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Entrevistas
18/04/2021

Bernarda Llorente

“Si el Estado está ausente, la comunicación la regulan empresas privadas”

“Si el Estado está ausente, la comunicación la regulan empresas privadas” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La presidenta de Télam habló de la reconstrucción de la agencia devastada por el macrismo. Destacó que “tres o cuatro empresas privadas que son las grandes digitales en el mundo” terminan regulando la comunicación, cuando el tema debería ser resorte de los parlamentos y la ciudadanía.

Marcelo Pascuccio y Héctor Mauriño

Frente a las fake news y la infodemia informativa que ponen en riesgo la salud de la población amenazada por el Covid, la presidenta de Télam, Bernarda Llorente, destacó que en el mundo ante la ausencia del Estado la regulación de la comunicación “se está quedando en manos de tres o cuatro empresas privadas” internacionales, cuando en realidad “las regulaciones las tienen que hacer los parlamentos, los Estados y la ciudadanía”.

Entrevistada por Radio Nacional Neuquén en el 76 aniversario de Télam, la periodista politóloga y exitosa productora de contenidos, habló entre otras cosas de la difícil reconstrucción de la agencia devastada por el macrismo y de la repercusión alcanzada por la plataforma Confiar en desenmascarar las mentiras sobre la pandemia.

-Al cumplirse 76 años de la fundación de Télam estábamos pensando en el papel fundamental que cumple la agencia en este tiempo, frente a tanta infodemia.

-Fundamental y desde antes también. Cuando uno ve la historia de la agencia, en los últimos años, con el macrismo, lo único que intentaron fue desactivarla pensando que iban a la par con un proyecto político con los medios hegemónicos. Y también cuando uno ve la historia de estos 76 años, ha sido obviamente parte de la historia de la Argentina. Siendo una agencia estatal sufrió mucha censura y también fue vocera de muchas fake news, un concepto que aparece ahora.

-Estamos hablando de las fake news, de la desorientación que provocan los grandes medios con sus mentiras, con sus tergiversaciones, desde la agencia crearon una plataforma que se llama Confiar. ¿Cómo ha estado funcionando y qué acogida tuvo de parte del público?

-Funcionó muy bien. Nosotros la iniciamos apenas empezó la pandemia, porque a Argentina llegó después que en otros países, y en algún sentido teníamos lo que solemos denominar “el diario del día después” acerca de lo que se llamó la “infodemia”, que es la pandemia informativa que empezó a circular con más éxito a partir del virus, y pudimos tener los mecanismos como para intentar aplacarla. Antes, los periodistas entendíamos que “desinformación” era falta de información, pero ahora apareció un fenómeno nuevo que justamente es la cantidad de información que es tóxica, que circula pero que no es precisa. La infodemia se trata de eso. Por un lado hay noticias falsas que tienen toda la intencionalidad, y cuando uno analiza hay intencionalidades políticas, económicas, incluso de rating. Las últimas con (intencionalidades) claramente políticas. Pero también hay una gran desinformación a partir de poca rigurosidad en lo que se reproduce. Por el contexto, por chequear la información, y sobre todo por un fenómeno nuevo y desconocido como fue al principio el Covid-19 y que hoy vuelve a serlo. La mala noticia es que con la pandemia circularon muchísimas informaciones falsas. La buena noticia es que la gente fue a las fuentes. Y Confiar funcionó muy bien porque se sintieron seguros. En momentos en que está en riesgo la salud física y la salud mental, la gente tiende a informarse con información respaldada. Y un poco en eso consiste Confiar, volver a las fuentes más autorizadas, volver a las voces científicas, a los que saben.

-Usted recibió la agencia, cuando terminó el macrismo, prácticamente desmantelada. A pesar de una larga resistencia de los trabajadores de Télam, habían echado a casi 400 personas, se llevaron los elementos técnicos, estaba vaciada esa empresa estatal. ¿Cómo ha sido el trabajo de reconstrucción en este año largo en que usted está al frente?

-Y habían hecho también una agencia paralela con poca gente. Mire: la verdad es que cuando hacemos un balance de ese año largo, estamos más que satisfechos. Télam estaba destruida en lo profesional. Me acuerdo que el primer cable (de noticias) que intentamos hacer, y era supuestamente una primicia, tardó doce horas en ser publicado. Funcionaba como una maquinaria completamente oxidada. Hoy Télam publica cables más o menos cada minuto y medio, para que tengan una noción de lo que es la producción de una agencia nacional de noticias. Pero también lo que estaba muy deteriorado era el tejido interno. Télam era sinónimo de lo que había hecho el macrismo en la sociedad. En términos del tejido social interno, en términos de los compañeros de trabajo, y también la falta de entusiasmo obviamente, existía una gran apatía. Habían puesto los trabajadores y trabajadoras mucho impulso en la lucha, en resistir, y eso también implica desgaste. Creo que hoy logramos, primero, recomponer la agencia desde lo edilicio, no imaginan ustedes lo que eran los edificios… y junto con eso recomponerla profesionalmente en su dinámica. Pero creo que lo más importante es que logramos recuperar el orgullo de las trabajadoras y trabajadores de volver a trabajar en Télam. La mística, la función, porque también fue un ninguneo grande (del macrismo) sobre los medios públicos y su función. Entonces, gran parte recuperó el entusiasmo, y también recuperó el orgullo y la dignidad de su función, no solo como periodistas sino también como ciudadanos.

-La agencia presenta muchas novedades, sobre todo en el campo audiovisual, pero también en el hecho de que Télam está hoy abierta a todo el público. Es decir que no solo es un intermediario con los medios, sino que cualquier persona puede acceder a la información de Télam a través de su portal. Esta es una apertura muy importante.

-Sí. Nosotros intentamos hacer eso en momentos, además, donde muchos medios se cierran. Muchísimos medios están en ver cómo sobreviven en un cambio de paradigma mediático, e incluso muchas veces se cierran si no tenés suscripción, si no pagás, etcétera. Siempre pensamos desde Télam que una de las funciones fundamentales, y sobre todo en esta sociedad de la información y en esta coyuntura de un periodismo tan desvirtuado, tan poco apegado a la verdad. De la posverdad se viene hablando hace tiempo y la verdad dejó de ser un valor. Y la verdad tiene poco que ver con el compromiso y con los puntos de vista o con la postura que podés tener, y todos tenemos, frente a la vida, en la política, en la mirada de país, en la construcción de un modelo de sociedad. Tiene que ver con un debate ¿no?, a partir de un periodismo mucho más serio y un periodismo de calidad, y a partir de ahí dónde te parás en el debate. Y el debate no significa distorsionar los números o mentir, sino que nosotros creemos que una sociedad bien informada es una sociedad con mucha más capacidad para ejercer su participación y su ciudadanía. En la pandemia, empezamos a dar un servicio gratis porque es un apoyo, creemos, grande para los medios, en especial para los más chicos, y también para los grandes, para todos los medios del país. Y también es muy importante la elaboración de contenidos digitales porque son los más caros para elaborar. Por eso es una contribución grande. Hoy ser una “cablera” escribiendo un texto no es suficiente. Lo que intentamos hacer fue una reconstrucción de Télam no a partir de lo que había, con cuatro años atrás que en un medio son muchos, sino básicamente una agencia con visión de futuro. Así que estamos haciendo eso, construir una Télam digital, una Télam capaz de hablarle a los distintos sectores, capaz de utilizar los distintos lenguajes y las distintas herramientas.

-Usted que tiene una larga experiencia como productora de contenidos en la televisión privada, con éxitos de mucha repercusión, que es periodista pero también politóloga, ¿cómo se siente a nivel personal y como mujer al frente de una agencia de noticias que es pública?

-Me siento con muchísima responsabilidad. Es la primera vez que trabajo para el Estado, y me siento con muchísima responsabilidad porque básicamente lo que seamos capaces de hacer cada uno de nosotros en el lugar donde estemos, es el proyecto que vamos a construir. Uno siente muchas veces que lo más fácil es mirar la realidad desde afuera. Bueno: cuando gestionás te enfrentás a las propias limitaciones, por ejemplo institucionales, y bueno, imagínese el momento de la pandemia, que nos agarró a los tres meses al gobierno (nacional) y los gobiernos, después de haber asumido. Pero lo que siento, con toda la experiencia acumulada, siento que el Estado incluso en términos estrictamente periodísticos y de contenidos, el Estado también tiene que ser vanguardia. Ser pluralistas o diversos no es meter una voz de izquierda, de derecha, de centro. Es también poder meter las representaciones sociales, poder tener los discursos que están silenciados, los que no aparecen, también poder poner otros protagonistas y también poder poner otras agendas. Cuando pensamos en los 76 años de Télam y cuando lo creó Perón se trataba de eso. Las grandes agencias de noticias terminan imponiendo las agendas. Y cuando uno mira hoy la realidad mediática, no solo son las grandes agencias y la concentración mediática que hay en el mundo sino también la concentración mediática que hay en Argentina. Poder ampliar con otras agendas, es también poder ampliar el debate y las miradas.

-Hay una vieja discusión pero que se renueva, atento al modo de trabajo de la concentración mediática. Había un ex funcionario que decía “algo hay que hacer”, porque una cosa es dar una opinión diferente y otra cosa es mentir o atentar contra la vida de la gente si es que alguien decide hacer campaña contra las vacunas, por ejemplo. ¿Cómo se encuentra ese límite sin afectar la libertad de expresión?

-Para mí, tenemos que tener menos miedo. Después de haber discutido durante años una ley de medios, que quedó ahí parada, que se suponía que tenía sus fortalezas y debilidades pero que el gobierno de Mauricio Macri la paró con un decreto, ahora hay como demasiado miedo de hablar de cualquier cosa. Y la verdad es que los medios, y ustedes lo saben como periodistas, los medios siempre hemos sido regulados porque somos un bien público. El asunto es cómo regulás. Un medio de comunicación no puede hablar de determinadas cosas. En la televisión, supongamos, no podés mostrar a una persona consumiendo drogas, o no podés mostrar un suicidio, o tenés que respetar el horario de protección al menor. Ahora culturalmente también sería bueno que se respetaran algunos lenguajes, que no fueran ofensivos ni estereotipos, etcétera. El problema es que esta regulación, frente a la ausencia del Estado, se está quedando en manos de tres o cuatro empresas privadas que son las grandes digitales en el mundo. Hasta (la canciller de Alemania) Angela Merkel dice “pongámonos en serio”. Y las regulaciones las tienen que hacer los parlamentos, tienen que venir de los Estados y de la ciudadanía también. No es una cosa o la otra. Porque si no terminamos regulados, y algunos piensan que estamos mejor, porque Facebook o Twitter, después de haber creado un monstruo o de ayudar a crear un monstruo como (Donald) Trump, esas empresas deciden unilateralmente no difundirlo más.

29/07/2016

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