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Columnistas
12/03/2023

Catástrofe espiritual

Catástrofe espiritual | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El presidente ruso debería concentrar sus esfuerzos reflexivos en lo que mejor sabe, que es cómo enfrentar los designios hegemónicos - frecuentemente delictivos - de Estados Unidos en el mundo.

Juan Chaneton *

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La guerra que la OTAN preparó durante la década anterior y que decidió,hace un año y medio, lanzar contra Rusia sirviéndose de un gobierno títere que, a esta altura, no puede, sin las remesas del Banco Mundial, ni pagar los sueldos de la administración pública, dispara, todos los días, apreciaciones diversas a cargo de los actores involucrados. Unas veces, esas apreciaciones lucen razonables e hijas de la lógica y del conocimiento; pero otras, y por razones explicabes y justificables, tales opiniones (envueltas en una pátina de insólito puritanismo) resultan francamente alejadas de la verdad y del conocimiento acucioso de los hechos históricos y de la cultura que se pretende impugnar. Esto último, es lo que ocurre con ciertas conclusioes a las que arribó, en medio del fragor de una miserable guerra de agresión que sufre Rusia desde, por lo menos, al año 2014, el presidente de Rusia.

En efecto, en su último discurso, el martes 21 de febrero, sobre el estado de la Federación Rusa y pronunciado ante la Asamblea Federal, el presidente Vladimir Putin acuñó un concepto ideológico de evidente espesor semántico: "catástrofe espiritual" -dijo- para referirse a lo que expuso como un problema central de la civilización occidental.

Pero todo indica que el presidente ruso debería concentrar sus esfuerzos reflexivos en lo que mejor sabe, que es cómo enfrentar los designios hegemónicos - frecuentemente delictivos- de Estados Unidos en el mundo. Asimismo, Putin e un prestigioso líder de su pueblo, que cifra en él el deseo de persistir en el ser nacional eslavo, pues nadie como él está sabiendo a estas horas, cómo defender a Rusia de los propósitos destructivos de un gobierno estadounidense que, con la OTAN como instrumento, es la continuidad de Hitler por otros medios, o por medios semejantes, cuando de destrruir a Rusia se trata.

En cambio, nada fecundo tiene que decir Putin cuando la emprende contra los códigos culturales de Occidente. Esto ya lo hicieron, mejor que él, el alemán Marx y el ruso Lenín, de modo que guardarse entonces de opinar sobre lo que no se entiende del todo, sería lo óptimo si no se tiene nada mejor que decir.Aquellos númenes de los mundos nuevos, ya explicaron el origen de la familia, la propiedad y el Estado, y supieron decir que el matrimonio es, en las sociedades occidentales, antes que matrimonio, "sociedad conyugal" regulada por el derecho civil. Esto quiere decir que no hay en el sacrosanto matrimonio-devenido "sacramento" en las religiones al uso,-nada de sagrado y, en cambio,todo de interés mercantil;y la ecuación costo-beneficio es la relación base de esa unión "entre varóny mujer" ante la cual se inclina Putin como si fuera un invento humano noble y digno y no un mecanismo de entrenamiento enla sujetación social indispensable para que las sociedades divididas en clasesno colapsen a largo plazo y a causa deentropía fallida por exceso de in-put.En realidad, y así lo dijeron Engels, Marx, Lenín y otros:el matrimonio occidental es escuela de aprendizaje de cálculos y conveniencias.Es una variedad del contrato de compra-venta en cuyo marcose aprende a reproducir los códigos culturales que el capital necesita para grabarse a fuego, como ideología,en la conciencia de los individuos que luego expresarán el acto reflejo del egoísmo y el interés material como alfa y omega de sus existencias.

Hay ciertos temas que nunca han sido del interés del presidente ruso más allá de lo que le sugería su religión cristiana ortodoxaaprendida de apuro cuando las papas comezaron a quemarse, en un final siglo XX,en Dresde y en Moscú.Son comprensibles algunos de sus excesos conceptuales sobre ciertos tópicos en los que suele incurrir,puesél se vio enfrentado a un desafío descomunal y único en la historia de los desafíos que tuvieron que encarar, alguna vez,los líderes de pueblos sometidos aencrucijadas existenciales; ese desafío tomó la forma del instinto de supervivencia: para que la desaparición de la URSS no significara también la desaparición de Rusia y la humillación de los pueblos eslavos,el líder ruso tuvo que apelarala iglesia ortodoxa de su país como suministrador de argamasa ideológica unitiva que, de no existir, habría implicado la desaparición-en línea con el designio de los enemigos de Rusia-de la Rusia misma.

¿Nos hubiera gustado que las cosas transcurrieran de otro modo? Mala suerte...Las cosas no transcurrieron de otro modo. Transcurrieron así.

Acaba de hablar de"catástrofe espiritual", Putin. Pero esa catástrofe de occidente no consiste ni tiene como causa que los pobres curitas de aldea se "ven obligados a bendecir matrimonios entre personas del mismo sexo". Decir eso es una inanidad que sobrevuela la superficie de las cosas.La catástrofe espiritual de occidente (y de Rusia) es el matrimonio, no el matrimonio homogenérico. Y eso por las razones que ya esgrimieron Marx,Engels y Lenín, no porqueaquel matrimonio "entre personas del mismo sexo"noresulte del agrado del patriarcaCirilo.El matrimonio occidental es escuela de capitalismo, de cultura capitalista, de códigos sometidos a la ecuación costo-beneficio y donde el amor está subordinado, siempre, a consideraciones miserables. El matrimonio entre personas del mismo sexo, en occidente, y con ellola libertad más absoluta, insinúan derruir, hacia el ignoto futuro,lo que el capitalismo tiene de más sólido en cuanto a la reproducción de sus modos de dominación cultural.

No hay que ignorar que el capítulo de la ruptura de usos y costumbres en materia sexual y de género es, en la cultura occidental, extenso y, por cierto, bienhechor. Ello así, por cuanto, estos usos contestatarios nacieron comoreactivosoplo de libertad contra la enfermante sofocación judeocristiana del deseo sexual. Esa es su procedencia más remota. De modo que, cuando la mirada heterónoma advierte en el occidente de hoy, espacios de contestación a una moral pretendida como regla, allí, en esa contestación, lo que en realidad hay, es un residuo cultural que es continuación de luchas por la libertad que libraron los ancestros históricos de quienes hoy impugnan la regla sexista y heteropatriarcal. Cierta filosofíay cierta literatura,así llamadas licenciosas o libertinas, de los siglos XVII y XVIII fueron clandestinas y, muchas veces, anónimas. Y tuvieron que serlo, pues se debatían contra el poder teológico. El Tratado de los tres impostores, una obra de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, de autoría discutida y circulación clandestina, denuncia a las grandes religiones pues "han respondido al objetivo político de la dominación de los pueblos". Ahora bien, el poder teologal no sólo perseguía el libertinaje, sino también lo que nada tenía que ver con ello, esto es,toda norma de relacionamiento sexual entre los seres humanos que transcurriera por fuerade lo que hoy llamaríamos la norma Cis o heterosexual.

En todo caso, la catástrofe espiritual consiste, desde el fondo de la historia de occidente, en que la religión se ha valido del poder y no del amor para difundir su mensaje declarado como salvífico. Y, por eso, porque ha necesitado del poder, la religión cristiana se unió, tempranamente, a la política y se impuso mediante la barbarie sobre aquellos que pretendían pensar y expresarse libremente, conforme sus opiniones eran dictadas por el estudio y la reflexión. La catástrofe espiritual de occidente fueron las hogueras que evitaron a tiempo Copérnico y Galileo y que no pudieron evitar Tomasso Campanella yGiordano Bruno, éste que había diseñado su versión del inmanentismo panteísta, el mismo mundo que después diseñó Spinoza.

No es-como cree Putin- el matrimonio entre personas del mismo sexo una calamidad, ni una calamidad occidental.Esa calamidad, en todo caso,es el matrimonio,a secas, sea entre dos varones o entre dos mujeres. Ningún puto que se precie debería pretender casarse nunca, decimos nosotros, no Putin.Eso es como aspirar a ingresar enla cueva donde se aprenden las perversiones más abyectas y se naturalizan como ejemplo las hipocresias más ruines. El amor genuino es enemigo de la rutina y el tedio. ¡Qué perversión no se ha consumado en una familia fundada en el matrimonio! Pues la familia puede existir y persistir sin necesidad deesecontrato llamado "sociedad conyugal".Alcanza y sobra con grupos humanos donde el amor y el afecto incondicionales sean el espontáneo élan unitivo de esos grupos.

Putin debería saber que las catástrofes espirituales no son los ni las homosexuales;tal catástrofe es la homofobia que culmina en la muerte a golpes de un adolescente homosexual por el "delito" y la "culpa" de haber hecho su opción existencial.La catástrofe espiritual irrumpe, todos los días, en la sociedad civil,basta ver lo que ocurre tanto en los Estados Unidos como en Argentina y en cualquier país europeo, en Japón o en Suecia. Putin haría mejor en denunciar estas catástrofes espirituales y no las que le dictan las conveniencias de su alianza político ideológica con la iglesia ortodoxa de su país, por muy necesaria y comprensible que éstapueda resultar para que Rusia pueda enfrentar como unidad estatal ideológicamente homogéneaa los criminales que en occidente,gestionan los asuntos públicos y queúltimamemtese hanpropuesto borrrar del mapa a Rusia.

La izquierda y el progresismo no obnubilado por la emoción se enfrentan, en el mundo, a un dilemaque es, a un tiempo, problema teórico de la política y de la filosofía. Quienes mejor entienden la guerra actual entre la OTAN y Rusia y quienes, por ende, son los únicos que están ofreciendo soluciones a ese conflicto que salvaguarden la paz y, con ello, la subsistencia de la humanidad, son los líderes soberanistas, entre los cuales vienen mezclados algunos neofascistas como Orban y Trump. Sin contar con que, en Alemania, la izquierda nucleada en Die Linke y la derecha extrema de AfD (Alternativa para Alemania) coinciden, a estas horas, en exigirle al gobierno alemán de Olaf Scholz que defienda los intereses nacionales de Alemania yhaga algopara esclarecer los ataques terroristas que Estados Unidos,en tándem con Noruega, efectuaronsobre las tuberías de Nord Stream destruyendo los gasoductos.La contradicción y la dialéctica se dan la mano aquí, y no hay que huir de las encrucijadas teóricas sino salirles al paso tratando de resolverlas o, cuanto menos, de entenderlas.

Pues, ¿qué hacer cuando Orban o Berlusconi se oponen a la OTAN ¿Y qué cuando opinan sobre moral y códigos culturales El talento del político de izquierda (que en la Argentina luce esquivo) tiene la palabra. Pero deberá actuar, ese político, con la comprensión de la etapa histórica que le ha tocado vivir. Y así,si en el siglo XX la política estaba constreñida a los escenarios locales, hoy se ha desplazado hacia una espacialidad global en la cual la reivindicación nacional se constituye a sí misma como opuesto de la internacionalización que implica la globalización y por eso ésta encuentra resistencias bajo el formato nacional o bajo las tendencias centrífugas hacia las secesiones. La globalización genera caldo de cultivo para los experimentos facistoides.Operar con esa contradicción, y hacerlo de manera eficaz, es el desafío.

La globalización misma es la que prepara el escenario para una nueva clase de política y para un nuevo tipo de intervención política y ello porque “… hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción … y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo…”, como ya y de ese modo lo dijeron, en el siglo XIX,unos clásicos del pensamiento social.

El atlantismo neoliberal conduce a la extinción de la especie.En todo caso, otro aspecto de la "catástrofe espiritual" que Putin no menciona pero existe en modo relevante, es que los pueblos de occidente viven regimentados en un sistema político que le ofrece a ese pueblo, como opciones políticas, dos variedades del delito y el crimen: liberales otanistas o neofascistas trumpeanos del "America First".Frente a este dilema existencial, Putin(y Xi Jinping) dibuja su perfil, crecientemente, como alternativa posible a despecho de la demonización contumaz y cotidianaque sufre en la prensa occidental, aun cuando una parte de la humanidadyaha ido penetrando mejor con su mirada a través de la espesa bruma de la desinformación que difunden día y noche las cadenas mediáticas de occidente y que ocultan, sistemáticamente, el origen del conflicto que la OTAN libra a través de un gobierno títere en el límite mismo de Rusia-potencia nuclear-que es como decir en el límite mismo de la existencia de la humanidad. No se entiende bien todavía por qué las izquierdasno se ponen a la altura de la historia y las embajadas de Estados Unidos y la UE en todo el mundo no sufren el reclamo de las multitudespopulares que claman por la paz y por el derecho a vivir sin miedo. Los que quemaron niños con napalm y mintieron laexistencia de armas químicascomo pretexto para destruir países enteros, y se niegan a cerrar Guantánamo y a devolverle ese territorio usurpado a la repúblicadeCuba, son los que ahora pretenden decir quién viola los derechos humanos, quién es dictador y quién no lo es. ¡Deplorable tartufismo! Pero más deplorable es la inacción de las izquierdas en todo el mundo y el silencio de los inocentes, cierto progresismo...



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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