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21/09/2025

Cuesta abajo

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“El hecho de que los propios aliados de Milei comiencen a votarle en contra en las dos cámaras legislativas muestra que el horno no está para bollos”.

Rodolfo Canini

Un Milei casi circunspecto, por cadena nacional, volvió a repetir un discurso archiconocido por el pueblo argentino, a quien prácticamente suplicó que siga cumpliéndole la sacrificial tarea de creerle. Sin embargo, difícilmente haya sido el único destinatario de su alocución oficial —esta vez sin insultos.

El presidente en cuesta abajo, parecía pedir una soga a sus amigos del norte, específicamente al brazo financiero del imperio (el FMI), repitiendo en más de una treintena de veces la promesa de lograr o mantener —según cómo se mida— el “equilibrio fiscal”, es decir, la primera exigencia del Fondo. La motosierra seguirá encendida, pero ya nadie asegura, a esta altura del esfuerzo “agradecido” de Milei, que haya quien le eche combustible.

El objetivo de déficit cero ha quedado instalado de tal manera que muchos opositores lo han hecho propio. Pero es bueno recordar que solo 4 de los 195 países del mundo mantienen hoy superávit fiscal: Noruega, Singapur, Suiza y Luxemburgo. La mayoría de los Estados nacionales solo logra el equilibrio fiscal en momentos muy puntuales de su historia, y por plazos breves. Incluso Estados Unidos —país de referencia para los actuales ocupantes de la Casa Rosada— ha tenido muy pocos períodos de superávit fiscal neto (cuando los ingresos superan los gastos más los intereses de la deuda), y casi siempre de corta duración. Por ejemplo, los dos últimos años de la década de 1990 obtuvo superávit fiscal, gracias al aumento de impuestos a las corporaciones y a las grandes fortunas. El período más largo de superávit en EE.UU. fue de 1835 a 1838, bajo la presidencia de Andrew Jackson, cuando se pagó la deuda federal por primera y única vez en la historia de ese país.

En Europa, los países que han alcanzado superávit fiscal en algún año de los últimos tiempos son pocos: Grecia, Portugal, Luxemburgo, Suiza y Chipre lo lograron en algún momento de este último lustro; y Croacia, Bulgaria, Alemania, Letonia, Dinamarca y Países Bajos, en algunos años de la década anterior. Los países europeos más desarrollados —según el modelo que inspira a quienes hoy nos gobiernan—, salvo Alemania, ni siquiera alcanzan el equilibrio fiscal. Todos tienen déficit.

Estas referencias nos llevan a pensar que no necesariamente tener equilibrio o superávit fiscal garantiza una buena calidad de vida para la población, ni asegura una distribución justa de la riqueza. El equilibrio fiscal no puede ser el único objetivo de un gobierno. Alcanzarlo a costa de pobreza y exclusión de una parte importante de la sociedad implica un profundo desequilibrio humano. Lograrlo debe ser una meta, sí, pero con la gente adentro, incluyendo una reducción considerable y real de la concentración de la riqueza en pocas manos.

Hoy, el humor social ya no tolera la jactancia de haber hecho “el ajuste más grande de la historia de la humanidad” para alcanzar el equilibrio fiscal, y el hecho de que sus propios aliados comiencen a votarle en contra en las dos cámaras legislativas muestra que el horno no está para bollos. El “círculo rojo”, el “establishment” o “la oligarquía” —como se quiera llamar a los dueños del país— también ha tomado nota del creciente malestar social, con el peligro de que se transforme en un tsunami de protestas. Los patrones “criollos” están reuniendo a los gobernadores —hasta ayer amigos de Milei— para buscar alguna alternativa política. Logrado esto, no ahorrarán esfuerzos para sacar al primer mandatario en helicóptero y, en el mejor de los casos, mandar a su hermana a hacer tortas.

El presupuesto presentado – según el CEPA (Centro de Economía Política Argentina) -, apunta a mantener el superávit fiscal financiero, pero si siguiera cayendo la economía y se recauda menos de lo previsto – como todas las proyecciones lo indican – se ajustarán las partidas principalmente de educación y salud. Las proyecciones de crecimiento e inflación no se condicen con las proyecciones privadas y esperan un dólar al valor que cotiza en estos días. El presupuesto prevé un déficit comercial importante y las exportaciones están sobrestimadas. Todo indica que las previsiones están estimadas muy lejos de la realidad posible.

La promesa de dolarizar la economía, instalando el billete verde como moneda corriente, se transformó en el vaciamiento de verdes la propia Reserva Federal. La promesa de “terminar con la casta” se transformó en La Casta dentro de la Casa Rosada, beneficiando a los más ricos. Y la lucha contra la corrupción “kuka”, se convirtió en un escándalo propio, con pedidos del 3 % para engrosar la avaricia de “El Jefe”, es decir, su hermana. No le queda otra trinchera que recurrir al discurso antiperonista para, por lo menos, mantener una base.

Mientras tanto, la inflación no se detiene, el dólar sube constantemente y el “riesgo país” ya compite con los índices de pobreza, atando de pies y manos al gobierno para obtener un nuevo financiamiento internacional. Es indisimulable, como dice el tango de Gardel y Lepera – “Ahora, cuesta abajo en mi rodada/ Las ilusiones pasadas/No las puedo arrancar…”.

29/07/2016

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