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La “fuga” es uno de los principales problemas que afecta a la economía contemporánea, íntimamente ligada al delito; tanto el narcotráfico, tráfico de armas, prostitución, juego ilegal, corrupción (el exsenador Edgardo Darío Kuider llevándose 200.000 dólares al Paraguay es un buen ejemplo) y la economía informal o “en negro”, que tratamos la semana pasada, son la fuente que la alimenta.
Según Tax Justice Nework (2021) hay en el mundo por año 483.000 millones de dólares en concepto de impuestos no cobrados, de los cuales 1.285 millones corresponden a nuestro país.
La economía informal representa al menos el 50% de la fuga y produce serios daños a la economía del país: 1- Quita al país recursos que son parte de su excedente económico y que deberían destinarse a la inversión productiva, fuente del crecimiento genuino de un país; en promedio representa aproximadamente el 20% de la inversión total; 2- Quita divisas al país, siendo una de las causas de la llamada “restricción externa” o falta de recursos externos para financiar el crecimiento, generando el continuo “pare y arranque” de la economía nacional; 3- Al originarse en la evasión impositiva le quita recursos al estado, afectando la financiación de la educación, la salud y las políticas tendientes a una mayor equidad social.
Sobre su causa, economistas como Paul Barán, Celso Furtado y Raúl Prebish han sostenido que se debe a las características del tercer mundo, con una mentalidad rentística de los apropiadores del excedente económico. Por su parte Eduardo Basualdo pone el acento en la puja distributiva y en el poder de coacción de las grandes empresas; Jorge Alemán califica este proceder como propio de una “lumpenburguesia” que está minando las bases de la economía capitalista. Independientemente de todas estas razones, de la experiencia histórica surge que, para quienes tienen capacidad de ahorro, los dólares funcionan como refugio ante la inflación y, por otro lado, que el neoliberalismo y la valorización financiera, por lo menos, facilitaron la fuga.
Según un informe de FLACSO-CIFRA (junio 2024) de Argentina entre 2002 y 2023 se fugaron de 260 a 370 mil millones de dólares, equivalente a medio producto bruto anual. En otro estudio de CIRFA, se calcula que el 20% de ese dinero está en cajas de seguridad y el resto en el exterior (por ejemplo, en “paraísos fiscales”) y del dinero en cajas de seguridad (o “bajo el colchón”) la mitad corresponde a ahorros de la clase media o de trabajadores de altos ingresos y la otra mitad tiene los mismos propietarios que el dinero remitido al exterior. El 90% de la “fuga” se debe a los ricos y a las grandes empresas transnacionales.
Históricamente, la forma principal fue la sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones y el manejo de los precios de transferencia dentro de las multinacionales. Posteriormente, por la instalación de mayores controles y de restricciones cambiarias, aparecieron nuevas partidas, como “servicios financieros”, “servicios de informática”, “regalías por licencia” y ”otros servicios empresariales” que llegaron al 7,4% de las importaciones en 2008-2011 y al 9,3% en 2012-2015.
En realidad, el impulso a la fuga en nuestro país tiene lugar a partir de 1976, cuando se inicia la etapa neoliberal de nuestra historia: (valorización financiera, desregulación, apertura económica, privatización de empresas públicas, flexibilidad laboral, fuga de capitales, aumento del endeudamiento público y privado). A partir de entonces ha sido una lacra permanente que afectó a todos los gobiernos. Mariano Barrera y Leandro Bona en “La fuga de capitales en la Argentina reciente (1876-2018)” publicado en Revista de la Facultad de Ciencias Económicas (dic. 2018) transcribe los siguientes datos de la “fuga”, calculado por el método residual, de stocks, del Banco Central:

Como se ve, en los períodos neoliberales la fuga ha sido mayor que en los períodos de políticas heterodoxas, lo que se repite en los años siguientes (en millones de dólares):

Según un estudio reciente de la Bolsa de Rosario la “fuga” durante el año 2024 (gobierno de Milei) sería de 12,000 millones que, según algunos autores, podría llegar a los 16.000 a 18.000.
La “fuga” de capitales requiere superávit comercial o deuda externa. De esto último el principal ejemplo es el préstamo de 45.000 millones de dólares tomados por el gobierno de Macri del FMI que, en gran parte, terminó “fugado”. Es decir, hay una clara correlación entre las dos lacras que afectan a las economías dependientes: la fuga y la deuda externa; en nuestro país entre 1976 y 2023 la “fuga” fue de 351.900 millones mientras la deuda externa creció 286.000 millones.
Una consecuencia del exceso de deuda externa (con la carga de intereses y amortizaciones) y la “fuga” es la escasez de divisas: el dólar como recurso escaso y la restricción externa que pone límites a las posibilidades de crecimiento económico. En particular la profunda crisis del 2001 y, de menor envergadura, la de 2008 obligó a los gobiernos a establecer controles y establecer prioridades en el uso de las divisas. Eso fue tildado por la derecha como “el cepo”, que Macri prometió sacar, cosa que cumplió, con lo que la “fuga”, sin controles, se duplicó y lo obligó a reponerlo. El actual cepo es el puesto por Macri. Milei, a su vez, lo calificó de “mamarracho que nunca debió haber existido” (Davos, 2025) y desde la campaña electoral viene prometiendo su eliminación, siempre postergada (ahora dice que será en el 2026), cosa que no va a ocurrir porque sabe que el efecto es un aumento de la “fuga”.
En el horizonte más o menos inmediato hay otra “fuga” masiva, que significará el fracaso final de la actual política económica: la inflación está casi controlada porque el dólar está planchado, en parte gracias a la “bicicleta financiera” (que llaman elegantemente “carry trade”): devaluación del dólar al 1% frente a una tasa de interés del 2,5%; es decir, una ganancia del 18% anual en dólares; cuando ese capital especulativo se vea amenazado y quiera volver al dólar verá que los dólares no existen; será el comienzo del fin de la actual experiencia neoliberal. Seguir con el mismo esquema requiere un nuevo préstamo del FMI y repetir lo de Macri: en resumen, patear la crisis para más adelante.
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