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El triste socialista de derecha Américo Ghioldi aseguró que se había terminado “la leche de la clemencia” cuando Valle y sus compañeros fueron fusilados al fallar en su intento de devolver el poder al peronismo depuesto. La cita no resulta ingenua y puede iluminar los tiempos que corren. Pertenece a un parlamento de Lady Macbeth en el acto primero de la tragedia de Shakespeare.
La obra alude al contexto político surgido en Inglaterra tras la muerte de la reina Isabel I y el ascenso del escocés Jacobo I a comienzos del siglo XVII. Las luchas religiosas entre católicos y anglicanos y la disputas por el poder entre los nobles y la corona generaban un escenario de disolución cuyo riesgo principal era la refeudalización del reino.
Macbeth escenifica la lucha entre el bien y el mal, la ambición desmedida por el poder y la utilización de todos los medios para lograrlo y mantenerlo. La clemencia es desechada desde el principio por el poder bifronte que encarna el matrimonio reinante. Macbeth, con la instigación pertinaz de su esposa, accede al trono luego de asesinar a Duncan, el rey legítimo.

Pero su situación es insegura, su estabilidad, precaria: el nuevo monarca es débil y de conciencia culposa; se reviste del poder formal con todos los atributos -manto, corona, espada- mientras en las sombras y sin ninguna piedad, actúa su mujer. Lady Macbeth motoriza la represión de las disidencias en la corte al tiempo que elimina los escrúpulos que eventualmente puedan obstaculizar la consolidación del poder en manos de su marido, a quien en ocasiones acusa de falta de coraje. Actúa a la vez como conciencia y como juez de Macbeth.
Acaso esta tragedia explique algo que lo que ocurre en un país del sur del Atlántico hoy en día. En mayo del año pasado, Pompeyo Audivert puso en escena su “Habitación Macbeth” en el Complejo Cultural de Cipolletti.
Audivert transformó la obra en un unipersonal que desplegaba en el escenario todos los personajes de la obra original. En el folleto de presentación de la función, expresaba su intención de lanzar “un piedrazo en el espejo”. Hacer de la obra una herramienta para romper “la promesa unidimensional del reflejo dejando que el espejo revele sus valencias secretas, sus misterios y su profundidad abismal hasta el punto de volverse pozo ciego, antro que deglute la perspectiva ficcional del frente histórico para devolver fantasmagorías alucinadas... En Macbeth es el espíritu del crimen el que se presenta, atizado por una fuerza sobrenatural que lo reclama y despierta, que lo impele sin réplica, a encarnar y manifestarse, a tomar el poder”.
En ese entonces, a pocos meses de la asunción de los hermanos Milei y su runfla, asimilar las intrigas de Macbeth a las del gobierno nacional parecía un ejercicio de exageración. Un año después, es posible pensar que Shakespeare se quedó corto.
Ver más en entrevista a Pompeyo Audivert en el programa Otra trama, conducido por Osvaldo Quiroga.
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