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Informe Especial
12/05/2019

Carta, elecciones y consensos

Macri no tiene quien le escriba

Macri no tiene quien le escriba | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El gobierno impulsa un conjunto de acuerdos básicos que le permitan retomar la iniciativa, convertir al ajuste en un camino inexorable y compartir sus fracasos. La oposición rechazó el convite, pero enfrenta el desafío de transformarlo en una prenda de unidad.

Daniel Hernández

El presidente Mauricio Macri y sus colaboradores más cercanos están convencidos de que para ganar la pelea hay que ocupar el centro del ring. Quedarse en un rincón aguantando la andada de golpes que propinan la realidad económico-social y la oposición es una derrota segura, aunque se pueda evitar el nocaut.  

Con la imagen del presidente en caída libre y el sueño de la reelección cada vez más lejano, desde la Casa Rosada se propusieron estabilizar el barco primero y marcarle una dirección después. Lo hicieron desde la política, tantas veces subestimada, y cuando el temporal arreciaba con un dólar que no paraba de subir y una inflación a punto de quedar fuera de control.

La convocatoria a las fuerzas políticas, corporaciones empresariales, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil difundida la semana pasada para firmar un acuerdo de “consensos básicos” que garanticen la gobernabilidad y lleven calma “a los mercados” es el último movimiento de otros tres que los precedieron con idéntico fin: rescatar la figura de Mauricio Macri en procura de su reelección.

Así el oficialismo tuvo que acordar con la conducción del radicalismo abrir la fórmula presidencial para octubre y un paquete de medidas económicas para paliar los efectos del ajuste; con el FMI financiando hasta fin de año y una nueva política para intentar contener el dólar (y por extensión la inflación); y con los formadores de precios un congenlamiento de 64 productos considerados escenciales, además de frenar hasta fin de año los aumentos de las tarifas del transporte y de los servicios públicos.

Los diez puntos que el gobierno quiere ahora hacer firmar a la oposición forman parte del mismo camino, si es mucho decir de una misma estrategia: colocar al presidente en el centro del ring, recuperando la iniciativa política y haciendo que todo gire en torno a él, y a sus imposibilidades. Sin embargo, una cosas es el deseo y otra alcanzarlo.

Puede fallar

En la Casa Rosada imaginaron que la sorpresa del golpe era la condición del éxito. Filtraron a algunos medios nacionales los diez puntos del acuerdo, entre los que se destacan cumplir con los acreedores externos, la independencia del Banco Central y las reformas laboral y previsional. También con quién lo firmarían: la oposición reducida al denomidado “peronismo racional”, en el que contabilizaban a Alternativa Federal.

Pero a la hora de dar el paso al frente solo lo hicieron el senador Miguel Angel Pichetto y, en menor medida, el gobernador Juan Manuel Urtubey. Así las cosas, el gobierno tuvo que convertir el contrato de adhesión en una carta convocando al diálogo, ampliar los destinatarios bastante más allá del “peronismo amigo” y prometer que además de estampar la firma se puede opinar sobre lo que dice arriba.

Qué gana el gobierno con el cambio: tiempo. Y mantener la discusión sobre las “políticas de Estado” en el centro del debate público todo lo que se pueda, en desmedro de las malas noticias de la economía. Si consigue algo más, está por verse.

La decisión de aislar a Cristina Kirchner, hoy convertida en la principal adversaria electoral que tiene el oficialismo, deberá esperar. Tanto que el gobierno se vio obligada a convocarla, dejando la pelota a media altura y peligrosamente cerca de la red.

También la ilusión de que alguien, además de las cámaras empresarias, estampe su firma para decir que el ajuste, el endeudamiento y las políticas del FMI son el único camino posible, en un mensaje para el establishment de adentro y de afuera, pero también para el ciudadano de a pie, que debería aceptar que sus penurias son tan inevitables como ver salir el sol cada mañana.

Una carta cada vez más larga

Si Mauricio Macri pensó que después de su misiva recibiría respuestas elogiosas estas no llegaron, salvo las mencionadas de las camaras patronales. Al igual que el coronel de la novela de Gabriel García Márquez, el presidente no tiene quien le escriba dándole buenas noticias. En cambio, abundaron las críticas y los cuestionamientos, a tal punto que en el gobierno empiezan a sentir alivio cuando encuentran el buzón vacío.

"El presidente sigue sin hacer autocrítica. No se hace cargo de su fracaso, no reconoce las consecuencias de sus decisiones y políticas. Lleva 1.245 días como presidente de todos los argentinos, no puede no hacerse cargo de nada", dijo en su respuesta, también por escrito, Sergio Massa, a quien durante mucho tiempo en el gobierno anotaron en el bando de los “racionales”.

El precandidato presidencial por Alternativa Federal reclamó además un programa de transición, que es lo mismo que decir que el gobierno ya no podrá revertir su caída.

El ex Jefe de Gabinete pidió "un compromiso que fije el rumbo de los próximos 5 meses” para acordar “un programa de transición que nos ayude a salir de esta profunda y grave crisis en la que estamos inmersos".

Además, dejó en claro que si la Casa Rosada creía que la misiva podía dividir a la oposición también puede unirla. "Me reuniré con representantes del resto de las fuerzas políticas, sindicatos, organizaciones sociales y organizaciones empresarias con el fin de concertar una respuesta conjunta a su carta y definir una agenda consensuada que sea mayoritaria en la sociedad y en el Congreso", concluyó el líder del Frente Renovador.

Quien tampoco se quedó atrás en las críticas fue Roberto Lavagna, a quien tanto el gobierno como el establishment contabilizan entre los candidatos que pueden garantizar cierta continuidad con el proceso iniciado en 2015.

En su carta al presidente, el virtual candidato presidencial dijo que los consensos no deben ser “mediáticos” ni “electorales”, y se permitió tocar ahí donde el gobierno busca generar más certezas: el pago de la deuda externa.

El ex ministro de Economía consideró que “la enorme deuda tomada en los últimos tres años” requerirá “de un proceso serio de alargamiento de las fechas de vencimiento de lo adeudado con el FMI”.

Además evaluó que “sería positivo que el gobierno, aprovechando sus relaciones con el FMI, sea quien, de forma inmediata, inicie un proceso que le de sostenibilidad a la deuda”.

Si algo le faltaba al gobierno para ver diluir sus esperanzas en torno al peronismo fueron las palabras del diputado nacional y presidente del Interbloque Argentina Federal en la Cámara de Diputados, el salteño Pablo Kosiner, para quien “la etapa de Macri está agotada”.

El legislador que responde a Urtubey acusó además a Macri de dar "por sobreentendido, a través de operaciones mediáticas, de que había acuerdo cerrado, cuando lo único que había era un listado de temas a discutir.

Con K de kilo

Desde el kirchnerismo, la respuesta quizás más original llegó de parte del diputado nacional Máximo Kirchner, quien le propuso al presidente reducir los puntos a discutir de diez a cuatro.

“El primer punto es desayuno todos los días, el segundo punto es almuerzo todos los días, el tercer punto es merienda todos los días y el cuarto punto, cena todos los días”, ironizó el legislador.

En tanto, Alberto Fernández consideró “imposible que Cristina firme este acuerdo” y recordó que “todo empezó con Macri tratando de hacer una picardía y dividir la oposición”.

Para el ex jefe de Gabinete, “lo que quieren firmar es un disparate, entonces Massa y Lavagna se negaron y a Macri no le quedó más que convocar a Cristina. Convoca a la iglesia, a los sindicatos y a los empresarios para minimizar la presencia de Cristina”.

Por su parte el ex secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli, recordó que “Cristina siempre se ha sentado a hablar con todo el mundo” y no descartó que “se junte a hablar con Mauricio Macri”.

Sobre el acuerdo dijo que “piden opinión sobre políticas públicas que implementaron durante tres años y llevaron al fracaso a la Argentina. Parece que quisieran arrastrar al resto”.

La propuesta tampoco logró seducir a la Iglesia Católica, que pidió una "agenda abierta" y una "convocatoria amplia", ni al movimiento sindical en todas sus vertientes, que considera la mención a la creación de trabajo en un "mundo laboral moderno" como un eufemismo de flexibilización y precarizacion del trabajo.

En fin

A pesar de las marchas y contramarchas, y del escaso entusiasmo que despierta la propuesta, el gobierno va a insistir con la iniciativa. Entre otras cosas, porque sabe que a menos de dos meses de inscribir los candidatos que participaran de las PASO la realidad no le ofrece muchas variantes.

Con el ministro de Interior Rogelio Frigerio intentando sumar por lo menos a los gobernadores, la Casa Rasada insistirá en colocar al diálogo y a la validación de sus políticas en el centro de una agenda pública que lo tiene a la defensiva y sin buenas noticias. También en compartir sus fracasos. 

Sin un formato definido para la implementación del diálogo, desde el oficialismo reconocen que esté se concretará a través de reuniones bilaterales y con los que se pueda, ya que hoy por hoy nadie imagina una foto con todos los convocados.

Confian además en que la recepción generosa que la iniciativa tuvo en la mayoría de los medios de alcance nacional ayude a disimular ausencias y deserciones.

La oposición, en tanto, estuvo rápida de reflejos al rechazar el convite primero y en convertirlo en una posibilidad de confluencia después. Es aquí, sin embargo, en la falta de unidad opositora, donde está su mayor desafío. Y la esperanza del gobierno.

La oposición no le dará la foto que quiere el presidente. Por un lado, porque no va a convalidar una política impopular y a la que atribuye el actual estado de cosas. Por otro, porque le daría a Macri un capital simbólico que por si mismo no pudo conseguir.

Hasta en el oficialismo reconocen que el primer mandatario tuvo que estar apremiado por la magnitud de la crisis para buscar acuerdos. No ya con la oposición sino con sus propias aliados, algo que seguramente recordarán los radicales que quieren abandonar Cambiemos en la definitoria convención partidaria del 27 próximo.

¿Hasta cuándo insistirá el gobierno con una iniciativa que ya sabe que no tendrá la amplitud que necesita? Hasta que parezca mucho más de lo que hoy es. O hasta que la inflación y los vaivenes del dólar le den el respiro que necesita para llegar con algo de aire a octubre. Cuestiones sobre las que, por cierto, pocos se atreven a hacer pronósticos alentadores.

29/07/2016

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