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17/10/2021

La enmienda

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El oficialismo municipal ha impulsado acuerdos con otros sectores enderezados a conseguir sus objetivos, lo que no constituiría nada reprochable si no fuera porque para alcanzar esos acuerdos en algunos casos se distorsionaron los objetivos originales.

Héctor Mauriño

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A siete días del referéndum sobre la enmienda de la Carta Orgánica de la ciudad surgen más dudas que certezas respecto de esta iniciativa del gobierno municipal que ha sumado a su leitmotiv original -la eliminación de las elecciones cada dos años- cambios sobre aspectos disímiles, que se votarán como una unidad pero que nada tienen que ver entre sí y que son sometidos a consulta popular bajo una metodología cuestionable, más allá de que haya sido convalidada por una mayoría importante del Concejo Deliberante.

Por un lado, el cambio convocante parece justificado al cabo de un cuarto de siglo de vigencia de la Carta Orgánica. La renovación por mitades del Deliberante cada dos años se ha demostrado contraria a las minorías y favorable a los hegemonismos, además de un factor de perturbación de la actividad legislativa que se ve sustraída cada dos años del pleno desarrollo de su actividad específica.

Es un hecho que con el esquema actual para ser concejal hacen falta más votos que para ser diputado provincial y la elección cada dos años también complica el funcionamiento del Ejecutivo, que es puesto a prueba en su gobernabilidad a mitad de mandato.

Existe desde hace años un cierto consenso entre la mayoría de las fuerzas políticas con representación en la ciudad sobre la necesidad de eliminar la elección bianual y si no se hizo hasta ahora fue en primer lugar porque se dio por descontado que para hacerlo hacía falta convocar a una convención constituyente y como se sabe ningún gobierno ve con buenos ojos compartir su gestión con otro poder soberano.

En este como en otros temas, el actual intendente ha procedido conforme a una hoja de ruta que busca ganar consenso político acometiendo los cambios y transformaciones vistos como necesarios por la mayoría de los vecinos, pero que no hicieron sus antecesores -fundamentalmente Horacio Quiroga- porque no pudieron o no quisieron.

En ese contexto, el oficialismo municipal ha impulsado acuerdos con otros sectores y fuerzas políticas enderezados a conseguir sus objetivos, lo que no constituiría nada reprochable porque acordar es esencial a la actividad política, si no fuera porque para alcanzar esos acuerdos en algunos casos se distorsionaron los objetivos originales.

Un caso fue el del Rincón Club, una usurpación largamente tolerada protagonizada por un sector privilegiado, que resultaba agraviante para el resto de los vecinos y a la que el intendente le puso solución a través de un acuerdo convalidado por los concejales. Sin embargo, y sin perjuicio de que lo mejor es enemigo de lo bueno, aunque resolvió el problema el acuerdo en cuestión constituye admite nuevos privilegios, como pasar al dominio privado una calle pública.

En la misma sintonía, la ordenanza de la enmienda tiene como aspecto positivo que busca poner fin a un tema que se demostró en los hechos que no funcionaba y nadie se animaba a cambiar, pero avanza sobre un tema crucial como es la duración del mandato de los concejales cuando la actual Carta Orgánica reserva el cambio de los temas de fondo para una convención constituyente.

No sólo eso, la ordenanza establece que de resultar aprobada la enmienda los concejales que salgan electos tendrán por única vez un mandato de dos años, lo cual es poner el carro delante de los caballos, porque los ediles que resulten electos en la elección del domingo lo serán por la Carta Orgánica original que consagra mandatos de cuatro años y no de dos.

Además, la Carta actual establece que en los asuntos sometidos a referéndum resultaran aprobados por simple mayoría si concurre a votar más de la mitad de los electores. Como la ordenanza fijó un acto electoral único para concejales y enmienda, el proyecto se asegura ese porcentaje desde el vamos, algo que podrá llevar la firma de los dos tercios de los concejales pero no resulta democrático.

La otra cuestión es que en el referéndum se van a votar por sí o por no una cantidad de temas tanto o más controvertidos que la renovación bianual del Deliberante, como por ejemplo la duración de los mandatos de los organismos de control, la paridad de géneros o derechos de las personas con discapacidad, cuando se trata de cuestiones que nada tiene que ver entre sí. En todo caso, lo mejor hubiera sido confeccionar un listado de los temas para que los ciudadanos voten uno por uno por sí o por no.

Por último y para no abundar, esta enmienda ha sido llevada a la justicia por un sector de ex convencionales constituyentes que la considera inconstitucional, el Tribunal Superior de Justicia aún no se ha expedido sobre el particular y es casi seguro que lo hará después que los vecinos hayan votado.

Cabe pensar que tanto el Ejecutivo municipal como los concejales que aprobaron la ordenanza evaluaron que, de aprobarse la enmienda, la justicia antes de anular un hecho consumado respaldado por los votos se vería en la alternativa de mirar para otro lado. No suena muy prolijo.

29/07/2016

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