-?
 
 
 
Columnistas
10/08/2025

Aranceles, sanciones y amenazas por doquier: la guerra contra los BRICS

Aranceles, sanciones y amenazas por doquier: la guerra contra los BRICS | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Washington convierte la política arancelaria en un instrumento de sanciones directas e indirectas contra aquellas naciones cuyas políticas considera “antiestadounidenses” y pone sin tapujos a los BRICS en esa condición”.

Gustavo Crisafulli *

El 6 de julio pasado tuvo lugar en Rio de Janeiro la 17° reunión plenaria de los BRICS, la primera desde su ampliación, con la incorporación de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia (Arabia Saudita, no ha decidido aún su incorporación, aunque fue aceptada como miembro pleno en 2024).

Al día siguiente, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó estentóreamente con que “cualquier país que se alinee con las políticas antiestadounidenses de los BRICS pagará un arancel adicional del 10%. No habrá excepciones a esta política”.

El 18 de julio volvió a la carga y aseguró que “son un pequeño grupo que se está desvaneciendo rápidamente”, gracias a las políticas de su administración.

Y agregó “Los BRICS querían intentar apoderarse del dólar, del dominio del dólar y del patrón del dólar. Y yo dije: a cualquiera que esté en el consorcio de naciones BRICS le vamos a imponer un arancel del 10%. Y tuvieron una reunión al día siguiente y casi nadie se presentó”.

El 30 de julio subió la apuesta y firmó una serie de decretos que golpean directamente a dos de sus miembros: Brasil e India.

A las importaciones provenientes de Brasil les impuso aranceles de 50%. Aunque estableció una importante serie de excepciones, da de lleno en algunas muy importantes como café, carnes y otros productos agrícolas.

Pero lo más grave es el carácter de las medidas. Su fundamento es político y no económico. Se elevan las cargas un 40% sobre el arancel general del 10 % por la "persecución, intimidación, acoso, censura y enjuiciamiento por motivos políticos" a Jair Bolsonaro y varios de sus seguidores, procesados por la intentona golpista de Enero de 2023.

Adicionalmente, el Departamento de Estado impuso sanciones contra el juez del Tribunal Supremo de Brasil, Alexandre de Moraes, acusándole de “graves violaciones a los derechos humanos” por autorizar “detenciones arbitrarias y atentar contra la libertad de expresión”.

Ese mismo día, Trump estableció un arancel del 25% a las importaciones procedentes de la India, debido a que ese país importa petróleo crudo proveniente de Rusia.

Con ambas decisiones, Washington convierte la política arancelaria en un instrumento de sanciones directas e indirectas contra aquellas naciones cuyas políticas considera “antiestadounidenses” y pone sin tapujos a los BRICS en esa condición.

Más allá de la pintoresca forma trumpista de abordar la política exterior, subiendo y bajándole el precio a sus cambiantes “rivales”, sus acciones dan cuenta de las dificultades para el llamado Occidente de comprender a esa extraña criatura que son los BRICS, alimentando la paranoia estadounidense y europea por recuperar una hegemonía quizás ya irremediablemente ida.

El acrónimo inventado en 2001 por Jim O’Neill para llamar a las naciones con las más dinámicas economías emergentes de entonces (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) se convirtió en el nombre de un foro, convocado por Rusia en 2009, donde esos estados comenzaron a vincularse con un creciente grado de interacción económica y política.

Los BRICS nacieron como una respuesta a la crisis financiera global de 2008 pero rápidamente se convirtieron en un espacio de coordinación de políticas en torno a tres objetivos: reforma de los organismos internacionales nacidos en la posguerra y la globalización de fines del siglo XX (ONU, FMI, BM, OMC), fomento del comercio Sur-Sur y ampliación del comercio internacional en monedas locales.

Ese “pequeño grupo” incluye a la primera potencia industrial y tecnológica de mundo (China) la segunda potencia militar (Rusia), la principal economía sudamericana (Brasil) y la nación más poblada del mundo y de mayor crecimiento económico en el último lustro (India).

A los estados miembros originales se incorporaron en 2024, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán, e Indonesia. Ese mismo año se creó la categoría de “países socios” que desde enero pasado cuenta a Bielorrusia, Bolivia, Kazajistán, Cuba, Malasia, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Nigeria.

En fin, “un pequeño grupo” es casi el 51% de la población mundial y no parece “desvanecerse rápidamente”. Más bien lo contrario

Pero los BRICS no son un bloque económico (como Mercosur) o político-económico (como la UE o la ASEAN) ni de políticas de seguridad (como la Organización de Cooperación de Shanghái). Son un foro, no estructurado por Acuerdos ni con una burocracia numerosa, regido por las reuniones anuales de las cabezas de estado y las plenarias de ministros de las distintas áreas.

Sólo crearon dos instituciones en 2014: el Nuevo Banco de Desarrollo, para proporcionar financiamiento a proyectos de infraestructura y transición energética y el Acuerdo de Reservas Contingentes, para dar liquidez sin las onerosas condiciones del FMI. Ambos han tenido un curso limitado en alcance y escala, producto de las diferencias entre los miembros, pues los BRICS mantienen fuertemente el concepto de autonomía estratégica de los estados.

Aun así, con sus diferencias y a veces tensiones entre ellos, crecieron como una voz del Sur Global contra el neocolonialismo y el belicismo occidental aspirando a un nuevo orden internacional más orientado por concepciones político- filosóficas como el Tianxia chino,la armonía entre naciones y civilizaciones y las indias del Dharma, un orden cósmico basado en el deber moral y la vida recta.

Pero lo que más ha unido a los BRICS, y los ha hecho atractivos para muchas naciones de Asia y África, fue algo más concreto: el rechazo a la “superioridad moral” occidental, hundida en el mar de sangre de Gaza y Ucrania, y a su militante hostilidad y desprecio hacia Rusia, China, y las naciones nacidas de la descolonización en el siglo XX.

Ya la Declaración de Kazán, producto de la 16° Plenaria en octubre de 2024 (cuya lectura recomiendo a nuestras lectoras y lectores) marca un punto de inflexión en la postura de un nuevo orden mundial, mucho más claramente que una década atrás.

Las nuevas medidas de la Administración Trump, a las que probablemente se sumen pronto los estados vasallos de la Unión Europea, tuvieron, otra vez, el efecto inmediato de unir más al Sur Global.

El presidente Lula inició consultas con los otros miembros de los BRICS para responder al ataque de Trump, y China aprobó el 30 de julio una medida para que 183 nuevos productores de café brasileños ingresen a su mercado.

El presidente Modi, el más afín a los EE.UU. (en el difícil balanceo con su vecino chino), recibió el “arancelazo” de Trump mientras la flota india participaba de las maniobras navales del Quad, con EE.UU., Japón y Australia. Una afrenta, incluso, personal.

Su reacción no se hizo esperar. El 6 de agosto firmó un nuevo protocolo con Rusia para la cooperación en los sectores de aluminio, fertilizantes y transporte ferroviario y anunció que el 31 de agosto viajará a China en ocasión de la cumbre de la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái), donde se reunirá con Xi Jinping, por primera vez en siete años.

Nuevamente, la política de sanciones, y ahora de aranceles-sanciones, resulta un magnífico y auto infligido tiro por la culata.



(*) Historiador, ex rector de la Universidad Nacional del Comahue.
29/07/2016

Sitios Sugeridos


Va con firma
| 2016 | Todos los derechos reservados

Director: Héctor Mauriño  |  

Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite

[email protected]