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Columnistas
16/09/2020

Zona desfavorable para trabajadores rurales

Zona desfavorable para trabajadores rurales | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El personal de la producción avícola cobra 10% por “zona”, pero el de la actividad frutícola no cobra nada. Los productores se oponen a que haya un pago, sin advertir la caída del modelo de producción y comercialización imperante.

Julián Alvarez *

En el último mes, varios medios de comunicación informaron que los trabajadores rurales reclamaron un porcentaje adicional a sus sueldos, por trabajar en condiciones adversas provocadas por el clima patagónico de temperaturas extremas. Investigando sobre el caso pude saber que muchas actividades los contemplan en sus salarios básicos. Los empleados petroleros, camioneros, gastronómicos, etc. Los empleados estatales de las provincias patagónicas cobran el 40% de adicional por zona, y en algunos lugares algo más. El personal de trabajo en casas particulares (servicio doméstico) cobra un 25% por zona desfavorable. Los jubilados cobran también el 40% de adicional. Y son diferencias importantes con otras zonas del país. Pero los trabajadores rurales cobran un adicional por zona del 10 % solamente los de la producción avícola. Los de la producción frutícola, NO.

La zona desfavorable que se define principalmente por las inclemencias climáticas más críticas que en otras regiones del país (tanto en invierno como en verano), contempla el costo de vida, siempre más alto en las provincias patagónicas.

Pero aquí lo que está en discusión no son números fríos, sino si los salarios son dignos o el mercado siempre los castiga y la conclusión son: “Es que no cierran los números” y “La actividad debe seguir porque vivimos de eso”. A esto tendríamos que agregar “¿Y cómo viven los trabajadores rurales?”.

Haciendo averiguaciones pude constatar que un trabajador medio trabajando promedio 22 días al mes, y cobrando en el mejor de los casos entre 1.700 pesos y 2.200 pesos por día de bolsillo, en un trabajo generalmente por tanto, como la poda, donde si hay heladas muy intensas o llueve no trabaja ese día y no cobra, puede obtener entre 37.400 pesos y 44.400 pesos de bolsillo por mes. De acuerdo a datos del INDEC, en junio una persona necesitó 43.800 pesos para no caer bajo la línea de pobreza. Por lo tanto podemos inferir que los trabajadores rurales están al borde la pobreza y cayendo permanentemente en ella. Y con estos salarios precarios, los empresarios montados en la búsqueda de competitividad y de lograr mejores productos pretenden un trabajo de calidad. Entonces podemos decir que es justo que los trabajadores rurales pretendan un aumento significativo en sus ingresos, y para este caso acuden a la “zona desfavorable” con toda razón. 

Ahora vayamos a los pequeños y medianos productores frutícolas. Que son en nuestra región los que llamaron a un tractorazo para el día 16 de setiembre. Y según dice la noticia es “contra la zona desfavorable”. Como si la zona fuera a convertirse en un espacio de clima templado agradable para trabajar siempre al aire libre si alguien satisface sus reclamos. Debería decir “Contra el pago de un porcentaje de adicional por zona desfavorable a los trabajadores rurales de la región”.

Dicen estos productores que si tuvieran que pagar el porcentaje en concepto de zona que se estipula en el proyecto de ley, serían “costos inaccesibles”. El análisis es de libre mercado: “Los costos son altos, los precios bajos, entonces no lo podemos pagar y nada más”. Y salen a decir eso con su tractorazo. El análisis es sectorial. Al otro sector, que son los trabajadores, ¿qué les queda por hacer? ¿Trabajar igual bajo la línea de pobreza? ¿Solicitarle al Estado que les pague el adicional por zona desfavorable? ¿Ir al paro por tiempo indeterminado con medidas de lucha duras que sabemos en el sector rural rara vez tienen efecto? Están atados de pies y manos, y saben que finalmente hacen la que históricamente el Dios Mercado les ha asignado desde hace unos cuantos años: vivir en la pobreza. Y los productores creen que así van a poder salir del derrumbe en que se encuentran. 7.000 hectáreas abandonadas o semiabandonadas y casi todas de ese sector de pequeños y medianos productores, con 800 productores activos (con Renspa actualizado) menos, de los 2.300 que había en el 2014.  El 35% menos en 5 años. Caída del 40% de las exportaciones. Caída del consumo interno de frutas a 4Kg/hab por año cuando hace 20 años era 10 y se llegó hasta 13. 

Y ya es casi inapropiado atribuir a tensiones entre los sectores, propias de la puja de intereses. Ya se trata de los últimos estertores de un modelo agroexportador, que si bien parecía exitoso desde mediados de los sesenta hasta los ochenta, hoy muere irremediablemente. ¿Por qué muere? Porque ningún modelo es sustentable cuando el esfuerzo siempre cae sobre los sectores más débiles y empobrecidos: “los trabajadores” y “los pequeños y medianos productores” que van saliendo del sistema.

Los que decíamos hace diez años, que el que se resquebrajaba era el modelo, éramos y somos tildados de idealistas utópicos, o socialistas, o peronistas, o Kirchneristas, o montoneros como dijo alguien a la salida de una reunión. Los realistas, los equilibrados, los racionales, los encumbrados en el pedestal de los negocios, atribuían todo a los malos gobiernos, a la macroeconomía, a la perdida de la cultura del trabajo, al sindicalismo, a las excesivas cargas fiscales, al Estado, a los políticos etc. Sin advertir que el mercado internacional en el cual intervienen gran parte de nuestros productos agropecuarios y entre ellos las frutas, nosotros no lo manejamos, ni lo podemos intervenir. La apariencia de libre mercado global es en realidad un mercado regulado y manejado por las grandes corporaciones y por los países más poderosos de la tierra. Además de las circunstancias climáticas. Por eso, lo que nos queda por hacer es intervenciones fronteras para adentro, crear modelos sustentables que neutralicen los efectos destructivos de los mercados cuando se limitan o cierran para proteger la economía de sus naciones. 

Y este nuevo modelo debería aparecer en las demandas del tractorazo. Planteando que los pequeños y medianos productores, y los trabajadores rurales y del empaque, solicitamos que nos convoque el gobierno nacional, con la participación de los gobiernos provinciales, para ir delineando un nuevo modelo nacional productivo y comercial sustentable, para que no tengamos que enfrentarlo los excluidos o casi excluidos del sistema, como en este caso con el adicional por zona desfavorable. Y proponer en forma coyuntural y como inicio de una forma nueva de abordar el problema en sintonía con el esbozo de un nuevo modelo, un porcentaje por ejemplo del 30% para los dos primeros años, donde un 15% lo aporte el Estado y un 15% los empleadores, para llegar a un 50% dentro de 4 años. Todo esto con el avance en 4 años en nuevas formas de comercialización de la fruta entre pequeños y medianos productores y empacadores exportadores, en asociación de productores, para dinamizar y hacer crecer el mercado interno significativamente a través de la economía popular y desconcentrada, de industrializar los excedentes más allá de los jugos concentrados, para crear el consumo interno de esos derivados de la fruta a niveles populares, etc. 

Obviamente si todo estuviera medianamente bien y esto fuera nada más, como dije, cuestión de intereses en pugna, no hubiese escrito esto. Pero como todo está muy mal en esta actividad, me atribuyo el derecho de soñar para tener una esperanza. 



(*) Julián Álvarez - Ex secretario de Fruticultura de la provincia de Rio Negro (2012-2014). Integrante del Grupo Belgrano. Militante del Frente de Todos.
29/07/2016

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