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Columnistas
16/02/2025

La llamada tan esperada

¿Game Over para la guerra en Ucrania?

¿Game Over para la guerra en Ucrania? | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La charla Trump-Putin puso negro sobre blanco que estamos ante una guerra por delegación entre la OTAN y Rusia y que son sus patrones los que pueden ponerle fin. El resto, convidados de piedra.

Gustavo Crisafulli *

Finalmente el 12 de febrero de 2025, diez días antes de cumplirse el tercer aniversario de la invasión rusa, que convirtió a la guerra civil ucraniana en una conflagración internacional, y a once de una crucial elección general en Alemania, el presidente estadounidense llamó por teléfono a su par ruso.

Es uno de esos “hechos” que nos pone a los historiadores -especial pero no únicamente a los dedicados a la historia reciente- a lidiar con lo contingente, con el tiempo abierto, con que no hay un curso determinado del flujo de acontecimientos como puede parecernos en perspectiva post-facto, aunque algunos caminos resulten más factibles, acordes con nuestras teorías, una determinación en sentido débil.

La llamada, aunque necesaria para muchos analistas y algunos actores políticos pudo no ocurrir, y de hecho unos cuantos dentro del establishment occidental trabajaron arduamente para que no sucediera.

La charla duró una hora y media (relativamente extensa con traductores a ambos lados de la línea). Después de ella, Trump anunció que acordaron con Putin “iniciar inmediatamente negociaciones” para poner fin a la guerra y que su delegación estaría encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio, el director de la CIA, John Ratcliffe, el asesor de Seguridad Nacional, Michael Waltz y el Enviado Especial, Steve Witkoff.

Un terremoto agrietó el suelo de la OTAN y la Unión Europea, poniendo fin a tres años de la mayor operación de propaganda y censura en la historia de “Occidente”.

Tras la victoria de Trump, lentamente, la prensa internacional había comenzado a abandonar los relatos prefabricados y las mentiras lisas y llanas: Ucrania pierde la guerra, los nazis están en Kiev y no en Moscú, la corrupción sigue rampante en un país que nunca se aproximó a la democracia modelo UE. Afirmaciones antes anatemas, se comenzaron a leer con creciente frecuencia.

La charla Trump-Putin puso negro sobre blanco que estamos ante una guerra por delegación entre la OTAN y Rusia y que son sus patrones los que pueden ponerle fin. El resto, convidados de piedra.

Luego de la charla, Trump llamó a Zelenski “para informarle” lo conversado

Aquel mismo 12 de febrero, antes del anuncio de Trump, el flamante secretario de Defensa, Peter Hegseth, dejó en shock a los miembros del Grupo de Contacto con Ucrania, en la reunión en Bruselas, al delinear la nueva política del Presidente Trump.

Sucintamente: Ucrania no entrará en la OTAN, EE.UU. no enviará tropas a Ucrania bajo ningún motivo ni formato, ni continuará con el envío o el pago de armas y asistencia a Kiev. Ucrania no podrá volver a las fronteras de 2014 y Europa deberá incrementar sustancialmente el financiamiento para garantizar la continuidad de la OTAN.

Las reacciones en “Occidente” fueron desde la resignada aceptación de la realidad de su irrelevancia hasta la bizarra “exigencia” del comunicado de la Unión Europea de participar “centralmente” en las negociaciones “para situar a Kiev en una posición de fuerza”.

Párrafo aparte merece la pretensión del secretario de Defensa británico, John Healey, de tomar a su cargo la defensa de Ucrania cuando, como señaló un observador malicioso, “su ejército es hoy tan pequeño que entraría cómodamente sentado en el estadio de Wembley”.

Queda por delante un camino cuesta arriba y lleno de peligros. Las negociaciones arrancan con los umbrales de confianza más bajos entre las dos potencias desde la década de 1950 y la letra de los acuerdos será muy trabajosa.

Si bien las afirmaciones de Hegseth muestran que ya se han hablado algunas de las principales demandas rusas, el cese al fuego no va a ser inmediato, dado el decisivo avance de la ofensiva rusa tras la captura de Kurajove y Toretsk y un armisticio en medio de las negociaciones presenta el complejo problema del trazado de la línea de contacto en un frente de más de 600 km de largo.

Sin embargo, los mayores peligros radican en la capacidad de los partidarios de continuar la guerra -desde la extrema derecha ucraniana a los neo-consestadounidenses, pasando por las pulsiones rusofóbicas en los países bálticos, Polonia y la Comisión Europea de Úrsula Von Der Leyden y Kaja Kallas- de generar “hechos sobre el terreno” que prolonguen y profundicen el conflicto y hagan naufragar las negociaciones. Pasó en abril de 2022 con la mediación de Turquía y mucho antes también, con los acuerdos de Minsk, en 2015.

Pero la decisión de Trump de conversaciones directas con Moscú ha alejado la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, que estuvo mucho más cerca de lo que hemos creído, por la obstinación belicista de Biden, Blinken y compañía.

No es una mala noticia para comenzar este problemático 2025.



(*) Historiador, ex rector de la Universidad Nacional del Comahue.
29/07/2016

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