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Capítulo I: El paratexto del concierto
Una sensación para comenzar: la sociedad líquida actual aborrece lo imperecedero, lo que vence al tiempo. Tantos años de machaques post-modernos ha llevado a la masa multitudinaria a desconfiar de las cosas que no se discontinúan, a oler con recelo lo que no se marchita, a desmerecer a los clásicos, a dejar de posar la vista para revisar que nos antecedió. Por el contrario, desde el poder se alienta a todas y a todos a vitorear las “nuevas” e instantáneas versiones de lo que sea. Desde la “clase política” hasta los celulares, todo se celebra si ese todo es una versión de algo “actualizado” que llega para reemplazar a “lo que está perimido”. Este pensamiento hegemónico tiene anclaje en la desmemoria, que es el mejor negocio que ha encontrado el neoliberalismo para no dejarnos ser libres.
Subversivamente, para ser libre, tenés que tener en ejercicio activo la memoria de lo que pasó.
Bueno, ésta reflexión, escupida con un poco de desprolijidad, bien podría ser un preámbulo y lo que explique por qué el concierto de los 50 años del disco “Almendra” pasó inadvertido para la mayoría de los habitantes de este país, siendo que ya son tres las generaciones -urbanas, rurales, donde sea- que le deben un montón a cada una de las canciones grabadas en este disco.
¿Un evento de este tipo debería haber sido transmitido en vivo para todo el país a través de la Televisión y la Radio Pública? Y, sí...
El CCK, bajo la dirección de un gestor piola, como lo es Gustavo Mozzi, puso a disposición todo como para que se produzca el evento, es cierto, y con esto hay que dejarle un fuerte apretón de manos al dire, que desde las épocas de MIA (Músicos Argentinos Independientes) tiene un norte para cada cosa que encara. Y más fuerte ha de ser ese apretón de mano para Mozzi, porque surfear un puesto como el suyo en aguas macristas -y esto corre por cuenta de quien firma esta columna- no ha de ser muy grato. Gustavo, pareciera, intenta sobrellevarlo. Baste leer una nota por demás tendenciosa que le hicieron en La Nación hace casi dos años para darse cuenta cuales son las presiones con las que tiene que lidiar este hombre. Y en este punto de la reflexión paremos, porque es aquí donde entra a tallar lo malo de lo que pasó, o mejor dicho “no pasó” con la realización de este concierto homenaje a “Almendra”:
El concierto no se transmitió por ningún medio público, ni en ninguna de las redes sociales de ningún organismo estatal.
La explicación, entonces, se encuentra si uno entra a la página oficial del CCK donde, mucho antes de toparnos con el nombre de su director, encontramos el de Macri, el de Michetti, el de Lombardi y el de Gabriela Ricardes. Los tres primeros nombres son bien conocidos por todxs ustedes, sobre su afán de hablar mal del pasado (desconocerlo y desdecirlo) no hace falta hablar demasiado. A Ricardes quizás haya que presentarla un poco: funcionaria a cargo del Teatro San Martín en el 2013, autorizó el ingreso de la policía para reprimir y tirar gases lacrimógenos a trabajadorxs del teatro que estaban llevando a cabo una propuesta. Ese mismo año autorizó que el primo Nicolás Caputo hiciera obras de refacción por 700 mil dólares en el teatro. En sus tres años de gestión en el Teatro viajó 22 veces a Europa y Canadá. Por todo esto fue ¿premiada? con la Secretaría de Contenidos del Sistema Federal de Medio Públicos.
¿Un tandem de este tipo transpiraría la camiseta para convertir este concierto en un suceso cultural nacional? No, dejá, no contestes…
Mejor vamos al concierto.
Capítulo II: El concierto

A cincuenta años de la aparición del disco Almendra, de la banda homónima, la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto realizó el miércoles pasado un concierto de homenaje a una de las placas discográficas más grandes de la música popular argentina: “Almendra”, de Almendra.
Del gran concierto sinfónico que se planteó participaron los ex integrantes del grupo: Emilio Del Guercio (bajo y voz), Rodolfo García (batería y voz) y Edelmiro Molinari (guitarrista y voz), más la presencia álmica infaltable del Flaco Luis Alberto Spinetta que -como todos sabemos-está en todas partes y en todo lugar de nuestra cultura, sobre todo si su obra está sonando en vivo. Este caso, no fue la excepción. Poniéndole voz a lo que alguna vez cantó Luis Alberto, aquella noche del miércoles estuvieron los solistas Mariana Bianchini (fundadora de la mítica agrupación Panza, escritora cuentista y cantante solista) y Rubén Goldín (el cantautor rosarino que todxs conocimos en la banda de Baglietto durante la primavera democrática de los 80’s). Aportó un color especial en el escenario, la Compañía Nacional de Danza Contemporánea dirigida por Margarita Fernández

La experiencia orquestal contó con dos pilares fundamentales, por un lado el director Mariano Chiacchiarini (un tipo que brilló en Suiza, Rusia, Francia, y Alemania, que en 2016 dirigió el Concierto en China, que fue elegido evento del año y que -entre otros premios- ganó el Echo Musikpreis, diríase el Oscar de la música para orquestas).Por otro lado tenemos a la persona que realizó la curaduría, los arreglos y las orquestaciones para que todo brille en la noche, en este caso el Maestro Juan “Pollo” Raffo (entre otros miles de pergaminos: premio Konex de platino a la música popular como máximo exponente de la década 2005-2014 en la disciplina “Instrumental/Fusión”). Entre los dos, le dieron un toque sinfónico que por momentos tuvo anclajes en la estética de los arreglos orquestales que solían hacerse allá por los últimos años de los sesentas y el principio de los setentas (años riquísimos en el que la tradición de Jorge López Ruiz, mezclándolo con las tendencias actuales de arreglos al servicio del rock. En este tema el “Pollo” es un verdadero especialista ya que ha arreglado cuerdas y orquestaciones para Baglietto, Soda Stereo, León Gieco, Los Piojos, Divididos, Fito Páez, Vox Dei, Pedro y Pablo, Moris, No Te Va Gustar y una larga lista de etcéteras que trascienden estéticas y generaciones dentro del planeta Rock Argentino.

Si bien, a esta altura del partido, el orden del disco editado por la banda del flaco en 1969 ya tiene un lugar conceptual anclado en el alma y la mente de varias generaciones, los responsables de este espectáculo homenaje decidieron subvertir la aventura original en el orden de canciones para trabajar los climas a su manera, así, donde todos esperaban una apertura apoteósica con “Muchachas ojos de papel”, tal y como está en el lp, la cosa en el CCK comenzó con “Laura va”
El viaje continuó con una versión bien jazzie, muy alla Stan Kenton de “Que el viento borró tus manos”, continuando con el sincopado y maravilloso “A estos hombres tristes”, cantado por Rubén Goldín, volviendo al tono intimista y de profusos arreglos de cuerdas en la inmortal “Plegaria para un niño dormido”, donde Mariana Bianchini realmente brilló…