-?
 
 
 
 
Neuquén, Domingo 26 de Junio de 2022
8:50 PM
 
 
Columnistas
19/06/2022

Decime si exagero

Te pido perdón, pero te vuelvo a violentar

Te pido perdón, pero te vuelvo a violentar | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Esta semana el cantautor Gustavo Cordera liberó en su canal de YouTube el documental “La fábula del escorpión”, film complaciente en el que se posiciona como una víctima absoluta de una sociedad que lo canceló y no lo comprende. Verlo es un poco aburrido, pero está muy bien para comprender el espíritu de época.

Fernando Barraza

[email protected]

En la actualidad existe una suerte de porfía poderosa que pareciera empujar con mucha fuerza para que toda conquista de derechos, o toda militancia por la ampliación de los mismos que cobre popularidad y avance socialmente, caiga bajo el propio peso de la difamación de una opinión pública masificada que la desligitime o la convierta en un acontecimiento desdichado.

Y ojo, eh? No se trata de negar o no negar la posibilidad de hacer críticas constructivas a cada una de las expresiones o corrientes de militancia social. Hacer lecturas críticas de cualquier proceso es interesantísimo. Es más: es lo que ha hecho, hace y hará crecer a las personas y a las sociedades. No estaríamos hablando de eso, no. Aquí estamos hablando de que cada día se abre más y más la puerta de algunos totalitarismos y se trata de mantener firme una consigna: deslegitimar mediante la acusación odiosa. Destruir hasta que desaparezcan las ideas que no nos complacen.

Los movimientos por el ascenso social de las clases trabajadoras, los estados nacionales no neoliberales, los pueblos originarios de todo el planeta, los feminismos y los movimientos de militancia LGBTIQ+, por ejemplo, saben todo esto muy bien, porque sus logros y la consagración de sus derechos suelen ser desdichos, pisoteados, difamados y -en el mejor de los casos- ignorados. Cada día se libra para ellos una batalla contra la generación de un sentido común que lleva a que las masas los aborrezcan y los declaren enemigos.

Aseguro lo que aseguro en el párrafo anterior y por el rabillo del ojo ya veo un puñado grande de personas que dirán que esto es una exageración, o que no es así, pero en mi defensa digo que puede que estén situados en alguna de estas dos partes bien definidas:

A) Apoyan y están de acuerdo con la perpetuación de las injusticias que trae la estigmatización que el poder fáctico hace con todo aquello que no le es útil desde el servilismo más funcional.

B) Poseen una pereza social y un grado de alienación de los que no son capaces de despertar.

No es una acusación egocéntrica, más bien es un diagnóstico empático.

En días en los que -por ejemplo- las personas originarias suelen ser masivamente tildadas de terroristas, las personas que militan por equidad desde el mundo del trabajo (o la falta de él) son mostradas como vagas y oportunistas, los gobiernos que se salen del molde neoliberal aparecen en redes digitales de millones de personas como atrasados y déspotas que deben ser corregidos por la vía del escarmiento, las feministas son insultadas como si fueran sádicas nazis alimentadas por el odio y las diversidades son presentadas como les monstrues que llegan para deformar el idioma y la moral de una sociedad “bien nacida”; bien vale la pena detenerse a pensar con un poco de paciencia, conciencia y calma edificante de qué lado de este lío nos habremos de posicionar cuando todo se plantea de una manera tan maniquea.

Claro que esta propuesta -la del posicionamiento- no es para cualquiera, más bien es para aquellas personas que no tienen un miedo pueril de asumir que por cada idea (social, política, espiritual, filosófica, etcétera) siempre han habido, hay y habrá dos posiciones bien claras y definidas para interpretar casi todo lo que nos sucede y vivimos como personas y como sociedad.

Dicho está esto, como si fuera una aclaración, porque luego surge el discursito facilista de que en la vida no solo hay dos posiciones, que existen muchos matices para las cosas, que no todo en la vida es blanco o negro, que están los grises y demás frases de posteo cursi de coucher ontológico.

Lo cierto es que -guste o no- para casi todas las ideas (esas entidades mentales geniales que nos han traído hasta aquí como humanidad) SÍ existen posiciones polares y es MUY BUENO saber qué posición se escoge por cada asunto, es decir: cual de los dos polos está más cerca y concuerda con quien es uno, una, unx o une, decile como quieras. Una vez definido eso, que lleguen los matices, sí, sí, claro, pero antes de adorar esos matices, actuemos con franqueza y dejemos de repetir que el problema es la famosa “grieta”.

No, no, eso que todo este país llama “la grieta” por la gracia individualista y marketinera de Jorge Lanata (y me intriga mucho saber cómo le dirán en otros países, porque es un concepto de polarización global) no es más que una manifestación notable de una realidad innegable: existen lugares polares desde donde una persona y/o una comunidad pueden situarse para entender el mundo y luego actuar en consecuencia.

A esta altura de la nota usted dirá ¿Qué tiene que ver toda esta introducción, así de larga, con el documental sobre la carrera solista y la vida de Gustavo Cordera?

Pues mucho. Mire, vea.

La balada del pobrecito

“La fábula del escorpión” es un largometraje documental dirigido por el realizador audiovisual uruguayo Pablo Banchero que se estrenó en 2020 en el circuito de exhibición del vecino país y que ahora está liberado por su propio protagonista, Gustavo Cordera, en su canal de YouTube.

La película es un fresco complaciente que intenta dar cuenta de los pasos profesionales y de vida privada que el cantautor dio desde que dejó la agrupación Bersuit Vergarabat, en un momento en el que la banda tenía un nivel de convocatoria popular y rotación en los medios más que interesante.

Como se verá, la materia prima del film es atractiva, pues no solo es llamativo el proceso por el cual un músico elige distanciarse de un proyecto creativo colectivo que estaba dando muy buenos frutos, para comenzar a trazar un camino como solista, sino que aquí había un factor en la ecuación que podría haber convertido en algo único a este testimonio: estamos hablando de Gustavo Cordera, hombre de -por aquel entonces- 55 años que, en agosto de 2016, fue invitado por la Escuela de periodismo TEA a participar de una clase práctica en la que les estudiantes verían in situ cómo se pregunta en una conferencia de prensa. Una de las respuestas de Cordera incluyó el siguiente concepto: “hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente". Intentando continuar con una suerte de hilo argumentativo al respecto, también conceptualizó que era “una aberración” que no se pudiera “mantener un encuentro sexual con una menor de 16 años” si “ella lo deseaba”.

Quienes leen este portal de noticias recordarán el episodio en líneas generales y supongo que -a los fines de la comprensión de este texto- no necesitan que se refresque demasiado qué fue lo que sucedió inmediatamente después, de qué manera respondió la sociedad. Pero hay algo que sí conviene recordar: la respuesta fue primero una reacción popular y recién después llegó el tren de medios de comunicación haciéndose eco. Ese es un dato que bien vale la pena analizar, porque casi todos los temas que debatimos los pueblos, cara a cara o en nuestras redes digitales, suelen ser temas que nos proponen las empresas de contenidos mediáticos, y no al revés. Mas esto sucedió de manera inversa, y de la repercusión masiva de la gente a los dichos del cantante, los medios tomaron posterior posición. Algo como lo que sucedió con el caso María Soledad en 1990, o como pasó con el nefasto dos por uno de la Corte Suprema macrista, o como se dio el caso Santiago Maldonado en 2017, por nombrar solo tres acontecimientos en los que la sociedad decidió con su opinión activa y clara qué es lo que los medios debían tomar como noticia.

Este camino inverso al habitual es destacable, porque da cuenta de algo muy importante: la reacción de la gente responde a un espíritu de época al que se llega por algo que previamente se construyó de manera militante y colectiva. En este caso, el de Cordera, la reacción inmediata de la sociedad se dio porque hubo un recorrido visibilización de las problemáticas de violencia y desigualdad de género que los feminismos han trabajado durante -al menos- los últimos 25 años en la Argentina.

La sensibilización que lleva a una sociedad a repudiar una posición de violencia como la que manifestó el cantante en TEA (repentinamente y fuera de todo contexto, tal y como irrumpen siempre los abusos psicológicos o físicos) deviene de un proceso de lucha por ampliación de derechos. Los otros tres ejemplos citados más arriba también.

Por eso es bastante triste que, a solo cuatro años de acontecido aquello que movilizó las fibras de una sociedad entera, el director Federico Lemos decida entregar un fresco audiovisual donde Cordera se victimiza una vez más, se pasa casi todo el film diciendo de distintas maneras (algunas alegóricas, otras explícitas) que sufrió el desprecio y que eso es desmedido. Porque este es un film que busca poner en cámara solo los testimonios que dan cuenta de que Cordera es así: buenazo, es como un niño, es un soñador, es como un chico rebelde, es un tipazo que le brinda la oportunidad de brillar a músicos desconocidos, es un compañero y padre de familia ejemplar, es una persona sana de cuerpo y alma. En la película Gustavo Cordera es nada más que un personaje redimido que vive en un bosque, al lado del mar, corta su leña y cultiva la tierra, cuida el medio ambiente, canta con su compañera, reflexiona con amor sobre todas las cosas de la vida. Esa es la película que nos invitan a ver.

Ya desde el título

El título del film es una auténtica estafa, porque que hace alusión a la fábula por la que el escorpión le pide a la rana que le ayude a cruzar el río para no morir ahogado y en medio del cruce, en lo más profundo de la travesía, le pica el lomo, le descarga todo el veneno y cuando están ambos por ahogarse porque la rana agoniza pide disculpas diciendo que lo que hizo está en su naturaleza. Una alegoría perfecta de la justificación de la violencia.

Sin embargo lo que vemos en pantalla no se condice, porque lo que vemos es un recorrido complaciente y direccionado a la redención total de la persona que -en épocas en las que se intenta dejar atrás la brutalidad patriarcal y los femicidios devenidos del sometimiento machista- públicamente y frente a pibas y pibes de entre 18 y veintipico de años decide decir que a las mujeres les gusta que las violen. Esto es como ir a ver una película llamada “Dos pícaros adolescentes en apuros”, cifrar las expectativas en que uno reirá con los desaguisados de la parejita, y que la obra termine siendo “Romeo y Julieta”. Aunque en el caso del documental sobre Cordera la sensación se manifiesta exactamente al revés, claro.

El film peca de complacencia y no está construido con la inocencia naif que presume. Los testimonios sobre lo buena persona que es el cantautor son tajantes y rotundos. Aparte de las palabras de su banda y de su compañera, se buscó que hablen en cámara (y siempre bien) a un productor que laburó con él cuando decidió hacer su carrera solista, a un técnico de escenario que estuvo con él desde los días de Bersuit y a dos amigos personales suyos con buen predicamento social: Coco Sily y Mex Urtizberea. Los cuatro invitados -externos a su familia o su banda- hablan maravillas sobre Cordera, pero desaparecen como por arte de magia cuando, pasadas ya tres cuartas partes del film, llega el episodio de TEA, que solo se menciona de manera borrosa, en off, como si la gente estuviera obligada a saber o recordar perfectamente qué y cómo pasó todo. A partir de allí, la última parte de la película es una sucesión de capturas de declaraciones sueltas de periodistas que repudiaron e incluso insultaron al cantante por lo que dijo, mezclado con las declaraciones de defensa personal que su banda y su compañera efectúan. Casi sobre el cierre aparece nuevamente en cámara el mismísimo Cordera para ofrecer otra de sus disculpas públicas en las que confunde más de lo que aclara, porque todas las declaraciones al respecto que hizo desde 2016 han venido precedidas por este espíritu de “estuve mal, perdón, pero ustedes son injustos conmigo”. Decir que este es un comportamiento que funciona como patrón en las personas violentas, no es una novedad. Pues aquí, en esta película, vuelve a suceder eso.

Por eso aquí puede ser oportuna una reflexión que cierre este extenso artículo, y luego verán ustedes si ven o no ven este documental:

¿Por qué tras años de silencio Cordera -como gestor de su propio trayecto profesional- saca a la luz para que se vea masivamente este documental complaciente y simplista sobre sí mismo disfrazado de “yo vengo a ofrecer mi corazón”?

La respuesta a esta pregunta bien puede ser: porque intenta resurgir profesionalmente tras el rechazo masivo de una sociedad que le dijo que no a su naturaleza violenta, y para eso necesita mostrarse como un ángel, sin importar qué fue lo que haya hecho al decir lo que dijo en público.

Pero la otra respuesta que subyace como contestación a esa pregunta da cuenta de otra cosa: Cordera se anima a mostrar esta obra maniquea y hasta pueril sobre su figura porque hay un viento de cola que se lo permite, y es el que se mencionaba al principio de esta nota, aquel que se para en público y desprecia los procesos críticos y las militancias de derechos como si fueran nocivos, o una exageración sin sentido. Ese viento de cola viene soplando fuerte, y para que esta reflexión que estoy haciendo no suene a idea descabellada, basta con ir y leer un grueso de comentarios al pie del video en YouTube, donde muchas personas desconocen y desprecian el sensato rechazo masivo que la sociedad hizo a los dichos de Cordera y lo deja todo en un supuesto asunto injusto, desmedido e irracional capitaneado por feminazis odiantes. Con esta reacción de manual, cargada de violencia simbólica disfrazada de empatía, el discurso odiante sigue acusando de odiador al que no piensa como él.

¿Ven?: es el espíritu de época abriéndole paso a una película deshonesta, que llega para lavar la cara de una persona que pareciera que nunca va a asumir lo que hizo, qué es lo que generó aquello que dijo y que aun hoy justifica.

¿Es Cordera un demonio que debe estar preso y cancelado por siempre? No, por favor. Eso es demasiado simplista y totalitario.

El Tribunal Oral Federal 7, que lo procesó por “Incitación a la violencia colectiva”, lo sobreseyó en 2020, pero no por considerar que no hizo lo que hizo (por favor, que nadie se agarre de ese discurso) sino porque tuvo en cuenta un informe final de la Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal que dio cuenta de la incorporación de Cordera al régimen de asistencia y supervisión con entrevistas de seguimiento sobre este tema durante años, porque dictaminó que dejó de "hacer declaraciones públicas que explícitamente promuevan, naturalicen o legitimen la violencia sexual contra las mujeres o que configuren violencia simbólica en los términos de la ley 26.485", porque consideró que intentó pedir disculpas claras en sus redes personales en reiteradas oportunidades y también realizó el seminario “Masculinidades y Femineidades en la Intersubjetividad” dictado por el Centro de Estudios sobre Masculinidades y Género" de Montevideo. Así que el discurso de odio contra Cordera, desatendiendo todo lo que se vio desde que dijo las barbaridades que dijo siendo quien es, representando lo que representa, tampoco es una solución.

Pero tampoco chuparse el dedo...

Si tenemos en cuenta que Cordera no es el demonio, ¿qué significaría, como se haría, de qué manera se podría perdonar a Gustavo Cordera por haber promovido verbalmente el abuso a mujeres en años en los que millones de personas se plantean que estas violencias deben desaparecer de la humanidad? Es una buena pregunta, pensemos y discutamos su respuesta. Trabajemos con la garra y las ganas militantes de siempre, contagiemos el pensamiento de construcción por la ampliación de derechos que siempre hemos tenido, con altibajos pero de manera constante. No odiemos, porque eso lo hacen ellos.

Ahora: sacar una película así de maniquea para tratar de solucionar este entuerto, es algo completamente insultante. Ponete las pilas Cordera, dejá de repetir el cliché del violento, este jueguito de “te pido disculpas pero sos mala, no me merezco esto”, porque aunque el viento de cola te lo permite, sí, pero en algún momento hay que dejar de ser así de machito...

Dejo la película aquí abajo, quien quiera ver, que le de play. Vos vela, y después... ¡Decime si exagero!

29/07/2016

Sitios Sugeridos


Va con firma
| 2016 | Todos los derechos reservados

Director: Héctor Mauriño  |  

Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite

[email protected]