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23/02/2025

Cifras y palabras falsas

Cifras y palabras falsas | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Con palabras o con datos estadísticos, Milei y su entorno le mienten permanentemente al pueblo argentino.

Humberto Zambon

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Hay un viejo dicho que sostiene que hay dos formas de mentir, con palabras o con estadísticas. Hay que reconocer que Milei y su entorno, en este aspecto, no se han privado de nada y usan indistintamente ambos; aunque Milei prefiere recurrir al uso de datos y cifras de los que no menciona la fuente y que deberían llevar la aclaración similar a la que presentan algunas películas al comienzo: “Los datos son inventados y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”.

Un caso emblemático y muy repetido por el presidente es que “la República Argentina arrancó el siglo XX siendo el país más rico del mundo y hoy está en el puesto 140”, cuando, en realidad y según la única estimación conocida del PBI por habitante de aquella época, en 1900 era 13 entre 45 países, mientras que en el año 2023 ocupaba el número 30 entre más de 140 países.

El presidente ha dicho que “Bajamos la inflación del 17.000% al 3.5%” (si fuera ahora diría que se bajó al 2,2%). Los 17.000% surgen del siguiente cálculo: en diciembre del 2023, recién iniciado el gobierno, se ordenó la mayor devaluación de la historia, mucho mayor que la famosa del “Rodrigazo” (1975), el valor del dólar pasó de $ 365 a $ 800, lo que generó un lógico aumento de todos los precios. Ese aumento, anualizado, da, aproximadamente, el 27.000%. Pero para hablar de una inflación de esa magnitud debería existir una devaluación similar en forma permanente, cosa imposible y que ningún sistema permitiría. Es decir, la afirmación tiene varias falsedades: 1) No “recibió” un salto inflacionario, sino que él lo provocó; la inflación que dejó Alberto Fernández era, aproximadamente, la misma de la que hace alarde; 2) una inflación del 17.000% es un absurdo; 3) La tasa mensual que informa (2,2% para enero) no es cierta, según veremos a continuación.

El índice del costo de vida, que se toma como indicador de la inflación al consumidor, resulta de comparar los precios de una casta fija de bienes (que representa al promedio de consumo de una familia compuesta por dos adultos y dos menores). Es evidente que en la realidad esa canasta se va modificando, por lo que requiere una actualización periódica; por ejemplo, el peso de los servicios (luz, gas, agua) y del transporte han aumentado mucho el último año por el retiro de los subsidios, cosa que no se refleja en la canasta utilizada. El INDEC había anunciado su actualización, pero el gobierno no lo autorizó, porque implicaba un aumento al menos de un punto en la inflación mensual (se estima que el índice anual para el año 2024 es unos 24 puntos mayor). Por eso el índice de precios de la CABA da entre uno y dos puntos por encima que el índice nacional y por esa razón la sensación inflacionaria del ciudadano común es mayor que la que le dicen.

El gobierno sostiene que los salarios reales van mejorando porque los salarios nominales vienen superando a la inflación; por ejemplo, en diciembre estas cifras fueron de 3,12% y 2.7%, respectivamente, Ya vimos que el índice de inflación está subvaluado al menos en un punto, mientras que el de retribución al trabajo que muestran es el promedio del trabajo registrado privado (suba del 2,8%), del público (1,7%) y del no registrado (estimado en 6,8%); suponer que este número es correcto para diciembre es simplemente un disparate, No hay fuente objetiva para determinarlo (precisamente por eso ser “no registrado”) y, según aclara el INDEC, es una estimación correspondiente a cuatro meses atrás, con otra inflación. Tomando los índices objetivos como referencia (siempre el no registrado es menor) daría un aumento salarial promedio para diciembre del 2,3% que, comparado con un índice de inflación más real (3,7%) nos da una caída del salario real del 1,4%, que está más de acuerdo con el sentir público.

Según dicen Milei y su ministro Luis Caputo, “el acuerdo con el FMI implica nueva plata, pero no nueva deuda”. El razonamiento es el siguiente: el dinero entra al tesoro con el que se paga la deuda con el Banco Central, con lo que el monto total de la deuda pública queda igual. Con esto pretenden evitar el pase por el Congreso para la aprobación de un probable nuevo crédito del FMI. Pero no es así: en primer lugar, no es lo mismo una deuda en pesos (de la que el estado tiene el poder soberano de emisión) que la deuda en dólares, que es el elemento escaso de la economía argentina y, en segundo lugar, la deuda del gobierno nacional con el Banco Central no es exigible; es como decir el bolsillo derecho de una persona le debe al bolsillo izquierdo.

Podríamos seguir con la lista de falsedades. Por ejemplo, haber sostenido que a la masiva manifestación de defensa de la universidad “no había casi nadie”, o “Hay una mejora en las jubilaciones. Medidas en dólares, se triplicó” o, para cerrar, “El país está entrando en el mejor momento de los últimos cien años, por lo menos”: pero, como para muestra basta un botón, con lo expuesto, como muestra, parece suficiente.

29/07/2016

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