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Cuando escuché la oración que titula esta nota de boca del politólogo Diego Sztulwark me pareció una comparación un tanto exagerada. Todos sabemos a quienes se refiere cuando dice “los copitos”. Se deduce por la escasa investigación en la causa a cargo de la Jueza federal María Eugenia Capuchetti, que son una bandita de marginales. La pericia psicológica sobre uno de ellos, Fernando André Sabag Montiel, quien gatillara la pistola Bersa aquel 1 de setiembre de 2022 en la cabeza de CFK, dictaminó un perfil narcisista, con actitudes "pedantes y vanidosas”, y un discurso "engorroso, extravagante y tedioso". "El sujeto conoce la prohibición de las normas, pero está siempre dispuesto a no cumplirlas si hay una razón que lo justifique. Manifestó odiar a toda la política.” Parece una descripción de algún funcionario libertario del gobierno nacional, y en particular del mismísimo Presidente.
Adolf Hitler hizo campaña para las elecciones de marzo del 1933 poniendo como enemigo a la casta política, que había llevado a la humillación al país en la Primer Guerra Mundial y había sumido en la frustración a la clase trabajadora alemana. La socialdemocracia ayudó a Hitler a su crecimiento para debilitar a la izquierda. Lo ayudó tanto que ganó las elecciones e inmediatamente el enemigo pasó a ser el comunismo. Sabía que allí debía disputar el poder en la clase trabajadora. La Socialdemocracia queda segunda, pero Hitler pacta con el tercero (Zentrum) para tener mayoría de las bancas. Ni mencionaba la palabra “judíos”, pero su Partido NAZI (Nacional Socialismo) lanzó una campaña subrepticia contra ellos. Hitler, públicamente hasta tenía un discurso moderado con la cuestión judía. Nadie imaginaba hasta ese momento, que un año y pocos meses después se convertiría en el Führer (líder), y que poco tiempo después sería el mayor responsable del holocausto del Pueblo Judío, que terminó con más de seis millones de personas asesinadas
A esta altura te estarás preguntando, ¿Y a qué viene todo esto? Acudo a la historia del nazismo, porque encuentro varias similitudes con nuestra realidad política. Por ejemplo, el Nazismo, primero tuvo un puñado de diputados, como La Libertad Avanza. En las próximas elecciones el Nazismo ganó, con la ayuda “disimulada” de la Social Democracia para que no tuviera chance la izquierda. Aquí, el peronismo hasta le ayudó a armar listas a LLA (confesado por el propio candidato a presidente de Unión por la Patria), para que no tuviera chance la derecha tradicional. Hitler ganó las elecciones, pero sin tener mayoría absoluta en el Poder Legislativo, por eso hizo alianza con el Partido político que había salido tercero y comprometió llevar su plataforma política adelante. Milei, no tiene mayoría en la Cámara de Diputados, pero hace alianza con el tercero, y lleva su propuesta política adelante. Hitler construyó su figura con un discurso anti-casta política. Con eso logró ganar, poniendo de enemigos a los comunistas. El Nazismo comenzó a perseguir y asesinar opositores para consolidar su Poder. Destruía simbologías que no se identificaran con la nueva ideología. ¿Les suena?. Hasta ahora hay demasiadas coincidencias.
Hitler sumó voluntades a partir de las frustraciones que sentía el Pueblo alemán (quien describe y analiza esta situación es el sociólogo Erik Fromm en “El Miedo a la libertad”), también proponía un camino –inequívoco según su propaganda- y garantizaba un futuro de prosperidad, desde la disrupción, y por ello similar a la mística discursiva que encierra un proceso revolucionario. No lo hizo desde la organización de las masas, sino poniendo una autoridad por encima de ellas (esto lo explica y analiza el psicoanalista Wilhelm Reich en “Psicología de Masas del Fascismo”). Más coincidencias….
En más de una oportunidad, desde el comienzo de su mandato, Milei hizo referencia que su guía es Hermann Hope, un filósofo político alemán que se identifica como anarco-capitalista. Un intelectual que ha cuestionado fuertemente al sistema democrático y ha manifestado, que una monarquía preservaría la libertad individual de forma más eficaz. Esto sí ya comienza a ser más preocupante. Y si además se tiene en cuenta sus declaraciones sobre las supremacías de razas y el desprecio por la homosexualidad, es alarmante.
Pero lo cierto es, que Milei lo manifestó también antes de las elecciones. Entonces, al igual que Hitler, nuestro Fuhrer de cabotaje es el síntoma de la enfermedad que padecemos en la sociedad. El problema no es que Milei sea brutalmente autoritario, sino que haya una parte importante de nuestra sociedad que reivindique esa conducta. Ha dicho bestialidades en campaña, y aún así obtuvo el apoyo de la mayoría. Ha hecho bestialidades siendo gobierno y sigue conservando el beneplácito de una buena parte del electorado. Quizás debamos pensar que ese antiperonismo rabioso que se ha instalado desde hace décadas en nuestro país, tenga mucho que ver con el nazismo. Pensamientos y hechos pueden probar ésta afirmación. ¿No es nazi bombardear una plaza llena de gente?, ¿No es ser nazi asesinar niños?, ¿No es ser nazi planificar y crear un sistema para hacer desaparecer personas?,¿Acaso, no es una conducta nazi creer que otras personas, por pensar diferente se los consideren sub-humanos?
La bestialidad que ha cometido el gobierno nacional con la imagen de Osvaldo Bayer en Santa Cruz, la represión a jubilados y jubiladas de los miércoles, no hacen más que reafirmar que esta Argentina tiene similitudes con la Alemania de la década del 30. El odio demostrado en esa barbarie tiene un correlato con el odio de aquellos estancieros contra los peones rurales en la Patagonia Trágica. No existe uno sin otro. El mismo odio a los indios, odio a los negros, a los no tan negros, a los pobres, a los menos pobres; odio a los putos, pero si son pobres, y a las putas pobres, a los inmigrantes de países pobres; odio a los curas villeros, a los musulmanes y a los evangélicos, si son pobres, a todo lo que tenga olor a pobreza. Porque detrás de esa pobreza se esconde la miseria de los megamillonarios y también la amenaza a sus privilegios. ¿Y los copitos? Los copitos son un engranaje importante en esta maquinaria de destrozar. A veces les toca llevar adelante un magnicidio, y otras, gobernar. No tengo dudas que más temprano que tarde dejarán de gobernar, pero más por sus ineptitudes que por habilidad nuestra.
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