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En estos días se ha difundido la intención del gobierno nacional de privatizar la mayor hazaña industrial en tecnología sensible de la Argentina, como la que poseemos con las centrales nucleoeléctricas. No interesa que las mismas sean económicamente superavitarias y posean una potencialidad muy concreta de índole exportadora que aportaría al país las divisas que al día de hoy se mendigan al frío mundo condicionante de las finanzas internacionales.
Hay en esa intención varios puntos que niegan la oportunidad y sobre todo la necesidad de enajenar semejante calidad de bienes.
Primero, que este es el esfuerzo del pueblo argentino que desde 1948 inició al amparo de la política de Atomos para la paz el desarrollo nuclear más eficiente de Latinoamérica.
Segundo, las centrales núcleo eléctricas se construyeron con un alto porcentaje de aportes materiales y de profesionales argentinos, hasta conseguir en la práctica la proximidad al autoabastecimiento como en ninguna otra rama, de este nivel de complejidad, de la industria nacional.
Tercero, la calidad de los profesionales argentinos permitió la investigación y construcción de centrales de baja potencia para la elaboración de radioisótopos útiles en medicina que fueron exportados a distintos países del mundo, en concursos competitivos que demostraron la supremacía en calidad y precio del producto nacional.
Cuarto Argentina cuenta con mina de uranio natural en Mendoza por unas 13 mil toneladas y con una planta de agua pesada en Arroyito que también es producto exportable.
En concreto es muy amplia la disponibilidad en Argentina de material y recursos humanos capaces de llevar adelante una industria altamente competitiva que nos posesiona de una riqueza que no existe en muchos países cualquiera fuese su nivel de desarrollo.
Hoy para salvar una situación de desequilibrio financiero originado en préstamos externos que además dieron pie a una amplia fuga de capitales, convirtiendo al ministerio de Economía en una mesa de dinero, ajena, por supuesto, a los intereses colectivos de los argentinos.
Esta desaprensión por lo propio, independientemente del esfuerzo que costara conseguirlo, pareciera dispuesta a poner en situación de remate la infraestructura más valiosa de la nación, dado por un sentimiento antinacional imperdonable de la gestión Milei.
De Perón, que iniciara con la CNEA el largo camino del desarrollo de la industria nuclear, a Jorge Sábato, este último gran creador de la rama metalúrgica aplicada a lo nuclear, los argentinos vivimos con orgullo la calidad de nuestros profesionales y los logros que esa entidad al día de hoy aportaron a nuestro país.
Es insensato vender por poca moneda para salvar agujeros de la política económica, aquello que puede ser un bastión para proyectar a Argentina a una mayor evolución económico social.
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