de sus dueños- sería?el inefable Fred Machado, el amigo del "profesor" Espert. Esta señora Bada Vázquez, así como pinta según esos asientos contables, también figuraría en la lista de remitentes de dinero a Patricia Bullrich para una de sus campañas en la política argentina (2023). Estos Vázquez, a lo que parece y según circula en los medios de prensa, también serían dueños -o copropietarios- de una avioneta interceptada en Entre Ríos con la bonita carga de 350 kilos de cocaína que esta vez -todo hay que decirlo- no eran de Lorena Villaverde.

Por su parte, y siempre en la coyuntura, el peronismo hace lo suyo para que lo suyo sea cada vez peor: mientras Alberto Fernández aparezca en los medios diciendo quién tiene que ser candidato a presidente por el peronismo en 2027, el volumen político de Milei crece gratis. Una medianía que hace daño sin conciencia del daño que irrogan sus limitaciones, más que un módico sin retorno es un virus escondido en el reservorio de un organismo sano, inaccesible a las medicaciones conocidas, pero, en todo, caso, una patología a la que hay que, a como dé lugar, eliminar. Como si con "Lázaro" no hubiera ya bastante, todavía sigue en carrera éste, con "seguros Nación" en la mochila. Después las elecciones se pierden.

Todo esto es coyuntura, es decir, plazo corto. ¿Y el largo plazo, a quién le importa? El largo plazo, ¿qué significa? Significa mucho y debería importarle, en primer lugar, a los peronistas. Veamos.

Milei incorporó como puntos del programa político unos temas que la izquierda nunca planteó de frente y con claridad, salvo cuando departía entre los suyos al amparo de unas grisuras de suburbio que solían acoger conciliábulos semisecretos, en unos tiempos en que todavía nadie creía en el fin de la Historia. Esos puntos de debate que el propio presidente actualiza cada vez que se deslengua en público suelen ser parejas conceptuales dicotómicas: capitalismo o comunismo; Washington-Tel Aviv o Moscú-Pekín; trabajo asalariado o capital; ganancia legítima o plusvalía. De todo eso parlotea seguido, a veces en forma implícita y sin saber muy bien de qué habla, el presidente de los argentinos.

El caso es que eso es lo que habría que discutir hoy, aunque a más de un cultor de la prudencia le parezca que la filosofía todavía tiene mucho que interpretar ose obstine en creer que el búho de Minerva levanta vuelo al atardecer.

En China, durante el período en que gobernó Deng Xiao Ping, ya se discutieron estos temas, y se llegó a la conclusión inversa a la que pregonan, aquí y allá, unos iletrados sólidos que cursaron con esfuerzo unas materias de licenciatura en unas "casas de altos estudios" de esas que, a sus matriculados, los promocionan más y mejor si la cuota mensual está al día. Algunos pretensiosos y engrupidos de la pirámide institucional actual provienen de lugares truchos como esos.

La aludida conclusión china dice que el capitalismo es peor que la esclavitud otomana pero que acabar con él no depende de la voluntad de nadie sino de la dinámica objetiva del movimiento económico global que tiende, inexorablemente(este adverbio de modoes muy común en la tradición discursiva marxista-leninista como forma del optimismo explícito), a la universalización de la forma mercancía y luego, cuando este proceso dé signos de agotamiento, las sociedades humanas se plantearían otros objetivos, pues éstas (las sociedades humanas) jamás se proponen alcanzar metas no capitalistas si primero no han agotado todas sus posibilidades en términos de la "vieja" sociedad (esto de sociedad vieja y nueva; de amaneceres y crepúsculos sociales, es muy “asiático” y procede, también, de literaturas marxistas, pero tal vez quienes más lo hayan enfatizado sean unos ilustres teóricos de la revolución social de nacionalidad vietnamita: Pam Van Dong, Truong Ching y Le Duc Tho. Es importante destacar que, en esta cosmovisión, el sujeto histórico de estas dinámicas no es ningún “Estado-nación”, sino la humanidad entera. Y tout' l reste est littérature, como una vez dijo Verlaine, con excelente literatura, según nos informa Borges en aquel ya antiquísimo prólogo a Fervor...

Pero lo apropiado ahora es detenernos en una implicancia de la teoría social anticapitalista que, hasta donde yo podría sostener con algún fundamento, sólo Nietzsche y la Socialdemocracia mundial han tratado de rebatir. Esa implicancia es la referida a la existencia de "leyes de la historia", para decirlo en términos comprensibles a opinadores intensos de módicas dotes creativas y siempre reacios a estudiar. Se trata de una locución "comprensible" a fuer de remanida. Abundan los tontos que no conciben quién puede haber promulgado semejantes leyes, toda vez que su libre y soberano albedrío -que les permite elegir café o té para el desayuno matutino- las refuta con evidencia. Hay que saber, de entrada, que estos brutos no nacieron así; los embrutecieron la familia, la escuela, la televisión, tal vez un temprano desamparo, y la inteligencia artificial, bien entendido que todas esas instituciones son benéficas como lo son el martillo y el cortafierro: machucan el dedo o clavan el clavo según el uso que se haga de ellas.

A propósito de esas leyes de la Historia-dice Nietzsche- no hay nada más que voluntades e instintos. Y esas subjetividades están allí, arrojadas a una vida animal que nunca llega a ser del todo racional más que en apariencia. O, más aún, conceptos como ese de “dignidad de la persona humana” no son sino la metaforización de una conveniencia social. E incluso el lenguaje exhibe esa evidencia. El lenguaje es un nominalismo utilitario que sirve al ser humano como convención eficaz pero que nada dice sobre la esencia de las cosas. Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son (v. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral). Y sobre este erial devenido fértil y abonado surco, ya vendría pronto alguien a revelar que la íntima esencia de las cosas es que las cosas no tienen esencia.

Hubo eternidades en que el intelecto humano no existió; y lo único que pervive hoy es el deseo, la voluntad y el instinto animal. No hay "leyes" porque ni siquiera hay "historia" (NZ dixit).

Pero conviene abandonar pronto al filósofo de Röcken. Sólo lo hemos traído aquí a unos fines exclusivamente utilitarios, es decir, mencionándolo como alguien reñido con todo lo que reclame armonía y beatitud como origen de la vida y, sobre todo, implícitamente opuesto a la existencia de unas sedicentes “leyes” que regirían el curso de los asuntos humanos. Por lo demás, las verdades de Nietzsche son escandalosas hasta lo inaudito. Y la horribilidad de esas verdades consiste precisamente en eso: en que son verdades. Lo único que ha podido hacer la humanidad con ellas es olvidarlas. Esa ha sido la función de los filósofos posteriores a Nietzsche: ayudar a la humanidad a mirar para otro lado cuando se enfrenta a su propio retrato.

Digresión prescindible. Presumir de especialización en Nietzsche ignorando a Heródoto es de gente poco seria, aunque impostar lo contrario sea su negocio. El filósofo alemán pretendió haber decodificado a Zarathustra, pero ya unos siglos antes, el citado Heródoto, presa de unas angustias que -podemos presumir- eran análogas a las que atormentaban al enamorado de Lou Salomé, había percibido lo esencial del pensamiento de Zoroastro: y hace befa, el historiador griego, de aquellos pueblos que imaginan dioses surgidos de la naturaleza humana o bien guardan alguna afinidad con ella. Eso es Nietzsche en estado puro, dos mil quinientos años antes que Nietzsche.

Dizque la Socialdemocracia también ha tenido posición que fijar acerca de las tales leyes históricas. Por cierto que no negarlas ha sido su propósito, sino reinterpretarlas a la luz de la realidad, sobre todo a la luz de las derrotas y azoramientos del movimiento obrero mundial durante el siglo XX.

Este siglo no había comenzado todavía cuando apareció la obra consular de la socialdemocracia: Socialismo teórico y socialismo práctico, de Eduard Bernstein, quien pasó a estar seguro de que el marxismo tradicional que él había profesado hasta ese mismo instante, era completamente incapaz de dar cuenta de la nueva realidad del capitalismo. En particular, Bernstein rechazaba los fundamentos filosóficos del marxismo de entonces (Hegel y la dialéctica) e impugnaba, asimismo, toda noción de "revolución"; y la consecuencia práctica de esto era la propuesta de reorganizar la Segunda Internacional en torno a los conceptos de democracia de masas y elecciones (que va a ser lo que, andando los '70 del siglo XX, Mouffe y Laclau van a "proponer" como de cosecha propia). En rigor, hay que decir que la socialdemocracia no niega que haya "leyes" o, cuanto menos, unas tendencias de la historia en un sentido emancipador del trabajo. Antes bien, su nota distintiva es que apuesta a mejorar paulatinamentela situación de las clases subalternas mediante cambios dentro del sistema económico y político vigente, es decir, conlleva implícita la aceptación de un capitalismo no ya cerrilmente explotador sino distributivo y benéfico.

Esto último se puede lograr estableciendo y/o redireccionando partidas presupuestarias, de tal manera que, al comienzo de cada ejercicio, los parlamentos voten mayores asignaciones dedicadas a salud, educación, ciencia y tecnología, así como partidas orientadas a subvenir necesidades previsionales de los sectores más postergados de la población. Esta mayor predisposición sistémica a beneficiar a los más desfavorecidos debe sostenerse en alguna columna del tinglado, y esa columna, necesariamente, serán los impuestos a los grandes contribuyentes, lo cual implica la apuesta por un capitalismo productor de riqueza en detrimento de toda variante financiero-especulativa.

Un estado de cosas como este, fue denominado por Cristina Kirchner "capitalismo en serio" en su alocución en el G20 habida en Cannes en 2011. Va de suyo que a tal concepción de política económica no le puede ser indiferente el equilibrio fiscal, es decir, la necesidad de que las cuentas públicas, arrojen superávit y no déficit, para lo cual es imprescindible ajustar gastos y garantizar a los productores de riqueza unas condiciones de contratación laboral que no les comprometan unas ganancias que, en definitiva, constituirán la base imponible que sostendrá todo el sistema. Achicamiento del Estado y reforma impositiva van de la mano; aquél implica ésta.

Esto da cuenta de lo que quiere decir Cristina cuando dice que hay que repensar todo lo que se ha hecho hasta acá. Da cuenta también de lo que sería dable esperar de un hipotético gobierno suyo: uno menos inspirado en Hugo Chávez que en Pedro Sánchez. Y, sobre todo, da cuenta de que Axel Kicillof no tiene una sola diferencia de concepto con ese “nuevo” ideario cristinista. En otras palabras, no tienen –ambos- pretexto ni razón alguna -como no sean unos personalismos deplorables, si existieran- para no unificar, de cara a 2027, una propuesta electoral.

Si así no fuera, Kicillof tiene a favor que puede participar en un proceso electoral, en cambio Cristina sólo podría hacerlo en caso de que fuera indultada, y todo se encamina, en la sesgada justicia argentina, a una nueva condena, esta vez por la causa “cuadernos”, una truchada inverosímil con la cual se busca remachar para siempre su expulsión de la política nacional. Los odios sempiternos del pueblo argentino, en todo caso, siempre estarán en condiciones de deparar nuevas frustraciones en 2027, y hay que estar atentos a eso.

Pero sea con uno u otro candidato/a, el futuro del peronismo se inscribe en clave socialdemócrata. Sólo los peronistas que todavía creen en la vigencia de “La comunidad organizada” o los que consideran “verdaderos peronistas” a Rucci o Lorenzo Miguel por sobre los Kirchner, estarán en contra de este eventual viraje histórico que pareciera venir decantándose en el movimiento fundado antaño por un general nacionalista. También el insignificante y bullanguero Santiago Cúneo estaría en desacuerdo con cualquier viraje socialdemócrata, pero Santiago Cúneo, además de ser un iletrado irredento (por no decir un fascista pertinaz) es la continuación de Milei por otros medios. El liberalismo, a lo largo de la historia, con frecuencia ha necesitado de la carta fascista para imponerse cuando ya le habían picado el boleto y todos tendían a no creerle más nada. Dos resentidos con capacidad de daño a los que no votan ni sus familias, esos son -tan parecidos- este Cúneo y aquel Randazzo, el que alguna vez supo jugarle feo al buen Felipe Solá. Hay de todo en la viña de Belcebú.

Todo normal, hasta que ingresa en el escenario el factor geopolítico. Las socialdemocracias europeas se autofinancian, pero las de la periferia requerirían, forzosamente, del inversor externo. Y ni demócratas ni republicanos estadounidenses financiarán, de buen grado, un vidrioso experimento que nunca da muestras claras de profesar la ortodoxia económica.

Milei optó de movida y sin tapujos, por alinearse con EE.UU. e Israel. Sacó unos metros de ventaja de entrada. Y hoy tiene otra ventaja: no le importa perder en 2027. No ha venido a ganar elecciones, sino a ganar una "batalla cultural": convertir el afán de lucro en sentido común; y mientras pueda decirle al pueblo que la culpa de sus tropiezos es del “populismo”, la ganancia ya está hecha. Si le creyeran, volvería y sería millones.

Razón de más -la única, pero pétrea razón- para inclinarse por, si es que llega la hora de los hornos y no la de la parrilla, las opciones geopolíticas que haría un estadista, que es lo que está requiriendo la Argentina.

Cuando la batalla cultural la tiene que librar Paolo Rocca, algo anda mal... a ver si se dan cuenta los que se reúnen para "sacar conclusiones" de la derrota de octubre con el fin de "volver a gobernar el país".



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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