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Columnistas
16/02/2025

Desvergonzados

Desvergonzados | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Los otanazis han resignificado en poco tiempo el concepto de vergüenza, o lo que es lo mismo, de su carencia total.

Oliverio Jitrik

Cuando en 2022 apareció, de manera explícita, la piedra en el zapato otanista que significó la reacción de Rusia, los eurovasallos se consagraron a un onanismo sin parangones, con la sola imagen del Deep State y de sus bulldogs laderos. Se volvió definitivamente más satisfactorio jugar a la autoaniquilación que quitarle una libra de poder al Orden mundial basado en reglas. El mecanismo, sin comprensión todavía para quienes estudian los terrenos del amo y del esclavo hegelianos, es la antimateria especular de aquella consigna revolucionaria de “Patria o Muerte”: para el anglo-sionismo que encarna este poder viscoso, la consigna sería “dominio mundial o muerte”, sin que eso ni siquiera se haga consciente en el público que cree tener opiniones propias. Para ejemplificarlo con un caso extremo, sólo hace falta admirar cómo se hacen asesinar los mercenarios ingleses o colombianos en Ucrania. No lo hacen por dinero, definitivamente: es genuina y pura convicción ideológica. Para sembrar ese grado de alienación, el hegemón no necesitó únicamente invadir Panamá, Granada o Iraq. Prefirió, en paralelo, aplicar vectores más “pacíficos” para mantener una larga batalla cultural, a través de la CIA y su contracara “buenita”, la USAID. A través de dicha agencia se invirtieron miles de millones de dólares en ONGs, en apoyar y fomentar “revoluciones de color” -el Maidán, entre ellas- y en la compra de otros miles de periodistas en todo el mundo. Los resultados de su accionar explican en gran parte la opinión pública en nuestro hemisferio, que se sigue tragando lo la “dictadura de Maduro”, y para ellos la prueba sería contundente: Maduro no mostró “las actas”. (Es materialmente imposible convencerlos que quien no lo hizo fue Edmundo González Urrutia pues, aunque no lo admitan, la exhibición de actas tenía que ser, para ellos, al Congreso de los EE.UU. o cualquier otro “país serio” y no a su propio sistema judicial, mismo del que sostienen que está -con certeza- “comprado por el chavismo”.) La USAID, hoy, está siendo desmantelada por Trump: ¿mera venganza contra una de las quintas columnas favoritas de los demócratas?

Otro de los pilares de la desinformación difundida son las conmemoraciones de los aliados “buenos” de la Segunda Guerra: el desembarco en Normandía o en el sur de Italia, la defensa de Londres, Iwo Jima, aunque soslayen en el G7 el ataque a Hiroshima y a Nagasaki. E, inevitablemente, la liberación de Auschwitz, pero en su versión Disney: todo sin rusos, todo ocurrido por generación espontánea o, yendo aún más lejos, tal como propone Roberto Benigni en su “La vita è bella”, gracias a las tropas gringas, cuántica e inexplicablemente teletransportadas hasta Polonia.

El 27 de enero, justo, se conmemoró el aniversario 80 de este hecho, en la localidad de O?wi?cim: el acto fue únicamente otra farsa del Occidente Colectivo fariseo, que a lo largo de décadas se encargó afanosamente de apropiarse de la Shoah, a medida que la difusión de esa tragedia se ajustara a la satisfacción de sus intereses. Esta última conmemoración no tuvo, entonces, más significado que una reunión de cariacontecidos reyezuelos europeos, con Ursula “Von”, Scholtz, Macron, vaya, toda la crème del Mundo Libre, la quintaesencia de esta caterva de “nazos” como bien acuñó nuestro amigo Miguel Ruiz Calvo, valiente andaluz como imprescindible informador. Pero, lo que rayó en la demencia, fue la pedida y conseguida presencia del Restaurador de Stepan Bandera en Ucrania y de las hordas SS, el ex comediante pedigüeño de misiles, el ilegal usurpador de cargo, el jefe de un régimen de reclutadores de carne de cañón, es decir, Zelensky.

El portavoz del museo de Auschwitz, Pawel Sawicki, ya había anunciado, por las dudas, las condiciones para este número conmemorativo tan relevante: “Este año nos enfocaremos en los sobrevivientes y su mensaje. No habrá discursos de políticos”. Pero, a la postre, en el mensaje de algún sobreviviente boca floja, ¿no se habrá colado el recuerdo de cuando el Ejército Rojo los salvó?

Los otanazis han resignificado en poco tiempo el concepto de vergüenza, o lo que es lo mismo, de su carencia total. Y en estos trumpistas días de desvergüenza, se hizo pública una entrevista del año 2024 a Pepe Mujica, en la que el expresidente manifestaba: “Putin es un hijo de p…”, agravio cuya magnitud no ha de desconocer el uruguayo. Pero no sorprende: para él, Maduro es/será un dictador y, sobre la guerra en Ucrania, siempre declaró que “ninguna de las partes quiso negociar”, afectando una especie de “pacifismo” que descalifica a agresores como agredidos por igual. Si las dos partes son iguales -se pregunta el periodista Victor Ternovsky- ¿por qué entonces no insulta también a sus patrones de la OTAN? Mujica es un grouchomarxista, de moral sesgada y, por desgracia, engaña todavía a muchas personas de buena fe, a las que hay que recordarles que no fue así, que Putin lleva décadas intentado negociar. El Pepe ha sido siempre notable para que lo cite la derecha cuando quiere ejemplificar que hay “zurdos buenos”, por su divulgado franciscanismo de la chacrita y el VW; y, para él, la única Rusia buena es la Rusia sometida, la que debe rendirse ante la OTAN. ¿Ignorancia o simplemente miente por arrastrado y mentiroso? ¿O le pagó la USAID para hablar mal de Maduro?

Recordémosle a Mujica y a esta parte del mundo que, hoy, el ariete principal en contra del fascismo es, mal les pese, el Ejército de Rusia. Abocado a esa tarea monumental, Putin no tendrá tiempo de contestarle a Mujica. Nadie que yo sepa lo hizo: lo hacen los misiles Iskander y los drones Geranios en el frente de Kursk.

29/07/2016

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