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Columnistas
24/08/2025

Aguafuertes del Nuevo Mundo

No toda la culpa es del chancho

No toda la culpa es del chancho | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Más temprano que tarde una Patria adormecida y sin capacidad de respuesta ante los atropellos constantes y las políticas de destrucción sistemática del gobierno deberá rendir cuentas de su comportamiento genuflexo.

Ricardo Haye *

El taxista va muy alterado y, de pronto, descerraja: “el presidente de la Nación es un tipo repugnante y despreciable”.

Vaya a saberse cuáles fueron los acontecimientos del día (o de la semana; o de la vida) que lo llevaron a esa expresión catártica. “Es mi opinión personal -aclara de inmediato- pero, como él dice, la proclamo en el ejercicio de la libertad de expresión a la que todos tenemos derecho”.

A esta altura de la soirée, sin embargo, uno sabe que esa consideración cuenta con la adhesión así como con el rechazo de amplios sectores de la sociedad.

Aquellas personas que lo consideran abominable seguramente incluyen en la misma categoría a otros funcionarios y dirigentes como Patricia Bullrich, José Luis Espert o Rodrigo de Loredo, para citar apenas unos pocos ejemplos de quienes recogen los repudios que sus conductas permiten cosechar.

Cuesta un poco más de trabajo explicar el sustento de quienes lo apoyan, en particular el de aquellas personas que no están en la cúspide de ninguna pirámide social sino que habitan en sus zonas bajas.

Por ejemplo aquellas y aquellos beneficiarios de los sistemas públicos de educación y de salud, en el que muchas y muchos se han formado y recibido atención sanitaria. Resulta arduo de explicar por qué acompañan las políticas de desguace de lo público quienes se favorecieron de la acción bienhechora y protectora del Estado; los que accedieron a unos estudios que la escolaridad privada jamás les hubiese permitido; quienes recibieron en hospitales públicos la cura que nunca hubieran alcanzado en una clínica privada.

Y, sin embargo, hay padres de hijos que son primera generación de universitarios que todavía reivindican las políticas libertarias a sabiendas (o quizás no) de que sus nietos probablemente no accedan a esa posibilidad.

¿Habrá progenitores de niños atendidos en el Hospital Garrahan que voten en violeta? ¿Los habrá entre quienes llevan sus criaturas al Hospital Provincial Castro Rendón de Neuquén, al Hospital Dr. Pedro Moguillansky, de Cipolletti o al Hospital Zonal Francisco López Lima, de Roca, conociendo que los servicios de esos nosocomios se resienten ante el retaceo de recursos con el que la Nación castiga a las provincias?

¿A ninguno de esos padres o madres les hace ruido que la senadora del PRO Carmen Álvarez Rivero expresase que no cree que "los niños argentinos tengan derecho a venir al Garrahan a ser curados"? ¿Cómo es posible que pronuncie semejante bestialidad sin recibir sanción social alguna?

A raíz de la falta de obra pública las rutas se deterioran cada día más y se convierten en verdaderas trampas mortales, ante la desaprensión gubernativa. El desfinanciamiento de las universidades nacionales y la actividad de investigación científica nos hace retroceder décadas y a los farabutes de la Casa Rosada y sus alcahuetes mediáticos les parece correcto.

El salvajismo de los oficialistas y sus amigos de tropelías no conoce límites. Pero lo verdaderamente llamativo es que sus expresiones feroces tan reiteradas, su auto reivindicación de crueldad, no hagan mella en los indicadores de satisfacción con la tarea de gobierno. Ese dato no lo sabremos hasta las próximas elecciones legislativas, pero en cualquier otra circunstancia hubiese sido dado suponer que semejantes brutalidades deberían a recibir una condigna repulsa en las urnas. No obstante, ¿quién se atreve a augurar que va a ser así?

El jefe de Estado agravia a un niño autista y parece no afectar las perspectivas electorales de su fuerza. A los jubilados se les niega un aumento ínfimo que ni siquiera los eximiría de la pobreza, pero además reciben palos y gases cada miércoles ante el Congreso y no se advierte una masiva reacción popular. Mes a mes la capacidad adquisitiva de los salarios se reduce y la conducción cegetista mira para otro lado. ¿Es posible que cada vez haya menos consumo, cierren negocios, se fundan PYMES, crezca la desocupación y -así y todo- las ínfulas exitistas de la ultraderecha no disminuyan?

Entiéndase: el interrogante no va dirigido exclusivamente a la conducción del país, sino y sobre todo al cuerpo social que permite semejante latrocinio.

¿A qué se debe ese adormecimiento social? ¿Es producto del convencimiento en las capacidades de la pareja de hermanos presidenciales o acaso sea obra de un sopor que invalida u obtura cualquier acción de defensa? ¿Tal vez obedezca a un odio enceguecedor y fratricida, que inhibe la comprensión y produce desclasados y psicópatas?

Existen voces que reclaman a la oposición real una actitud proactiva y no meramente reactiva. Y aunque esa demanda parece ser persistentemente desoída por dirigencias que tal vez algún día deban cargar con esa culpa, quizás no reparamos lo suficiente en que la calle tampoco da muestras elocuentes de una resistencia más férrea, de mayor compromiso.

Digámoslo otra vez: la recurrente postal de los jubilados golpeados semanalmente mientras los acompaña apenas un puñado de personas es una demostración palmaria de lo deprimidas que están nuestras capacidades de respuesta.

Es correcto reclamarle a las fuerzas del campo nacional que no se limiten a forjar meras alianzas electorales de coyuntura, sino que vertebren planes de recuperación y desarrollo sostenibles en el tiempo, pero antes o junto con eso debemos mirar hacia adentro de nuestra sociedad y activar acciones que no solo nos resguarden sino exijan el crecimiento del país en un marco de justicia social, solidaridad y fraternidad.

Hoy no tenemos a los dirigentes marchando a la cabeza, pero tampoco parece existir voluntad de -si hace falta- marchar con la cabeza de los dirigentes.

La foto que incluimos solo constituye un ejemplo de nuestro reflujo soberano y la insuficiencia de rebeliones populares. Rodeando al Engendro aparecen los auténticos representantes del poder real: a través de sus esbirros Caputo, Daza, Bausili y Werning la banca Morgan se ha apropiado de los controles para el diseño de nuestra política y regulación económica, la gestión de las finanzas, la política fiscal, el empleo y el desarrollo económico.

Aunque no lo hagan los gobernadores que se bajan los lienzos por mendrugos, los legisladores que se forran los bolsillos o los políticos arribistas carentes de cualquier compromiso noble, es imperdonable que las quejas masivas de los ciudadanos de a pie no atronen en todos los rincones de la Patria ante esta ocupación de nuestros espacios de decisión estratégica. Este silencio específico es tan nocivo como el que acompaña todo el andar despiadado de La Libertad Avanza y su corte de rastreros y lacayos.



(*) Docente e investigador universitario
29/07/2016

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