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19/10/2025

Epopeyas

Epopeyas | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Gerardo Burton

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¿Qué tienen en común Chos Malal y Londres? ¿Y qué el siglo XXI argentino con la Inglaterra de cuatro centurias antes? ¿Quién o qué los une?

Aparentemente, hay epopeya posible en la era de Milei y Trump y la historia no se volvió a terminar después de Fukuyama.

Una a una, vienen las respuestas en este nuevo libro de Ordóñez, un poeta anclado en el norte neuquino para felicidad de la Cordillera del Viento y sus dorados mágicos cada atardecer.

Lo dicho: este libro es poesía y también es una epopeya como las griegas, como las bíblicas, como los mitos fundacionales de los pueblos americanos. Héroes y descubridores que pretenden serlo; dioses y semidioses erigidos por desconocimiento y temor; territorios que se quieren vacíos (desiertos) para una conquista que se piensa fácil en los papeles. Sin embargo, todo estallará unos siglos después del desembarco de Pigafetta, Magallanes y los suyos.

 

Es viento persistente también el suyo

Una sombra que corre hacia adelante

Donde nadie parece que la aguarda (p. 6)

 

Ordoñez se dedica a la invención de un nuevo mito de origen, en este caso el de Setebos, que continúa su saga por los siglos de los siglos. Patagón es el nombre dado a los tehuelches por los "descubridores", y desde ese momento la palabra Patagonia quedó fijada en la toponimia. Tierra maldita para Darwin, que jamás hubiera imaginado la prosperidad escondida en el cadáver de una vaca.

 

¿Qué puede aquí aportar la tinta?

¿Dónde?

Si es solo viento lo que nombra (p. 9)

 

Éste es un largo poema alumbrado en el confín norte de la Patagonia: su autor, se dijo, habita la Cordillera del Viento y la capital histórica de esta provincia, próximo al "techo de Neuquén", ese Domuyo silente mas no mudo.

El poema es también un relato de la existencia, las costumbres, las esperanzas de esas gentes que los europeos encontraron al bajar de los barcos. Suerte tuvieron de no encontrarse cerca de Trapalanda ni de la Ciudad de los Césares ni de El Dorado. Suerte para los originarios: pudieron subsistir casi tres siglos más.

Esto, pese a las narraciones (interesadas, como siempre) de cronistas que también vendían sus espejos de colores para prolongar y financiar su estadía en las tierras de ultramar. Dice Ordóñez que la distancia es un largo dolor (p. 17),y no se equivoca con ese verso que recuerda a Marechal.

Se dijo que el desastre esperó siglos. Sin embargo, Ordóñez recuerda que con engaños/sus hermanos son grillados a los barcos. Engaños que, para homenajear a Carlos V, el rey flamenco, se convirtieron en traición.

Una mención especial para la participación del artista Carlos Juárez en esta edición: las tres imágenes de Setebos en el interior, sintetizadas en tapa y contratapa, son otra lectura, también poética, de este mito de Setebos.

 

Héctor Ordóñez: Setebos, el dios patagón. Prólogo de Raúl Mansilla. Ilustraciones de Carlos Juárez (a todo color). Neuquén, Ars Diseño Gráfico Editorial, 2023, 20 páginas.

29/07/2016

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