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El pasado viernes 21, asistí al concierto que dio la Orquesta Sinfónica de Neuquén en el teatro Español con obras de Mozart, Chaikovski y Dvorak y fue tan buena e impactante su ejecución que me llevó a pensar que ese sentir no debía quedar solo en mí, sino que que debía compartirlo y resaltar lo que intentaré narrar en torno a la calidad del arte como integrador social.
Para lo que se llama música culta, Neuquén cuenta con una respuesta popular que no se reduce al pequeño alcance del distrito del centro de la ciudad. Alcanza barrios y escuelas de la provincia y de la propia ciudad porque la Sinfónica desplaza su arte por el interior y por escuelas barriales, alcanzando una cobertura de oyentes y simpatizantes mucho más amplia.
Y acá cabe una reflexión acerca del arte. El arte implica una instancia superior de consenso porque está desposeída de discriminaciones y porque contiene el solaz típico de lo gratificante y de la experiencia gratuita del placer por lo bello, que también incluye los buenos sentimientos.
El campo popular cuenta con el arte para amalgamar las clases sociales y amigar y atraer a estratos de diferente extracción social hacia el deleite común.
A veces no hay que hablar el explícito lenguaje de la política para hacer que la política unifique las voluntades que el arte iguala. Por eso los autoritarios siempre echan mano a acallar o reprimir las voces del arte que se expresa a través de sus múltiples disciplinas.
También se incluye en esta reflexión al arte musical llamado popular, donde el folklore y el tango, nuestras músicas propias, permiten acceder a una identificación inmediata de las raíces de pertenencia del pueblo argentino.
Voy concluyendo que el pueblo se amigue, estudie y se deleite con la música permitirá que la cultura sea un medio o un instrumento más de conciliación de la vida en sociedad.
La etapa de la dictadura censuró y prohibió dentro del arte, canciones, libros y artistas que apuntaban a la emancipación y a la lucha contra el embrutecimiento, medio salvaje donde podrían tornarse inadvertidas, pretendieron ilusoriamente, la desaparición y la tortura. Por eso el pueblo reclamó memoria y lo hizo apelando al arte en medio de las denuncias y los juicios, porque el arte refuerza la memoria , asocia y reivindica la épica de los condenados y el recuerdo post mortem de los compatriotas caídos.
En este tiempo en que algunos vuelven a pretender que sea oscuro y violento, la Sinfónica de Neuquén es una expresión de suprema calidad humana que merece el reconocimiento de la sociedad que, de algún modo la sostiene, como una plataforma de lanzamiento hacía mejor calidad de vida y mayor conciliación social.
Necesito aclarar que la Orquesta Sinfónica de Neuquén es de todos los neuquinos y no pertenece a ningún partido político ni a nadie en particular. Es en concreto, una política de Estado en lo Cultural de lo que los neuquinos deben sentirse orgullosos.
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