“Según me brotan las coplas”, el primer disco de Gabriela Centeno, se presentará en Teneas, (Leguizamón al 1700 de Neuquén capital) el próximo 12 de octubre a las 21.30, con la participación del sexteto de músicos que acompañó la grabación. Abrirán el concierto Celia Eymann y Juan Burton.
Entre las palabras suenan semillas como si se mecieran dentro de una caña; por momentos parece que es el viento de la primavera que raspa con su ritmo el techo metálico. Pero afuera el aire está calmo, y no hay semillas todavía. Es dentro de la canción donde suceden estas cosas: es en la vidala donde la pobrecita sombra busca su rumbo. La voz de Gabriela Centeno no se detiene, enlaza una canción con la siguiente. “Según me brotan las coplas”, el disco que va a presentar en una semana, recorre en once temas un itinerario musical que funciona como un manifiesto, como un canon encubierto que le permite decir dónde está y desde dónde canta esta mujer nacida hace tres décadas en Cinco Saltos.
“Tienen que ver con la tierra, con el camino, con las mujeres, con la vida”, dice de sus canciones ante la ventana del bar donde ocurre la charla. Explica que el trabajo con “Según me brotan las coplas” supone una suerte de culminación de su labor en los escenarios y en las peñas, en esos conciertos en vivo con los que recorre la Patagonia y también provincias del norte. La grabación es un proyecto nacido hace dos años y expresa la confluencia de músicos de la región y del país en un virtual sexteto reunido en un estudio para acompañar una voz que homenajea el cancionero popular.
Son canciones que ella ha cantado en público, como solista y en distintas formaciones, y configuran un paisaje diverso, un mosaico de imágenes visuales y auditivas que se apoyan en la poesía de las letras y en el aire que sostiene la música: están, entre otras, Donata Suárez, el poema del Tata Herrera con música de Juan Falú; Viejo corazón, de Polo Jiménez, también autor del tema que designa al disco: “andaré, andaré/pero allá volveré” repite el estribillo coplero y la canción oscila entre la tristeza melancólica y la alegría pícara. Es como si Gabriela Centeno relatase la existencia de mujeres y hombres del pueblo anónimos que pretenden seguir siéndolo, sin ninguna otra pretensión que cantar en paz los grandes temas de toda poesía: el amor, el dolor, la vida y la muerte situados en una tierra determinada, desde la perspectiva de una mujer que anda sus propios caminos.