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Le pido al lector que no espere que en las primeras líneas de este artículo haga referencia directa a la información que se desprende del título. Para conocer lo particular, a veces es necesario contar primero con información general. Y quizás lo más importante no sea el protagonista del título, sino la manipulación que algunos inescrupulosos pueden ejercer apelando a la buena fe de las personas, quienes, sin saberlo y sin quererlo, terminan apoyando un genocidio desde sus exiguos bolsillos.
El sionismo fue gestado en 1897 con el fin de crear un Estado con un territorio determinado para proteger a las y los judíos de las persecuciones que sufrían en diferentes lugares del mundo. Es una ideología y un movimiento político nacionalista. La motivación de su origen parece noble, aunque el pueblo judío nunca emigró completamente de Israel. De manera que la creación del sionismo parte de una falsedad histórica. Judíos y palestinos convivían sin mayores problemas en la Franja de Gaza. El establecimiento del Estado de Israel en 1948 fue considerado por algunos como el cumplimiento de la profecía bíblica, pero también marcó el inicio de guerras y genocidios, como los que hoy padece el pueblo palestino.
El 13 de junio, el régimen sionista realizó un ataque preventivo a Irán con el objetivo de privar al país persa de construir armas nucleares, algo que Israel logró en la década de 1980 (según el informe de Mordechai Vanunu, publicado el 5 de octubre de 1986 por el periódico británico The Sunday Times). Donald Trump, el autodenominado “emperador del mundo”, a pesar de haber afirmado en campaña y luego de ser electo que no involucraría a su país en ninguna guerra (donde manda capital no manda marinero), fue presionado por el sionismo para lanzar un ataque de 24 millones de dólares, es decir, 12 bombas antibúnker sobre el complejo nuclear iraní de Fordow. El ataque no dio los resultados esperados, pero ayudó a acotar la guerra a 12 días. Una guerra prolongada hubiera jugado a favor de Irán por las características de su ejército y su situación geopolítica.
El sionismo, que no se encuentra únicamente en el Estado de Israel, se ha fortalecido enormemente en el mundo, principalmente en donde se concentra la riqueza. Max Weber planteaba, a principios del siglo XX, que el sionismo, a pesar de ser una minoría en Estados Unidos, tenía un poder político y económico muy significativo. Este poderío económico, que se traduce en poder político, se ha acrecentado exponencialmente en las últimas décadas a través de los fondos de inversión. Las redes que teje la organización proisraelí atraviesan conexiones económicas, políticas, culturales y también religiosas, más allá del judaísmo, llegando a cada rincón de América Latina. En Argentina, su máximo exponente es el propio presidente Javier Milei, pero dentro de su gobierno hay sionistas de paladar negro. Uno de ellos es el canciller Gerardo Werthein, cuarta generación de inmigrantes judíos que llegaron desde Rusia a principios del siglo XX de la mano del sionismo. Su militancia activa, como la de muchos funcionarios mileístas y macristas, lo acercó a Larry Fink (Finkelstein), quien además de presidir el fondo de inversión más grande del mundo, BlackRock, es socio directo del imperio financista sionista de la familia Rothschild.
Los tentáculos de esta organización llegan al interior del país de forma inesperada, incluso a través de los evangélicos sionistas. La firma de un convenio entre la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA) y la ministra de Desarrollo Humano de la Nación, Sandra Pettovello, es una prueba de ello. En Neuquén, la diputada nacional por el mileísmo, Nadia Márquez, forma parte de esta red. Su padre, el pastor Hugo Márquez, es vicepresidente de ACIERA y presidente de la Confederación Bautista Argentina, además de ser el impulsor de la carrera política de su hija.
Hugo Márquez es miembro del sionismo cristiano y ha cultivado vínculos estratégicos con el régimen sionista. En diciembre del 2016 viajó a Tel Aviv para reunirse con el entonces ya primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, a quien describió como un hombre de fe con valores afines al suyo. En esa oportunidad plantó árboles en la “tierra prometida”, financiado por el Fondo Nacional Judío, cumpliendo así una promesa personal de apoyo al país. Mantiene una estrecha relación con líderes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, colaborando con Roni Kaplan, Asesor para América Latina.
En 2017 invirtió miles de dólares para plantar aproximadamente mil árboles en Israel, reforzando la promesa hecha el año anterior, utilizando para ello los diezmos de su congregación. Su colaboración con “Las Huellas del Cielo” y “Conexión Israel”, empresa y consultora vinculadas a las Fuerzas de Defensa de Israel, ha consolidado su relevancia dentro del sionismo evangélico en América Latina.
El pastor en cuestión, artífice de la diputación libertaria neuquina, también mantiene vínculos con “Cristianos Unidos por Israel” (CUFI), una red evangélica neopentecostal pro-Israel de los Estados Unidos. Esta organización promovió un encuentro el 4 de marzo de 2016 en Miami, al que asistieron representantes de iglesias de toda América Latina, incluyendo un grupo de pastores patagónicos. En ese cónclave participaron legisladores de varios países, entre ellos Dani Dayan, diplomático y empresario israelí nacido en Argentina, figura destacada del movimiento de asentamientos israelíes. También estuvo presente Waldo Wolff, entonces diputado nacional del macrismo, quien acusó al gobierno de los Kirchner de encubrir la responsabilidad en los atentados de 1994 contra la AMIA y señaló a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner como cómplice en la muerte del fiscal Alberto Nisman, además de denunciar una supuesta conspiración antisraelí con ramificaciones en Buenos Aires, acusaciones que nunca logró probar. Al encuentro también asistieron congresistas republicanos, miembros del Pentágono y agentes de la CIA.
En esa reunión se impulsó la idea de instalar en las sociedades la premisa “lo que es bueno para Israel es bueno para América Latina”. En el marco de acción de la Fundación de Aliados de Israel, como se denominó al evento, se articularon seis objetivos estratégicos:
1. Vigilar el presupuesto externo de la Autoridad Palestina.
2. Ampliar las fronteras de Israel más allá de las reconocidas por la ONU.
3. Combatir la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), deslegitimando esta herramienta ética y presionando a los parlamentos nacionales para prohibirla.
4. Influir en las relaciones diplomáticas para que los países reconozcan a Jerusalén como capital de Israel y trasladen allí sus embajadas.
5. Fortalecer el apoyo de Estados Unidos.
6. Crear grupos de presión en la ONU para impedir resoluciones y condenas contra Israel y su política colonial.
Este encuentro tuvo un antecedente. En 2004, bajo la iniciativa del rabino y político ultra-sionista Binyamin Elon, se creó en el parlamento israelí el grupo “Aliados Cristianos de Israel”, con el objetivo de identificar parlamentarios y líderes cristianos y evangélicos para orientar la agenda legislativa de sus países en favor de los intereses del Estado de Israel. Este lobby logró sus objetivos con creces.
Organizaciones cristianas evangélicas neopentecostales, como la Iglesia Bautista Jesús es Rey de Neuquén, que dirige el pastor Hugo Márquez, aportan millones de dólares anualmente a Israel. Por ejemplo, la Hermandad Internacional de Cristianos y Judíos donó recientemente 188 millones de dólares, contribuyendo significativamente al aliyá (la inmigración judía a Israel).
Es sabido que la Escuela AMEN (Asociación Mutualista Evangélica Neuquina), de la ciudad de Neuquén es financiada en un 80 % por el Estado neuquino y obtiene una importante recaudación gracias al numeroso alumnado. Las arcas de la iglesia Jesús es Rey se nutren también con los diezmos de las y los creyentes. Quizás el pastor en cuestión llene de espiritualidad a sus fieles, pero lo que es seguro es que, sin saberlo y sin quererlo, el esfuerzo económico que realizan desde sus bolsillos termina alimentando la sed de sangre de un genocidio.
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