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Columnistas
10/08/2025

Reflexiones sobre la deuda pública

Reflexiones sobre la deuda pública | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Actualmente el capitalismo, por su propia dinámica interna, se ha convertido en una sociedad civil muy endeudada, con estados también excesivamente endeudados, algunos bordeando la insolvencia”.

Humberto Zambon

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Retomamos el tema de la semana pasada, sobre el capitalismo financiero, con un pedido de disculpas a nuestros lectores habituales por repetir algunos conceptos.

Varios historiadores y pensadores han fechado para mediados de los años ’70 del siglo pasado un “parteaguas” en el sistema capitalista: la transformación del capitalismo industrial en otro, ahora de carácter financiero. Es decir, llevamos 50 años, medio siglo, bajo la hegemonía del capital especulativo. Lutero decía que “Exceptuando el diablo, no hay en el mundo mayor enemigo del género humano que los avaros y los usureros, pues tantos unos como otros pretenden reinar como dioses sobre la humanidad (…) preferirían, si de ellos dependiese, ver al mundo entero muerto de hambre, de sed, de miseria y de penuria, con tal de acapararlo todo,…”, reflexión referida al usurero de su tiempo, pero que se puede extender a gran parte del sistema financiero.

Todo empezó con la crisis del petróleo, que en la década aumentó su precio un 296%, mientras que las manufacturas lo hacían el 65%: fue una etapa de estancamiento con inflación (“estanflación”) para los países centrales, pero, mientras tanto, los precios de las materias primas y los alimentos caían el 43%. Como siempre, la crisis la pagaron los países subdesarrollados.

La enorme traslación de fondos que significó ese cambio de precios relativos, más que en beneficio de los pueblos, quedó en relativamente pocas manos y, en gran parte, volvió a occidente para que los bancos lo “invirtieran” financieramente. A falta de interés privado debido a la recesión, terminó como deuda pública del “tercer mundo” y, finalmente, en la crisis de la deuda de 1982/1983 (entre 1973 y 1983 la deuda pública externa se multiplicó por 5 y entre los principales deudores estaban México, Argentina, Brasil y Venezuela). Los años ’80 fueron la “década perdida” para el tercer mundo: en total, transfirieron al “centro” 223.600 millones de dólares en pago de intereses y, sin embargo, la deuda creció de 309.900 millones a 422 mil millones de dólares. También aquí los países pobres pagaron la “fiesta”.

Con la estanflación la tasa de ganancia de las corporaciones cayó a la mitad y, para recomponerla, disminuyeron su inversión productiva y dedicaron, parte de los excedentes, a especular financieramente y, otra parte, a inversiones en otras regiones del globo buscando menores impuestos, falta de reglamentación del daño ambiental o, fundamentalmente, menores salarios. El capital fue primero a México, con las famosas maquiladoras de la frontera, luego a los países del este europeo y finalmente al este asiático, especialmente China.

Los salarios nominales se estancaron por la competencia externa, la desregulación laboral, la aparición de la desocupación, la disminución del poder sindical y el aumento de la inmigración, legal e ilegal, mientras que el aumento de la productividad del trabajo fue íntegramente a incrementar las ganancias y a volver más inequitativa la distribución del ingreso.

Lógicamente, la caída del ingreso interno disminuyó la demanda global por lo que, para sostenerla, se intensificó la publicidad y los incentivos para el consumo, con ofertas de financiación a tasas de interés muy bajas. Así, el grueso de la población incrementó su nivel de gasto en consumo endeudándose con tarjetas de crédito, compra en cuotas, etc. Al comienzo del nuevo siglo, en los países centrales, el crédito al consumo creció a una tasa que triplicaba al crecimiento del PBI; simultáneamente, se produjo un “boom” inmobiliario basados en préstamos hipotecarios a largo plazo y muy bajo interés, con un gran componente especulativo: entre el 2000 y el 2006 el valor de los inmuebles creció un 88%. Tanto en Estados Unidos como en Europa la demanda creció reemplazando ingresos genuinos por montos crecientes de deuda.

En 2007-2008 la “burbuja” financiera explotó y la crisis se extendió al mundo; los bancos tuvieron problemas para recuperar sus créditos y ante la amenaza de una crisis bancaria los estados se endeudaron para salvar a los bancos. Una nueva ola de endeudamiento se produjo con la pandemia del COVID a partir del año 2019 (según el Banco Mundial, la deuda actual es un 25% más alta que antes de la pandemia).

El resultado es que actualmente el capitalismo, por su propia dinámica interna, se ha convertido en una sociedad civil muy endeudada, con estados también excesivamente endeudados, algunos bordeando la insolvencia, con una economía estancada, con desocupación creciente y una distribución del ingreso muy inequitativa.

El Banco Mundial ha estimado la deuda mundial (2024) en 315 billones de dólares, incluyendo la deuda de las familias, las corporaciones y la pública; esta última sería de 92 billones (UNCTAD la estimó en 102 billones). Como punto de comparación, el PBI mundial (bienes y servicios producidos durante un año en todo el mundo) sería de 97 billones. La incobrabilidad es evidente.

Se suele tomar como límites para una deuda pública razonable el 40% del PBI para los países de bajo ingreso y el 60% pata los de alto. Pero Estados Unidos debe el 120,8% de su PBI, Italia el 135%, España el 101.8%, Grecia el 153.6%, Eritrea el 179.8%, Sudan el 187,6% y así podemos continuar. Para las Naciones Unidas (UNCTAD), «el servicio de la deuda pública externa alcanzó los 365.000 millones de dólares en 2022, equivalente al 6,3 % de los ingresos por exportaciones». A modo de comparación, el acuerdo de Londres de 1953 sobre la deuda de guerra alemana limitó el pago de deuda externa (pública y privada) al 5 % de los ingresos por exportaciones, para no comprometer la recuperación del país.Y, reiteramos, la carga actual del 6,3% se refiere sólo a la deuda pública.

Por eso la Comisión por la deuda externa formada por 30 economistas y académicos de nivel internacional, creada en el Vaticano por el papa Francisco y dirigida por el premio Nobel Joseph Stiglitz y el argentino Martín Guzmán, sostiene que si no se aborda la crisis de la deuda y el desarrollo, “las desigualdades de oportunidades están destinadas a aumentar y la inestabilidad a agravarse, con consecuencias desestabilizadoras a medio plazo en todo el mundo… No es posible permanecer en silencio ante familias que no pueden satisfacer sus necesidades vitales o ante niños que no pueden recibir educación e instrucción”. El informe de la UNCTADsostiene que esa carga“asfixia cualquier posibilidad de crecimiento”; muestra que más de 54 países gastan más del 10 % de sus ingresos fiscales en el pago de los intereses de su deuda; 3300 millones de personas viven en países en los que el gasto en el servicio de la deuda es mayor que el gasto en sanidad, mientras que 2100 millones de personas viven en países en los que el gasto en el servicio de la deuda es mayor que el gasto en educación.

En Argentina, que estaba en una situación cómoda respecto a la deuda, durante el gobierno de Macri, en el año 2018, acordó un gran préstamo con el FMIpor un monto superior a los 50.000 millones de dólares, de los que se efectivizaron cerca de 45.000 millones; el monto prestado, superaba ampliamente la cuota que correspondía a la Argentina, de cerca de 12.000 millones de dólares. El importe total terminó en el exterior, como retiro de capital especulativo o, directamente, “fugado” por los rentistas locales. Las mismas autoridades, ahora en el gobierno de Milei, ampliaron el préstamo con el FMI en 20.000 millones, más el financiamiento de otros organismos multilaterales, que lleva el mismo destino.

Según CELAG (Centro Estratégico de Latino América de Geopolítica) en 600 días el gobierno de Milei pagó 34.8 billones de pesos de intereses mientras aportaba 25 billones para el sistema de jubilaciones y pensiones. El gobierno pretende (incluso por presión del FMI en ese sentido) reformar al sistema jubilatorio porque lo consideran “insostenible”; pero nada dicen de la carga que representa la deuda. Y, mientras tanto, procuran tomar nueva deuda…

Por el escenario descripto, un artículo del Banco Mundial consideró que el estallido de una crisis global de la deuda oscilaba el 50% de probabilidad. Mientras tanto, como dijo Alejandro Olmos, “la deuda externa se ha convertido en una actualizada forma de esclavitud, que condiciona de manera irreversible las posibilidades de desarrollo de cualquier país soberano”.

29/07/2016

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