-?
En la pasada edición del 9 de marzo citamos al Secretario de Agricultura y ganadería de la Nación, Ingeniero Agrónomo Horacio Giberti en 1973 cuando le hacen un reportaje a los 92 años (2009): “Ante la pregunta si volvería a presentar el Proyecto de Ley “Impuesto a la renta normal potencial de la tierra” (que era transformador de la cuestión agraria) respondió que sí. Y cuando le preguntaron por qué quedó en la nada respondió: “En ese momento creíamos que estábamos haciendo la revolución y no advertimos que lo que teníamos que hacer es preparar a la gente para hacer la revolución”
A lo largo de las gestiones de los gobiernos democráticos nacionales y populares se idearon planes para cambiar la realidad para beneficio de todas y todos.
En el período 1946-1955, fueron los planes quinquenales, El Plan Agrario, y la creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) para centralizar el comercio exterior y transferir recursos a distintos sectores de la economía como la industria nacional , que tuvieron su impacto significativo, pero fueron dejados de lado por el golpe de estado del 16 de setiembre de 1955 dado por la revolución “libertadora” cuyo plan económico era de neto corte liberal y extranjerizante.
En 1973 en el Plan Trienal con una serie de subprogramas, como por ejemplo el subprograma Trigo, con el propósito de aumentar la producción y las exportaciones. Con la intervención de la Universidad) con el apoyo técnico del INTA y el Ministerio de Asuntos agrarios de la Provincia de Buenos Aires se visitaba al pequeño y mediano productor, acercándole hasta su establecimiento, las pautas tecnológicas, para la siembra y el cultivo del trigo y poder conversar y analizar las problemáticas del agro en ese momento. Poco duró esta acción de visitar a los productores, porque hacia fines de 1974, muerto ya el general Perón, frente a un avanza de la derecha (Triple A) comandada por López Rega, se terminó nuestra gestión. Y ya, a comienzos de 1975 , el programa económico planteado por el gobierno asumido democráticamente el 11 de marzo de 1973 y ratificado por Perón en setiembre de ese mismo año, empieza a ceder frente a presiones del neoliberalismo desembocando en el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 que con Alfredo Martínez de Hoz a la cabeza como ministro de economía inaugura un plan ultra liberal dejando al libre mercado a ultranza como único ordenador de la vida de los argentinos acompañado por el genocidio más atroz cometido por el terrorismo de estado de la historia argentina.
En 1983 con la llegada de la democracia, el ministro de economía (1983-1985) Bernardo Grinspun pretende impulsar medidas económicas de corte heterodoxo, pero no logra consolidar sus aspiraciones, con un gobierno que no es políticamente fuerte para ese cometido. En 1985 se logra la regionalización del INTA logrando la creación de 15 centros regionales de manera de lograr el desarrollo sostenible del sector agropecuario, agroalimentario y agroindustrial a través de la investigación y de la extensión con la participación en la discusión y toma de decisiones de los productores representantes del territorio de cada centro regional. Pero los grupos económicos corporativos dominantes, en su concepción económica neoliberales, presionaron hasta producir una corrida cambiaria fenomenal, a la que el ministro de economía en ese momento Juan Carlos Pugliese se refirió diciendo: “Yo les hablo con el corazón y me contestan con el bolsillo” que desató una hiperinflación galopante e incontenible que terminó con el alejamiento del presidente Raúl Alfonsín y la llamada a elecciones anticipadas en 1989.
En 1989, con el triunfo de Carlos Menem en las elecciones a presidente, se genera la esperanza en las grandes mayorías, que un gobierno nacional y popular elegido democráticamente, iba a restaurar políticas para el agro que alguna vez en otros gobiernos nacionales y populares habían comenzado a pergeñarse. En el aspecto económico este nuevo gobierno, dándole la espalda a quienes lo habían votado, tempranamente puso rumbo a consolidar un modelo neoliberal, Pero respecto a las políticas agrarias, sucedió algo inédito contrario al pensamiento neoliberal de dejar todo en manos del mercado. En 1993, con la asunción del nuevo Secretario de Agricultura Ingeniero Agrónomo Felipe Sola se crea el Programa Cambio Rural que es un conjunto de herramientas de políticas públicas en el agro aplicadas por el Ministerio de Agricultura y Ganadería y el INTA para pequeños y medianos productores centradas en lograr avances tecnológicos, para adquirir competitividad, mediante la modalidad del trabajo grupal y el asociativismo de manera de ir avanzando en aspectos sociales y de comercialización. Los grupos estaban conformados por 10 a 12 productores de la misma zona con un representante del grupo(productor) y un promotor asesor (técnico) y un agente de proyecto(técnico) para varios grupos nombrado por el ministerio y el INTA con la anuencia de los productores. En 1988 Plan económico neoliberal mostraba ya su inconsistencia y llegaron los ajustes. Al Programa Cambio Rural, le tocó bajar su presupuesto y se llevó de 18 millones de dólares anuales, que era inicialmente, a tres millones. Por lo tanto, ante semejante desfinanciamiento, el programa sucumbió, ya que los técnicos dejaron de cobrar sus honorarios, pretendiéndose que se hagan cargo los productores. Cuestión que no sucedió. Porque el cambio cultural que se pretendía lograr en 10 años como lo indican los conocimientos sociológicos sobre el tema, se interrumpió en la mitad. Intentamos integrar a los grupos a las empresas frutícolas concentradas que les compraban la fruta de manera que se pudiera financiar a los técnicos y continuar con el programa. Los empresarios no quisieron. Decían: “Nosotros negociamos uno por uno” La única y valiosa excepción fue la de Serafín Cervi, padre del diputado nacional (Pablo Cervi, afiliado radical devenido en libertario), hombre identificado con el empresariado nacional, con responsabilidad social e innovador no solo en los aspectos tecnológicos sino también organizativos. El relato de la participación con Serafín Cervi amerita un artículo aparte. Que lo arregle el mercado era el razonamiento del gobierno neoliberal. En 2014 se creó el Programa Cambio Rural II. No tuvo el impacto esperado. No se había preparado a la gente para sostenerlo. La cultura neoliberal a través de los medios hegemónicos dominaba y hacía lo suyo.
Durante los gobiernos nacionales y populares de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015) se implementaron políticas de asistencia financiera (con componentes de subsidios y fondos rotatorios) para pequeños y medianos productores.
Y se trabajó con los municipios del Alto Valle, Valle Medio, Valle inferior y zona petrolera en las provincias de Rio Negro y Neuquén, donde se financiaron obras de infraestructura, como plantas de empaque, frigoríficos y maquinarias, por un total de 100 millones de dólares para los productores y medianos independientes desde San Patricio del Chañar hasta Viedma. El objetivo era que los pequeños y medianos productores independientes pudieran escapar del modelo concentrador de la Fruticultura que regentean las grandes empresas integradas, conformando grupos asociativos (Cooperativas) de manera de crear un peso equivalente para las negociaciones. Perdimos las elecciones del 2015 y las políticas neoliberales de Cambiemos terminaron con todo para dejar que el mercado resuelva.
Durante el Gobierno de Alberto Fernández, jaqueado por la pandemia, la deuda tomada por el gobierno de Macri y la debilidad política, plasmada en una falta de liderazgo, no se avanzó. Ahora con Milei las políticas neoliberales libertarias colocaron al mercado a ultranza como único ordenador junto con las indicaciones de los Estados Unidos y del FMI.
Concluyendo, y observando lo relatado, tomando desde 1955, pasando por 1976, la última década del siglo 20, y los períodos 1915-1919 y desde 1923 hasta la fecha, todas las transformaciones que pretendieron realizar los gobiernos nacionales y populares fueron aplastadas por políticas neoliberales de libre mercado, instauradas a través de dictaduras militares o gobiernos elegidos democráticamente, que mintieron alevosamente en sus campañas electorales o recibieron todo el apoyo de la prensa hegemónica y la justicia corrupta para incidir en el pensamiento y decisiones de la gente. Tampoco ante ese desmantelamiento los pequeños y medianos productores reaccionaron masivamente. El sujeto agrario, representante del campesinado que teóricamente comprende la situación de inequidad generada por las políticas de libre mercado está representado por un porcentaje muy bajo, mientras que el individualismo, el libre mercado y la cultura rentista anidó en las conciencias de la mayor parte de ellos independientemente de su situación social y económica. Se ha perdido la batalla cultural.
De recuperar el gobierno, las fuerzas nacionales y populares, deberán hacerlo por una mayoría importante, con predominancia en el Congreso de manera sancionar leyes transformadoras, sin negociar con la derecha, y poder, como dijo Horacio Giberti preparar a la gente para entender y apoyar esas transformaciones. Generar técnicos con formación política e incorporarlos a los procesos transformadores. Buscar permanentemente la unidad en la lucha, como decía Perón. Y serán los jóvenes los que emprendan esa inmensa tarea, alejándose de internas inútiles, actitud que deja evidentes sensaciones, en la gran mayoría del pueblo, que lo que se busca es lugares en las listas cuando llegan las elecciones.
Nota resumida
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite