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06/10/2019

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Coplas | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

“Según me brotan las coplas”, el primer disco de Gabriela Centeno, se presentará en Teneas, (Leguizamón al 1700 de Neuquén capital) el próximo 12 de octubre a las 21.30, con la participación del sexteto de músicos que acompañó la grabación. Abrirán el concierto Celia Eymann y Juan Burton.

Gerardo Burton

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Entre las palabras suenan semillas como si se mecieran dentro de una caña; por momentos parece que es el viento de la primavera que raspa con su ritmo el techo metálico. Pero afuera el aire está calmo, y no hay semillas todavía. Es dentro de la canción donde suceden estas cosas: es en la vidala donde la pobrecita sombra busca su rumbo. La voz de Gabriela Centeno no se detiene, enlaza una canción con la siguiente. “Según me brotan las coplas”, el disco que va a presentar en una semana, recorre en once temas un itinerario musical que funciona como un manifiesto, como un canon encubierto que le permite decir dónde está y desde dónde canta esta mujer nacida hace tres décadas en Cinco Saltos.

“Tienen que ver con la tierra, con el camino, con las mujeres, con la vida”, dice de sus canciones ante la ventana del bar donde ocurre la charla. Explica que el trabajo con “Según me brotan las coplas” supone una suerte de culminación de su labor en los escenarios y en las peñas, en esos conciertos en vivo con los que recorre la Patagonia y también provincias del norte. La grabación es un proyecto nacido hace dos años y expresa la confluencia de músicos de la región y del país en un virtual sexteto reunido en un estudio para acompañar una voz que homenajea el cancionero popular. 

Son canciones que ella ha cantado en público, como solista y en distintas formaciones, y configuran un paisaje diverso, un mosaico de imágenes visuales y auditivas que se apoyan en la poesía de las letras y en el aire que sostiene la música: están, entre otras, Donata Suárez, el poema del Tata Herrera con música de Juan Falú; Viejo corazón, de Polo Jiménez, también autor del tema que designa al disco: “andaré, andaré/pero allá volveré” repite el estribillo coplero y la canción oscila entre la tristeza melancólica y la alegría pícara. Es como si Gabriela Centeno relatase la existencia de mujeres y hombres del pueblo anónimos que pretenden seguir siéndolo, sin ninguna otra pretensión que cantar en paz los grandes temas de toda poesía: el amor, el dolor, la vida y la muerte situados en una tierra determinada, desde la perspectiva de una mujer que anda sus propios caminos. 

Recuerda que su relación con la música comenzó cuando era chica y su abuela paterna, con la que vivió hasta los cuatro años, cantaba baladas de los , un grupo del sur de Chile que comenzó su trayectoria a finales de la década de 1960, y del folklore latinoamericano. Le enseñaba a recitar poemas que tenía un cuaderno con sus canciones. Su abuela las interpretaba con su papá en reuniones familiares y de amigos. Fueron su primera y acaso principal influencia. Todavía recuerda cuando, a los seis años, escuchó a los Manseros Santiagueños en un programa de televisión. Esa experiencia resultó fundante cuando decidió optar por el camino que había entrevisto con sus abuelos: la música podría llegar a ser su forma de estar en el mundo. Recuerda cuando cantaba con su abuela materna, que vivía en una zona rural en la costa del Colorado: “íbamos a visitarla y allí había guitarra, acordeón, se bailaba cueca, todo ese mundo que ahora estamos descubriendo”. El recorrido comenzó con uno de los primeros discos de Soledad, que escuchaba sin cesar: fue a buscar los autores de esas canciones, a aprender su música. Y así, empezó un itinerario que transitó la obra de Mercedes Sosa, Juan y Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, que “son los artistas que más me han conmovido”.

Hizo el camino convencional: tuvo su primera guitarra a los nueve años; cantó en las celebraciones escolares, en bailes y en fiestas familiares. La canción estaba siempre cerca: siguieron las reuniones y las peñas, y luego los actos solidarios. Era el complemento que cada vez ocupaba más espacio, más tiempo, mientras estudiaba ingeniería química. Hasta que fue lo único necesario en su vida, ya no había alternativa. Quizás la decisión de abandonar todo y dedicarse exclusivamente a la música fue una primera bisagra: canto lírico en el Instituto Universitario Patagónico de Artes en General Roca primero, la Escuela de Música en Neuquén después y su opción por el folklore y la música popular latinoamericana. La incorporación al circuito de cantantes y músicos regionales como intérprete y como gestora de encuentros, seminarios y espectáculos definió la década siguiente.

Ahora, Gabriela Centeno habla de su relación con las canciones, de su trabajo sobre la música y la letra, de sus “decisiones estéticas”. Por ejemplo, en su versión de Vidala para mi sombra, alarga los versos como si la misma sombra se alargara, desperezándose en la melodía. Y cuenta que en algunos temas frasea acompañando a la flauta traversa, se refiere al  trabajo sobre el texto, y dice que también “son decisiones, en unas canciones priorizo la rítmica y en otras, el decir”. En Vidala para mi sombra y en Jujuy mujer, “que canto desde hace años, tuve la oportunidad de investigar y conocerlas bien, entonces, cuando grabé, la letra estaba ya incorporada”. Primero es necesario conocer la canción, explica, “después escuchar muchas versiones, después conocer la historia, quién la escribió, en qué contexto. A (Julio) Santos Espinosa –autor de Vidala para mi sombra- lo consideraban medio loco, con una relación muy especial y estrecha con la muerte, entonces eso aparece en sus composiciones. También me interesa conocer la historia de la canción e ir a los lugares” donde fue compuesta. 

Hace dos años empezó el trabajo del disco con el guitarrista Nicolás Leiva. Tras definir los temas, Leiva le enviaba los arreglos desde Buenos Aires, donde está radicado. Entre ellos, fue el de Luna de los guitarreros, de Chacho Müller, un tema no incluido en el listado original y que él sugirió y la cantante adoptó de inmediato. Durante el proceso, se encontraba con Leiva cada quince días. A esta altura, el proyecto del disco estaba prácticamente listo: ya habían hecho contacto con los músicos y sabían que grabarían en Estudios ION.  El orden de los temas estuvo a cargo de , una cantante chilena a quien Gabriela Centeno reconoce como maestra e inspiradora, a tal punto que su influjo está en la vuelta de tuerca con que interpreta el repertorio de Violeta Parra. Un ejemplo en este disco: Run Run se fue p’al norte. Precisamente, de los arreglos que hizo Leiva, dice que el más difícil fue el de esta canción, “porque la música se reitera la letra tiene muchas variaciones. El arreglo costó porque Violeta Parra le escribe al amor y al odio a la vez en las canciones. En ésta, ella habla del amor y después del odio porque el tipo se va, le escribe cartas y le miente”. Y sintetiza, en algún momento de la charla: “quiero estar cómoda en el decir, que la música me acompañe en lo que digo”. Gabriela Centeno y la cantante y chelista Celia Eymann, que en estos años ofrecieron conciertos como dúo, son discípulas de Ancarola, con quien toman clases al menos una vez al año. La formación es vocal, se acompaña con caja y bombo e interpreta coplas anónimas, muchas de ellas recopiladas por Leda Valladares. Centeno también integró un dúo con el guitarrista Juan Burton. 

Grabar en Buenos Aires fue una decisión, cuenta, “porque todos estábamos en simultáneo, tocando en vivo” sobre la voz de referencia que había hecho ella. “No quería que graben de a uno por pista porque se pierde la chispa de la realidad. Por eso fue la decisión de grabar en Buenos Aires, para hacerlo en un estudio que pueda contener a un sexteto”. Así, buscaron los músicos sesionistas, grabaron en tres días a razón de once horas diarias. Dice que contrataron “los mejores músicos, gente que yo admiraba. Todos y todas los que están en el disco yo los admiraba musicalmente”. Y pone como ejemplo a algunos: Juampi Di Leone es flautista de Acaseca;  Horacio Cacoliris es percusionista de Quique Sinesi y Alberto Rojo; Carolina Cajal es contrabajista en la cantata con Juan Falú el quinteto Bataraz; Christine Breves es violinista en orquestas de tango. Una vez que les envió los arreglos se pusieron de acuerdo y en diciembre empezó el proceso de mezcla, que finalizó con la participación del propietario del estudio, Osvaldo Acedo pues Gabriela no podía viajar por la conclusión del ciclo lectivo. Así, Acedo le dijo “déjame ver qué puedo hacer; hizo dos cosas y me mandó la mezcla y me gustó. Le pregunté qué había pasado y contestó ‘si convencí a la Negra Sosa cómo no voy a hacerlo con vos”.

“Según me brotan las coplas” se presentará en TeNeAs, en Leguizamón al 1700 de Neuquén capital el próximo 12 de octubre a las 21.30. Abrirán el concierto los músicos Celia Eymann y Juan Burton como presentadores, y luego cantará Gabriela Centeno acompañada por los músicos que participaron de la grabación del disco. 

 

Ficha técnica:

Según me brotan las coplas, de Gabriela Centeno

Producción fonográfica: Gabriela Centeno

Arreglos y dirección musical: Nicolás Leiva

Músicos:

Carolina Cajal, contrabajo/Christine Breves, violín/Juampi Di Leone, flauta traversa/Horacio Cacoliris, Percusión/Santiago Arias, bandoneón/Nicolás Leiva, guitarra.

Grabado en ESTUDIOS ION, julio de 2018/Mezclado por Leo Chechia/Fotografía Marianela Baggio – Veo Luces/Arte gráfico, Noé Gaillardou.

Apoyo del Inamu (Instituto Nacional de la Música)

29/07/2016

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