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Columnistas
18/09/2022

Cristina somos muchas

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Detrás del atentado contra Cristina, se esconden muchas situaciones de violencia política contra las mujeres en distintos ámbitos de participación que son invisibilizados.

S. Graciela Landriscini *

El atentado contra la vicepresidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, nos ha conmovido y estremecido a todos y todas. Lamentablemente, este hecho no es aislado ni novedoso, tampoco es sólo contra ella. Es también contra sus hijos, Máximo y Florencia, su madre, sus compañeras y militantes y contra todas las mujeres de todos los colores políticos que dedicamos nuestra vida a la acción política. Es un hecho que se encuentra inmerso en un entramado cultural violento del patriarcado y el neoliberalismo que debemos ponernos en acción para transformar.

Los ataques que sufre Cristina deben ser repudiados por ella, por el calibre de su liderazgo, pero debemos reflexionar y ponernos en acción porque son la punta del iceberg de lo que sucede en otros espacios políticos: detrás de lo que pasó el 1 de septiembre, se esconden muchas situaciones de violencia política contra las mujeres en distintos ámbitos de participación que son invisibilizados: en los concejos deliberantes de nuestros municipios provinciales, en la legislatura provincial, en el Congreso Nacional, en los comités, unidades básicas y casas de los partidos políticos, en los espacios de gobierno de nuestras universidades, entre otros.

También son parte del flagelo de la violencia política contra las mujeres a escala regional: así, uno de los casos más difundidos y estremecedores fue el de Marielle Franco, socióloga feminista, concejala de Río de Janeiro y militante de los derechos humanos que fue asesinada de cuatro balazos en la cabeza en marzo de 2018, cuando tenía tan solo 38 años. O el de Elisa Zepeda Lagunas (diputada local y activista de los derechos humanos de Oaxaca en México) que fue víctima de violencia política, atacada a golpes junto a su familia en 2004. Y que en el ataque fue asesinado su hermano, su madre resultó herida y su casa incendiada. En 2021,durante el proceso electoral en México, 35 candidatos y candidatas fueron asesinados, de los cuales 21 eran mujeres candidatas. No son hechos aislados, ni sólo hechos delictivos, son hechos políticos sistemáticos contra las mujeres, contra el incremento de nuestra presencia y participación en la vida política.

Anda a lavar los platos”, “Cuida bien a tus hijos, no dejarnos hablar e interrumpirnos, no participar de reuniones en donde se toman decisiones, definirnos y señalar cómo nos vestimos o las carteras que usamos, ser cuestionadas por nuestra apariencia física y nuestra vida personal y miles de calificativos negativos e insultos vinculados a nuestra condición de género, son los emergentes de la violencia simbólica que sufrimos cotidianamente las mujeres que participamos en política y que son el preludio de agresiones sexuales y ataques físicos. Sin embargo, son difíciles de identificar y desactivar, por ello debemos comprometernos y redoblar los esfuerzos. Según una encuesta realizada por ELA en 2018, el 73% de las mujeres encuestadas afirmó inicialmente haber sufrido violencia política por razones de género, pero luego al preguntarles, específicamente, por acciones concretas, el porcentaje aumentó al 82%. Esta diferencia, nos indica, dice el estudio, el grado de desconocimiento y de identificación del problema, incluso entre las mujeres que lo sufren.

Con posterioridad al atentado, el Congreso Nacional realizó sesiones especiales para repudiarlo. Si bien en la Cámara de Diputados-as logró aprobarse con acuerdo y votación de todos los bloques políticos, no sucedió lo mismo, lamentablemente, en la Cámara de Senadores-as en la que el bloque del Pro no participó. Esto es muy alarmante junto a que varios representantes intentaron minimizar el ataque como un hecho delictivo más o que no avanzarán los pedidos de sanciones para quienes se habían expresado violentamente contra Cristina después del ataque sufrido.

Hemos avanzado: junto a la ley de paridad de 2017, en nuestro país en 2019, se incluyó a la “violencia política”por razones de género en la Ley de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. También, se aprobó la Ley Micaela que estableció la capacitación obligatoria en todos los poderes y niveles del Estado y se comenzó con el proceso de capacitaciones en todo el país. Sin embargo, mucho queda por hacer, porque sabemos que con las leyes no alcanza.

Repudiar, denunciar, investigar, sancionar, promover espacios de sensibilización, de escucha y para compartir las experiencias son algunas de las acciones que desde todos los partidos políticos debemos comprometernos a promover y poner en marcha. Nos urge promover la elaboración de protocolos para la prevención, erradicación, sanción y reparación de la violencia política y discriminación por razones de género en los partidos políticos, en el Congreso Nacional, en las legislaturas provinciales, en los concejos deliberantes y durante las campañas electorales. Estamos frente al inicio de un nuevo proceso electoral nacional el año próximo, es una oportunidad para poner esta problemática en el centro de la agenda política.



(*) Diputada nacional por el Frente de Todos
29/07/2016

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