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Columnistas
06/04/2025

Algunos matices sobre el ataque a Yemen

Algunos matices sobre el ataque a Yemen | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El New York Times ya reconoce que la guerra en Ucrania es una guerra proxy de Rusia con los EE.UU.

Oliverio Jitrik

Scott Ritter es un ex marine de la US Navy y fue inspector de la ONU en Iraq, con aquello de las armas de destrucción masiva. Forma parte del reducido grupo de voces en Norteamérica que en estos tres años desmanteló la narrativa que se apuró en promover el establishment mediático occidental y que obturó el cerebro a grandes sectores de nuestro hemisferio. Paradojas del “mundo libre”, en youtube estos amigos consiguieron el espacio que, por motivos que desconozco, no pudo ser censurado. Desde académicos como John Mearsheimer o Jeffrey Sachs, ex militares como Douglas McGregor, Ray McGovern y Ritter, a ex-agentes de la CIA como Larry Johnson. A estos hay que sumarle el incesante trabajo de Fernando Moragón, Miguel Ruiz o el ex militar Juan Antonio Aguilar en España, o George Galloway en Escocia. Es decir, desde conversos a paganos, como Miguel Ruiz. Menciono a estas personas pues, siendo los primeros en Occidente que se atrevieron a relatar el partido tal cual sucedía, sirven para aportar la “credibilidad” necesaria en mentes refractarias a todo lo que no fuera lo que se contaba en los grandes medios informativos de Occidente. Hoy, parece, el compromiso con la verdad se empieza a transfundir a algunos de estos medios comprometidos con la mentira. El NYT, por ejemplo, ya reconoce que la guerra en Ucrania es una guerra proxy de Rusia con los EE.UU. Pronto tendrán que admitir el armado de Bucha y, proporcionalmente al triunfo de Rusia en el frente, se irán abriendo poco a poco. En todo caso, da exactamente lo mismo a esta altura, lo que se dijo se dijo y ya la historia juzgará a estos émulos de Goebbels, desde El W Post, al Times o a Le Monde. Ni el más sagaz de sus articulistas ha conseguido a rebatir a Sachs. Vamos, ni siquiera se atreven a soñarlo.

Quizás de manera injusta, se pide a estos —a la vez juzgados como “prorrusos” por los medios hegemónicos— una coherencia total, sin matices que parezcan defecciones. Es el caso, en las últimas semanas, de las participaciones de Scott Ritter, quien se ha vuelto algo sinuoso, no quiere jugarse demasiado con tomas de posición. Para él, tanto el ataque actual a Yemen como el futuro probable a Irán son, bajo legalismos claramente sesgados, “justificables”, aunque Scott aclare en cada reunión virtual que así catalogarlos no los hace ni éticamente válidos, ni que él de modo alguno tenga simpatía por el imperialismo norteamericano. Es evidente que Scott es fiel a su alma mater y no menciona jamás las atrocidades que la pata flotante del Pentágono ha perpetrado a lo largo de la historia reciente, pese a que siempre reconoció que Rusia y Palestina están del lado correcto de la historia. Algo pasó allí, difícil de entender. En meses previos Ritter era todavía un claro denunciante de las barbaridades cometidas por la OTAN, la UE, los USA y el estado sionista, es decir, el grupo de los de malos a muy malos que nos tienen siempre en vilo. Para Ritter, el plan nuclear de Irán es inaceptable porque pone en amenaza a los Estados Unidos, no explica bien por qué, más bien lo supedita a la respuesta de Irán si es atacado que, ahí estamos de acuerdo, eso nos puede llevar a un escenario de Tercera Guerra. Es decir, Irán puede provocarla si decide defenderse. Lo que Ritter no pone en la ecuación es que 1) Irán no está solo, es hoy unos de los tres pilares de los BRICS y mantiene tratados de cooperación muy estrechos con Rusia, aún en lo militar. 2) Si no aparece pronto una intención de negociación en la que, por un lado, Irán no enriquezca uranio más que para su generación de energía pero, por el otro lado, Israel/USA se disponga a cumplir con un solo aspecto del paquete que implicaba el alto al fuego —a saber, la entrada de alimentos y ayuda médica, la liberación del paquete de presos palestinos que correspondía a los último rehenes israelíes liberados y ni un solo ataque más a Gaza—.

3) Es difícil aceptar que Israel sí tenga armas nucleares y la capacidad/intención de destruir a Irán…

Ritter piensa según cierto sentido común de que hay que aceptar que los USA e Israel serían los dueños del mundo y más conviene no suicidarse si los hacemos enojar. En este sentido, opina que Hamas debería liberar a los últimos rehenes sin condiciones y que Ansarolá no ataque en lo sucesivo ningún buque militar enemigo en el Mar Rojo, es decir, que deje campo libre a Tel Aviv a seguir la masacre en Gaza. Sus entrevistadores no osan preguntarle qué razones implacables harían a Israel/USA no traicionar, así de repente, ya ningún acuerdo, “perdonar” a Yemen y, eventualmente, a Irán. No existen muchas pruebas actuales de que la política genocida —de uso— pueda condicionarse a un “gesto de buena voluntad” de un país que se quiere borrar del mapa desde 1979.

Los matices que estableció Ritter pueden ser discutibles, pero seguirá siendo un actor insustituible para explicar las fuentes de los conflictos y sus más terribles consecuencias.

Otro gran especialista en geopolítica, el indispensable Pepe Escobar (ver enlace en YouTube), nos explica que, contrarios a los consejos de Ritter, el pueblo yemení actuará inevitablemente acorde con la máxima pureza del Islam, sus valores más altos y su máximo sentido del honor y de lucha. Si en Washington lo saben, ¿serán entonces capaces de optar por bombardearlos letalmente “para acabar con el régimen huti”? Para Escobar no habría otra manera. Y de estos psicópatas en la Casa Blanca/Tel Aviv puede esperarse lo que sea.

29/07/2016

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