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En Caracas en particular, pero también en toda Latinoamérica, todavía resuenan las palabras del comandante Hugo Chávez aquel 12 de septiembre de 2008, cuando exclamó: “¡Váyanse al carajo, yanquis de mierda, que aquí hay un pueblo digno!”, tras expulsar al embajador estadounidense Patrick Duddy. La actitud del mandatario bolivariano fue un gesto de solidaridad con el gobierno boliviano, luego de que Evo Morales denunciara un complot golpista en su país, pergeñado desde Estados Unidos.
Es de conocimiento público que nuestro presidente Javier Milei se reunió durante unos pocos minutos con el “hombre naranja” que juega a ser el héroe de la derecha mundial: Donald Trump, presidente de los Estados Unidos.
A pesar de los graves problemas económicos y sociales que atraviesa el país del norte, y de su creciente fragmentación política, el primer mandatario del imperio en decadencia habló de una posible ayuda económica para nuestro país o, mejor dicho, para Milei. Vale la aclaración, porque él mismo se encargó de explicitar el condicionamiento al afirmar: “Si Milei gana, estaremos cerca; si no, nos vamos.”
Este grado de injerencismo por parte de Estados Unidos en la política nacional jamás se había visto. Tampoco existen antecedentes de que Argentina haya contado dentro de su propio gobierno con un nivel de cipayismo tan alto.
Mao Tse-Tung, líder de la Revolución Comunista China, exponía en su ensayo de 1937 —que dio origen a la ideología maoísta— que todo movimiento y toda forma de vida son el resultado de una contradicción. Existe una contradicción principal y otras secundarias, las cuales no pueden resolverse sin que antes se resuelva la principal.
La derecha argentina ha instalado valiéndose de sus usinas mediáticas, como contradicción principal la tan mentada grieta: “K” y “anti-K”, dentro de una continuidad histórica que contrapuso “peronismo y antiperonismo”.
Sin embargo, la verdadera contradicción principal de la Argentina fue planteada hace más de dos siglos y aún hoy permanece sin resolverse: “Patria o colonia”.
Con el accionar desesperado del gobierno de los Milei por llegar a las elecciones y lograr un papel decoroso, terminó entregando a Estados Unidos la soberanía nacional, sin tapujos ni disimulo.
Pero todavía existe una memoria colectiva que no han podido borrar —pese a los reiterados intentos de todo tipo—, una memoria fundada en esa soberanía jaqueada, que reactiva el espíritu antiimperialista, el orgullo por lo nuestro y el rechazo a las políticas abusivas norteamericanas. Resurge, entonces, aquel grito de dignidad: “Yankees go home!”
Ojalá que, ante la derrota que sufrirá La Libertad Avanza en las próximas elecciones, el presidente de los Estados Unidos cumpla con lo que dijo: “Nos vamos.”
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