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Columnistas
08/05/2022

Quien siembra vientos

Quien siembra vientos | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Es urgente que los disconformes no se expongan como los primeros críticos del gobierno y los oficialistas atiendan aquello que se les atribuye como déficit y traten de conciliar.

Osvaldo Pellin

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Internas encarnizadas y persistentes obstáculos en el flujo institucional del quehacer político, son manifestaciones ominosas para el sistema democrático nacional. Una especie de abuso en la natural tolerancia de todo sistema.

Si bien estoy lejos de la intención de pontificar, la situación política se presenta como muy propicia para hacerlo. El gobierno nacional de Alberto Fernández corre el peligro de ser olvidado en pleno ejercicio de su poder constitucional. Hay una vieja picaresca de la política que dice “no te muestres tanto como para que te corten la cabeza, pero no la escondas en demasía como para que te olviden”.

El problema ya no pasa por las medidas que podría tomar el gobierno en consonancia con sus compromisos preelectorales, que igual son muchas las que se le reclaman. Está bien que algunas están fuera de toda factibilidad, pero otras aparecen tan flagrantes que pareciera que se imponen afrontarlas por su propio peso.

En descargo de esas omisiones digamos que hasta ahora, la oposición ha sido irreductible, generando un desvío para el sistema democrático que pareciera que a la alianza opositora no le importara nada del destino del pueblo argentino. La oposición está sembrando la discordia hacia el futuro porque tarde o temprano, si piensa volver a ejercer el poder político, se tendrá que enfrentar a una minoría que recordará este tiempo de hostilidades y que probablemente piense en devolver golpe por golpe y materializar en los hechos una réplica de la conducta obstruccionista que hoy manifiesta a todas luces la oposición de la alianza Pro.

De ese modo, como ahora, no habrá consensos y primarán los disensos, no habrá debates y prevalecerá la discrecionalidad, no habrá estado de derecho y seguirá prevaleciendo lo que se insinúa como el nefasto gobierno de los jueces. En síntesis, la mala voluntad hacia el diálogo que propone hoy la alianza Pro, siembra tempestades por los violentos desacuerdos que aquella supone en el futuro y se llegará a la conclusión que, como ahora, así, no se podrá gobernar.

Volviendo brevemente a lo que el gobierno popular deja de encarar políticamente, pareciera que cuando se insinúa un obstáculo no intenta superarlo sino que mansamente se convence a sí mismo que debe evitarlo. Si para algunos la política es un conflicto que nace naturalmente del cambio, para el gobierno popular es solo gestión y solo gestión cuando hay posibilidades concretas de que terminen exitosamente, de lo contrario no se asumen.

Se le reprocha además que de esa forma dilapida un capital electoral que pertenece al kirchnerismo, que ve venir una derrota electoral que fatalmente lo arrastrará. De allí el riesgo que se insinúa para el FdT, que va más allá de las fuerzas que la componen, las involucra a todas.

Resulta urgente que los disconformes no se expongan como los primeros críticos del gobierno y los oficialistas atiendan aquello que se les atribuye como déficit y traten de conciliar.

Si esta tormenta llega al día de las elecciones del  2023 es fácil presumir un panorama de fragmentación que en segunda vuelta termine siendo una ruleta rusa de funesto resultado.

Los parlamentos se han creado para que cada cual diga lo que estime corresponder y serán los líderes los que de última acercarán con arte a las partes, siempre y cuando no se traicionen los objetivos que en algún momento de la historia los acercó y les hizo una unidad.

29/07/2016

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