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Columnistas
20/07/2025

“Menem”, la serie

De farsas y tragedias

De farsas y tragedias | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Carlos Menem, tiempo después de su presidencia (izq.). Actor Leonardo Sbaraglia, caracterizado para el personaje de la serie (der.).

El elenco de la ficción audiovisual sobre Carlos Menem, la reconstrucción de época, las actuaciones: todo magistral. Pero esta no es una crítica cinematográfica. Después de la dictadura cívico-militar, el menemismo fue la segunda intentona del neoliberalismo por reformatear a la sociedad argentina.

Gerardo Burton

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Menem, la serie. El elenco, la reconstrucción de época, las actuaciones: magistrales. Eso queda fuera, porque en este espacio no habrá crítica cinematográfica.

La campaña de 1989, la victoria (a fines de 1988) sobre Antonio Cafiero en la interna abierta del justicialismo, la elección de arquetipos para ocultar los protagonistas (ejemplo: el sindicalista que niega las privatizaciones representa la resistencia -escasa- de los gremios al proceso de desmantelamiento del Estado) o el disfraz de personajes con otros nombres (Sandra Silvestre por Amalia Yuyito González); los empresarios nacionales que apenas aparecen; sólo los extranjeros que quieren comprar ENTeL (Empresa Nacional de Telecomunicaciones), son sólo algunos pantallazos de estos capítulos, coronados por la histórica caminata de Alfonsín y Menem por la residencia presidencial cuando se cocina la dañina reforma constitucional.

El círculo íntimo del presidente, en esta primera ronda, está constituido por sus hijos, la familia Yoma, y un grupo de amigos y colaboradores que sintetizan varias personalidades (Ramón Hernández, Carlos Corach, Eduardo Bauzá, Alberto Kohan, entre otros). La única tragedia aparente es entre Menem y los Yoma, entre Menem y Zulema. Y la única interna verdadera es con Cavallo, que sí está representado, al igual que María Julia. El resto de los problemas se resuelven con “rosca”.

La serie está en un difícil punto medio entre el culebrón, la acción política y la corrupción supuestamente inherente a esta actividad. Inútil es compararla con Historia de un crimen: Colosio, la producción mexicana que indagó los entresijos del poder del PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el asesinato del candidato presidencial. En el caso de la realización sobre el ex mandatario argentino, el desenlace con que finaliza la serie es el trágico accidente de su hijo Carlos, sobre el cual apenas se deslizan sospechas por parte de Zulema Yoma.

Menem es un ingenuo sometido al vaivén de las corrientes de moda, con poca responsabilidad respecto de lo que ocurre. Es hasta candorosa su forma de mirar el mundo.

Pero hay algo más: después de la dictadura cívico-militar, el menemismo fue la segunda intentona del neoliberalismo por reformatear la sociedad argentina mediante el desguace, venta y/o enajenamiento de su patrimonio (pasado y futuro) y la negación absoluta de su memoria histórica. Era la batalla cultural contra “los que se quedaron en el 45”.

Por caso, mientras la acción transcurre en escenarios de lujo con advenedizos mezclados con antiguos oligarcas, nada se dice acerca del aumento descomunal de la desocupación en el país, de la miseria paliada con el bono solidario o los planes Trabajar o, por ejemplo, la exacción del sistema jubilatorio. La ficción del uno a uno terminó por inercia en 2001, pero la sociedad argentina quiso repetir la experiencia en 2015 y acentuarla y profundizarla a partir de 2023.

Lo de Menem fue una tragedia que no repite como farsa. Se equivocó Carlitos Marx. Esta vez, y en la Argentina de hoy, la historia se repite como tragedia.

29/07/2016

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